Domingo, 25 de Octubre de 2026
Nacional

Hablemos de televisión: temor en pantalla

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 23/10/2026.

¿Cuál es la función social de los medios de comunicación de masas ante catástrofes o temporales? Sin duda, informar sobre predicciones, cálculos y pronósticos responsables, sin exagerar ni minimizar los riesgos o amenazas, y con el propósito claro de no alarmar, provocar caos ni atemorizar a la población.

Informar con mesura y objetividad exige preparar guiones, textos y despachos en vivo, con atención principal en datos y teorías que se aparten de especulaciones y de provocaciones alarmantes que afecten el desarrollo normal de la vida en las ciudades.

Muy lejos de esa realidad está la televisión chilena, inmersa en una competencia vergonzosa y desleal por sucesos lamentables que transmite de manera insistente y exagerada como dramas que apelan al morbo y al sensacionalismo ante los telespectadores.

Los “rostros” de la televisión se esfuerzan por orientar a reporteros y “movileros” para conseguir testimonios catastrofistas, dramas humanos, despertar compasión y otras emociones hasta las lágrimas. Ante la falta de imágenes, se recurre a mostrar charcos y acumulaciones de agua de lluvia como “inundaciones” de otra magnitud.

Las entidades estatales están legal y legítimamente destinadas a prevenir y enfrentar este tipo de situaciones, pero tienen el deber de comunicarlas de forma oportuna y veraz, sin aceptar recomendaciones gubernamentales tendenciosas y políticamente reprochables para una sana convivencia con la ciudadanía. La televisión termina, en estos casos, entregando una basura sensacionalista y, además, con un sesgo exageradamente centralista, como si no existiera el resto del país no afectado por las lluvias o el viento.

Difícilmente un televidente desprevenido gastará su tiempo en observar hechos ocurridos a miles de kilómetros de distancia, como ocurre con transmisiones de acontecimientos que se desarrollan en Santiago, pero cuya importancia disminuye hasta Aysén, Pozo Almonte, Punta Arenas o Porvenir.

No obstante, Santiago es la principal ciudad neoliberal del país, con un alto grado de segmentación social, donde proliferan campamentos, rucos y poblaciones en riesgo social en medio o cerca de sectores más acomodados. Por otra parte, la fiebre inmobiliaria de grandes empresas y grupos económicos impulsa un crecimiento desregulado, con construcciones en zonas de quebradas amenazantes, planos reguladores amañados y una expansión constante hacia sectores naturales que resultan agredidos y finalmente convertidos en zonas de sacrificio.

Los medios de comunicación —y principalmente la televisión abierta, también el único canal “público” del país— tienen la responsabilidad de ejercer de manera responsable el derecho a la comunicación, naturalmente sin imposiciones ni censuras de ningún tipo. Ello implica nunca caer en exageraciones, especulaciones, “fakes news” y otros vicios que, en su mayoría, proceden de las redes sociales con absoluto libre albedrío.

Las pautas de prensa orquestadas por el gobierno con los grandes medios de comunicación hegemónicos —al servicio de empresas y transnacionales— no contribuyen a una información oportuna, objetiva y veraz como sería responsable en casos de catástrofes naturales como las que no corresponde enfrentar cada vez con lamentable mayor habitualidad. Pero informar sin alarmar ni provocar temor en la población, como hemos observado con preocupación en las pantallas en estos días.

Con Información de elsiglo.cl

gerente

Redacción.

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