Viernes, 14 de Agosto de 2026
Nacional

Transformaciones políticas y tensiones entre sistemas democráticos y autoritarios marcan la agenda internacional

A inicios del siglo actual, una gran cantidad de países latinoamericanos ejecutaron lo que se conoce como el giro hacia la izquierda. En la actualidad, la mayoría de las naciones de la región está experimentando un movimiento opuesto. Con cada proceso electoral, se confirma que las fuerzas de derecha ganan espacios, mientras que las de izquierda ven reducida su influencia. Aunque Brasil y México, los dos países más grandes y con mayores economías del continente, aún no muestran esta tendencia, Colombia, el tercero en importancia, recientemente se unió a este cambio. El giro es evidente.

No obstante, así como el anterior giro de izquierda no fue homogéneo entre sus participantes, tampoco lo es el actual desplazamiento hacia la derecha. La izquierda chavista venezolana tenía pocas similitudes con la Concertación por la Democracia chilena, y el movimiento de Evo en Bolivia presentaba más diferencias que coincidencias con el peronismo kirchnerista argentino. Asimismo, ninguno de estos se parecía al Frente Amplio uruguayo. Lo mismo ocurre con las actuales derechas. Milei tiene escasas similitudes con Kast, y Mulino, de Panamá, poco tiene que ver con De la Espriella de Colombia. Por lo tanto, para comprender cada giro es esencial utilizar el plural: existen diversas izquierdas y diversas derechas.

Pese a esas diferencias, hay elementos comunes que definen a cada tendencia. En el caso de las derechas, el más relevante es la apuesta por una menor intervención estatal en la economía. Este fue el elemento característico de los gobiernos de derecha que aplicaron políticas neoliberales en la última década del siglo pasado. La privatización, desregulación, reforma laboral y apertura económica constituían los indicadores del avance de esa orientación política.

Esta característica persiste en las derechas contemporáneas, pero simultáneamente emergen nuevas señas de identidad en dos campos específicos. El primero es el de los valores, donde numerosas derechas continentales han optado por seguir tendencias radicales que han cobrado protagonismo en Europa recientemente. En varios casos se presenta como respuesta a la denominada lucha cultural de sectores izquierdistas y a la ideología woke, y no es inusual que rescaten temas religiosos que hace tiempo estaban alejados de la política.

El segundo campo es la seguridad pública. La amenaza del crimen organizado en sus diversas manifestaciones ha inducido a algunas de estas derechas a optar por la mano dura. El modelo salvadoreño de Bukele abandona otros aspectos fundamentales para combatir estas amenazas, como políticas sociales y seguimiento del flujo de dinero, y traza un camino directo hacia un régimen autoritario. La oferta de seguridad a cambio de restricción de derechos y libertades, núcleo de ese modelo, puede funcionar temporalmente y solo genera resultados parciales. A cambio, destruye las bases de la convivencia ciudadana, clausura la construcción de confianza interpersonal y fomenta conductas autoritarias en la población.

El avance en ambos campos de la mayoría de las derechas continentales erosiona uno de los elementos esenciales de la democracia contemporánea: el Estado de derecho. Cabe recordar que las críticas más agudas contra algunos gobiernos que protagonizaron el giro a la izquierda se enfocaban precisamente en este aspecto. Se podía argumentar que sus protagonistas no se habían liberado de la herencia histórica que consideraba las libertades como privilegios burgueses. En este caso, parece existir una carga similar que llevó a las derechas a respaldar e incluso promover dictaduras.

El camino que se configura puede conducir a un orden político antiliberal o iliberal. La responsabilidad histórica de estas derechas es muy grande. Algunas aún pueden evitar la deriva autoritaria. Pueden demostrar que existe espacio para derechas democráticas.

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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