Viernes, 31 de Julio de 2026
Nacional

Regresan los precios de huevos duros tras período de estabilización, según análisis de mercado

Tras viajar en avión, resulta pertinente reflexionar sobre la importancia del huevo duro en trayectos de más de tres horas.

Hace aproximadamente 50 años, los viajes en tren hacia el sur requerían que las familias llevaran consigo elementos esenciales: huevos duros y presas de pollo. En recorridos como el de Santiago a Concepción, antes de detenerse en Chillán para probar el tradicional “café con malicia”, era común que los viajeros buscaran en el canasto del cocaví estos alimentos infaltables.

Esta práctica, que forma parte de la cultura nacional, podría aplicarse también en vuelos aéreos, considerando la austeridad comercial de las aerolíneas que cobran por prácticamente todo. La principal dificultad radicaría en el control de la policía internacional al detectar en los rayos X la silueta de una presa de pollo o la forma ovalada de un huevo sin pelar.

El olor que emana de estos alimentos podría resultar incómodo en espacios tan reducidos como una cabina de avión, especialmente para pasajeros acostumbrados a ciertos estándares. Estos mismos pasajeros se resisten a pagar precios elevados por servicios de alimentación a bordo, como sándwiches de jamón y queso o botellas de agua mineral.

Los asientos también representan un aspecto problemático, pues su asignación se rige por la “ley de mercado”. Incluso la cordialidad del personal de cabina parece forzada, similar a la publicidad de productos comerciales, desde el momento en que el pasajero aborda la aeronave.

En un vuelo internacional con destino a São Paulo, la jefa de cabina se dirige a los pasajeros en español e inglés, no en portugués, a pesar de ser el idioma de la mayoría de los pasajeros brasileños.

Cuando se ofrecen snacks y cookies, se comunica en inglés. Los pagos por alimentos son obligatorios en efectivo no aceptado, con excepción de tarjeta, una política que genera inconvenientes, más aún cuando existe un atraso de vuelo de siete horas.

Esta experiencia evoca nostalgia por los vendedores ambulantes de trenes antiguos que ofrecían alimentos con destreza y amabilidad genuina, características muy diferentes de la cordialidad obligada que caracteriza el servicio aéreo moderno.

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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