Martes, 21 de Julio de 2026
Nacional

Las salinas y zonas áridas de Chile, ajenas a los alcances de la megareforma, concentran riquezas sin explotar

El gobierno anunció una megareforma económica centrada en la rebaja del impuesto corporativo, la invariabilidad tributaria y la aceleración de permisos. El debate político se concentró en si estas medidas serían suficientes para recuperar el crecimiento, mientras los gremios enfatizaban la competitividad y la oposición advertía sobre agujeros fiscales.

Sin embargo, las minutas del Banco Central planteaban una inquietud distinta: la debilidad del crecimiento potencial y el estancamiento de la productividad. Mientras la política asumía que atraer inversión es suficiente, el Banco Central señalaba que el verdadero problema radica en la capacidad de transformar esa inversión en capacidades productivas reales. No se trata solo de volumen de capital, sino de la calidad de las capacidades que ese capital genera.

El crecimiento de largo plazo depende menos del capital disponible que de las capacidades que ese capital logra construir. La base de cualquier economía reside en el trabajo vivo, el cuidado que sostiene a quienes producen y el conocimiento que transforma la naturaleza en riqueza. Las fuerzas productivas decisivas del siglo XXI son la inteligencia social y la creatividad que nace de personas cuidadas y con tiempo para reflexionar. Una sociedad innova cuando ha invertido durante décadas en el cuidado y desarrollo integral de su población desde la infancia, generando las seguridades que liberan la imaginación.

Una auténtica estrategia de desarrollo requeriría cuatro pilares que la megareforma no menciona. Primero, un sistema de cuidado universal que garantice desarrollo desde la gestación y primera infancia, momento crucial para moldear la futura creatividad. Segundo, una economía del cuidado que redistribuya tiempo y oportunidades, permitiendo que la responsabilidad de crianza no recaiga solo en las mujeres. Tercero, reimaginar el sistema educativo como continuo de desarrollo del potencial creativo, enfatizando curiosidad, pensamiento crítico y colaboración. Cuarto, un ecosistema institucional que reconozca cuidado y creatividad como bienes públicos.

Chile posee geografías excepcionales donde esta arquitectura podría desarrollarse. El desierto de Atacama alberga litio que podría sustentar una industria electroquímica propia, pero requiere población capaz de investigar y cuidar los salares. Los observatorios astronómicos del norte operan en la mejor ventana del planeta, pero Chile ha sido portero del universo, no intérprete. Transformar esto exige cerebros formados en curiosidad y universidades dialogantes con la ciencia de frontera.

El viento patagónico ofrece hidrógeno verde mediante electrolizadores alimentados por energía eólica, permitiendo exportar combustible limpio. Pero para evitar repetir la maldición del salitre, se necesitan ingenieros formados en preguntas críticas, técnicos en inteligencia del viento y comunidades que participen del diseño.

El mar de Magallanes alberga biomasa marina poco explorada con potencial en alimentos, fármacos y materiales. Los valles de secano producen vinos singulares que narran territorio, no compitiendo por volumen sino por identidad. Ambas oportunidades requieren tiempo, cuidado e investigación.

La pregunta decisiva es qué tipo de inversión incentivará la megareforma y qué capacidades permitirá desarrollar. Un diagnóstico incompleto podría resultar en victoria pírrica: mejorar condiciones de inversión sin modificar las capacidades que sostienen crecimiento real.

La oposición perdió la batalla por la hegemonía: la capacidad de imponer una visión que organice el sentido común. Perdió durante tres décadas sin reemplazar su explicación original sobre crecimiento, refugiándose en administración del legado ajeno. Dejó de producir pensamiento estratégico autónomo y renunció a formular cómo recuperar crecimiento de largo plazo.

La megareforma triunfó imponiéndose el diagnóstico desde el cual se discute política económica. Operó como revolución pasiva: modifica aspectos jurídicos y administrativos mientras deja intactas las relaciones sociales fundamentales. La oposición objetó mecanismos pero aceptó el marco conceptual, discutiendo dentro del lenguaje adversario. La verdadera derrota fue perder iniciativa intelectual para definir el horizonte del desarrollo chileno.

Chile abandonó la pregunta por el sujeto del desarrollo. Las economías dinámicas comprenden que productividad reside en la capacidad de una sociedad para cuidar, formar y liberar inteligencia de todos sus miembros. El país perdió teoría del desarrollo y capacidad de pensarse como totalidad histórica. La contradicción principal no es entre más o menos inversión, sino entre acumulación extractiva que subordina vida y modo generativo que pone cuidado y creatividad en reproducción social.

El debate nacional se vuelve provinciano: mientras otros países diseñan sistemas de cuidado como infraestructura del talento y redes de aprendizaje permanente, Chile gira alrededor de tasas impositivas.

Recuperar teoría del desarrollo propia exige reconocer que fuerzas productivas fundamentales son inteligencia social, trabajo afectivo y cooperación creativa. Luego, construir alianza que dispute hegemonía al bloque extractivista-financiero. Esa alianza requiere elaborar horizonte compartido y abandonar zona de confort del lamento para entrar en proposición.

Los cuatro compromisos citados forman base material de economía generativa: sistema de cuidado universal, reorganización social del cuidado, educación como desarrollo creativo y ecosistema que proteja experimentación. Esa base podría anclarse en territorios chilenos: salares, cielos transparentes, mares fríos, viñas sedientas y vientos australes, no para extraerlos sino para habitarlos de otra manera.

Las economías fracasan cuando dejan de comprender cómo cambia el desarrollo y la superestructura política se desconecta de fuerzas productivas reales. Ese es el problema económico de Chile y su verdadera oportunidad: construir estrategia que libere inteligencia de su gente, destapando la olla que lleva décadas hirviendo en silencio bajo la sal, la noche y el viento del confín austral.

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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