El 10 de octubre de 1968, Cuba conmemoró el centenario del inicio de sus luchas por la independencia y la emancipación social. Aquel día, Fidel conversó con Alba de Céspedes y Bertini, nieta de Carlos Manuel de Céspedes, quien había proclamado la independencia de Cuba de España y la abolición de la esclavitud cien años antes, al tiempo que liberaba a sus esclavos del ingenio azucarero La Demajagua, muchos de los cuales se enrolaron en el naciente Ejército Libertador cubano.
Según narró el historiador Eusebio Leal Spengler, Fidel le habló con vehemencia a Alba de Céspedes acerca de los planes que la Revolución había realizado y los numerosos que aún debían avanzar para el desarrollo del país. Cuando ella preguntó con qué recursos contaba para cumplirlos, él respondió categórico: “Con gran amor”. Esta aseveración expresaba la voluntad política de transformar radicalmente a Cuba para beneficio de la inmensa mayoría de sus pobladores.
Años después, en noviembre de 1971, durante su visita a la ciudad de Tomé en Chile, Fidel definió tal concepto como “el contenido moral y humano del socialismo”. En aquella ocasión afirmó que las luchas por la independencia del país, la economía, la justicia, el bienestar del pueblo, poner fin a la explotación por monopolios extranjeros y a los privilegios e injusticias sociales constituían la esencia de la lucha revolucionaria.
El objetivo de la lucha revolucionaria, según expresó, era el pueblo, no intereses extranjeros ni particulares. Esta convicción se reflejaba en sus acciones a lo largo de toda su vida, desde sus primeros años en Birán, la pequeña localidad oriental donde nació el 13 de agosto de 1926, hasta sus últimos días dedicados a la defensa de la soberanía y la justicia social.
Durante el acto conmemorativo de 1968, Fidel describió la situación de Cuba durante las primeras décadas del siglo XX, cuando la penetración económica estadounidense se aceleró de forma vertiginosa. De poseer inversiones por valor de 50 millones de pesos en 1898, pasaron a 160 millones en 1906 y a 1.450 millones en 1927, permitiendo que los imperialistas estadounidenses se apoderaran de las mejores tierras, minas, recursos naturales, servicios públicos, industria azucarera, empresas eléctricas, ferrocarriles y bancos del país.
Esta realidad fue la que enfrentaron Fidel y sus compañeros cuando atacaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953, generación que buscaba retomar la insurrección armada iniciada por José Martí en 1895 para lograr la verdadera independencia y justicia social en Cuba.
Fidel nació en el seno de una familia que, aunque gozaba de posición económica acomodada, no poseía la cultura excluyente de la aristocracia. Sus padres, el gallego Ángel María Bautista Castro Argiz y la cubana Lina Ruz González, provenían de familias trabajadoras y mantuvieron cercanía con la gente sencilla. Fidel siempre reivindicó este origen humilde, recordando que era nieto de labriegos de Galicia y de personas muy modestas en Cuba.
En Birán, la pequeña localidad donde creció, Fidel captó a su alrededor lacerantes contradicciones que nunca olvidaría. La presencia de numerosas empresas extranjeras en el territorio, la dependencia neocolonial, el carácter monoproductor de la agricultura y la inexistencia de protección social evidenciaban la situación de subordinación económica y política en que se encontraba Cuba.
Durante su infancia, Fidel fue testigo de cómo los bosques de la región oriental fueron desmontados y sus maderas preciosas utilizadas como leña en los ingenios azucareros modernos. Esta experiencia lo sensibilizó ante el impacto negativo del imperialismo sobre los recursos naturales del país y sobre el pueblo cubano que trabajaba en condiciones de explotación.
La educación recibida en colegios religiosos de La Salle primero y jesuitas después lo formó académicamente y le permitió acceder a la Universidad de La Habana, donde tomó conciencia del legado de lucha por la libertad de Cuba y aprendió teoría marxista, elementos que contribuyeron a su formación revolucionaria.
Graduado como abogado, Fidel se propuso presentarse como candidato a la Cámara para hacer una revolución desde el poder mediante decretos en favor del pueblo. Sin embargo, el golpe militar de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 cerró las puertas democráticas, dejando la insurrección armada como único camino hacia la verdadera independencia y justicia social.
Tras el asalto al cuartel Moncada, Fidel fue encarcelado en la Isla de Pinos. Durante su cautiverio, consideró que estudiar era luchar y se dedicó a profundizar el análisis de autores clásicos del marxismo como Carlos Marx. Su alegato de defensa “La historia me absolverá” se convirtió en un destello de esperanza en la oscuridad del encarcelamiento.
El 15 de mayo de 1955, tras una amnistía decretada por presión popular, Fidel salió de prisión. Desde México organizó la expedición del Granma que partió el 25 de noviembre de 1956 hacia Cuba para iniciar la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.
Durante la ofensiva batistiana conocida como “Fin de Fidel” en el verano de 1958, con apenas 300 hombres mal armados enfrentó a 10.000 efectivos equipados. Su estrategia y la confianza de sus hombres en su liderazgo permitieron que apenas cinco meses después la revolución bajara de las montañas hacia el llano, conquistando Santiago hasta lograr la victoria del 1 de enero de 1959.
La Reforma Agraria se hizo ley el 19 de mayo de 1959, seguida por la Campaña de Alfabetización a comienzos de 1961. Estos programas buscaban realizar las transformaciones profundas que Fidel había soñado: acceso a la tierra para campesinos desposeídos, educación para el pueblo y fin a la explotación imperialista.
La invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961 y la Crisis de los Misiles en octubre de 1962 fueron momentos de máximo peligro para la revolución. Durante estos eventos, Fidel demostró una entereza y convicción extraordinarias que lo llevaron a formular cinco puntos fundamentales: cese del bloqueo económico, cese de actividades subversivas, cese de ataques piratas, cese de violaciones del espacio aéreo y retirada de la base naval de Guantánamo.
A lo largo de décadas, Fidel enfrentó intentos de invasión, sabotaje y bloqueo económico por parte de Estados Unidos. Sin embargo, mantuvo su convicción de que Cuba podía construir una sociedad socialista basada en la justicia, la solidaridad y el bienestar de su pueblo.
En 2008, tras una grave enfermedad, Fidel comunicó que no continuaría como Presidente, dejando claro que combatiría “como un soldado de las ideas”. En sus últimos años, continuó reflexionando sobre los problemas de la sociedad cubana y la necesidad de encontrar respuestas inteligentes que consideraran todos los aspectos de la realidad.
Fidel Castro representa una figura de dimensión universal cuya vida fue dedicada a la lucha por la soberanía de los pueblos, la emancipación social, la justicia, la paz y la preservación de la naturaleza. Su legado permanece vigente en la continuación de la revolución cubana y en la inspiración que brinda a quienes luchan por un mundo más justo.
Con Información de elsiglo.cl



