Jueves, 13 de Agosto de 2026
Nacional

Fidel Castro: cien años de un legado que marcó la historia política latinoamericana

Ángel Castro Argiz y Lina Ruz González nombraron Fidel a su tercer hijo el 13 de agosto de 1926 en el batey de Birán, en la actual provincia de Holguín, en honor a un amigo de la familia. Desconocían que el nombre, proveniente del latín y que significa “fiel, digno de fe” en español, marcaría para siempre el destino de su hijo.

Durante su infancia, Fidel vivió experiencias que moldearon su personalidad: el contacto directo con la naturaleza, una primera estancia en Santiago de Cuba lejos del hogar, su paso por colegios religiosos y la práctica de deportes. Sus padres, aunque dueños del batey de Birán, eran personas generosas y trabajadoras que le permitían relacionarse en igualdad de condiciones con los hijos de los trabajadores de la finca.

Al finalizar el bachillerato en el Colegio de Belén, el padre Amando Llorente escribió en el libro de memorias: “Fidel Castro cursará la carrera de derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista”.

Motivado por cuestiones éticas, morales y patrióticas, Fidel se alineó durante sus años universitarios con los opositores al gobierno de Grau San Martín. En la Universidad de La Habana comenzó a tomar conciencia de la situación política del país. Los antiguos seguidores del gobierno controlaban la institución para evitar que surgieran otros líderes estudiantiles. Fidel decidió enfrentar este ambiente corrupto, incluso a riesgo de su vida, convirtiéndose en revolucionario y luchando por recuperar la pureza de la Universidad.

El golpe de Estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 marcó su camino. El 26 de julio de 1953, bajo su dirección, se realizó el asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, iniciando la lucha por la independencia definitiva de la nación.

En el juicio por los sucesos del 26 de Julio, Fidel, ejerciendo como abogado, asumió su propia defensa. En su alegato, conocido como “La historia me absolverá”, denunció los males de la sociedad cubana, el asesinato de sus compañeros y las mentiras utilizadas en su contra. Condenado a prisión junto a sus compañeros, continuó la lucha desde allí, circulando de forma clandestina su defensa como programa del movimiento revolucionario.

Antes de partir al exilio redactó: “Como martiano, pienso que ha llegado la hora de tomar los derechos y no de pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos. Residiré en un lugar del Caribe. De viajes como estos no se regresa o se regresa con la tiranía descabezada a los pies”.

En octubre de 1955, Fidel viajó a los Estados Unidos acompañado por Juan Manuel Márquez. En el Hotel Park Garden de Nueva York, ambos líderes hablaron ante 800 compatriotas. Fidel expresó: “Puedo informarles con toda responsabilidad que en el año de 1956 seremos libres o seremos mártires. Esta lucha comenzó para nosotros el 10 de marzo, dura ya casi cuatro años y terminará con el último día de la dictadura o el último día nuestro”.

La crónica sobre lo ocurrido en el Park Garden, publicada en Bohemia, tuvo gran repercusión en Cuba. Fidel empeñó su palabra y el pueblo confió en él. El 25 de noviembre de 1956, salió de Tuxpan en el yate Granma al frente de la tropa que iniciaría la insurrección popular armada en Cuba.

Familiares de Fidel afirmaban en conversaciones con la periodista Katiuska Blanco que don Ángel, su padre, aseguró que su hijo cumpliría su palabra cuando se acercaba la fecha prometida para su regreso.

La lucha en la Sierra Maestra duró dos años y un mes. El pequeño ejército Rebelde enfrentó y derrotó al poderoso ejército de Batista, superior en fuerzas y medios, en una verdadera hazaña.

El primero de enero de 1959 se proclamó el triunfo de la Revolución. Los rebeldes entraron triunfantes en Santiago de Cuba, donde Fidel expresó: “Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros. Esa fe, que más que una fe es una seguridad completa en todos nuestros hombres”.

El 8 de enero de 1959, con su entrada triunfante en La Habana en el campamento militar de Columbia, Fidel declaró: “Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión -en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres-, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!”.

El triunfo de la Revolución llevó alegría a los hogares cubanos. El nombre de Fidel se convirtió en símbolo de la victoria, retumbando en actos y desfiles patrióticos, mientras carteles en las puertas de las casas expresaban: “¡Gracias, Fidel!”, “¡Esta es tu casa, Fidel!”.

Al frente de la Revolución Cubana, Fidel se hizo cada vez más grande ante los ojos del pueblo. Se implementó el programa del Moncada con la ley de Reforma Agraria y demás leyes revolucionarias. Su impronta dejó una estela de cariño, admiración y respeto indescriptible, presente en Girón, en las fábricas, en los campos, en los hospitales, en las escuelas y en tribunales internacionales defendiendo la verdad y el derecho de los seres humanos a la vida en un mundo de paz.

Fidel partió el 25 de noviembre de 2016, el mismo día en que años atrás, en 1956, salió de Tuxpan en el yate Granma rumbo a la patria para cumplir su palabra empeñada. Las muchedumbres se reunieron una vez más para acompañarlo a lo largo de la isla. El nombre elegido por sus padres el día de su nacimiento resultó ser una señal de eternidad: Fidel fue, es y será por siempre un hombre fiel, un hombre digno de fe.

Con Información de elsiglo.cl

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Redacción.

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