Este 3 y 4 de septiembre se realizará en Santiago un nuevo encuentro del Foro Madrid, donde se reunirán dirigentes, intelectuales, fundaciones y organizaciones de la ultraderecha de distintos países. Se trata de una expresión concreta de una derecha internacional que se organiza, comparte experiencias, construye discurso y busca proyectarse en el tiempo.
Durante años muchos consideraron que estas derechas eran fenómenos marginales o expresiones electorales pasajeras. Sin embargo, construyeron discurso, ocuparon redes, levantaron medios, instalaron temas y llegaron a los gobiernos. Trump fue central en ese proceso, seguido por Bolsonaro, Milei, Kast y otras experiencias que, aunque tienen diferencias entre sí, comparten una base común en su forma de entender la política, el Estado, los derechos, la seguridad, la migración y el papel de las fuerzas progresistas.
Existe coordinación reconocible entre estos actores. El Foro Madrid se plantea como una articulación internacional contra las izquierdas latinoamericanas. En los últimos meses también se han realizado reuniones en Estados Unidos donde distintos gobiernos han discutido nuevas orientaciones de seguridad y amenazas políticas. Todo ello forma parte de un clima internacional que muestra una derecha que no solo disputa elecciones, sino que intenta construir una nueva correlación política e ideológica.
Una de sus principales fortalezas ha sido comprender que para llegar al gobierno primero debía intervenir sobre la forma en que la gente percibe la realidad. Durante años instalaron que todo estaba mal, que el Estado no servía, que los derechos eran privilegios, que los migrantes explicaban la inseguridad, que los movimientos sociales eran violentos y que la izquierda era responsable de todos los problemas.
Muchas de esas afirmaciones no resistían un análisis serio, pero fueron repetidas una y otra vez en redes sociales, medios digitales, videos y comentarios de dirigentes. Lo importante no era que cada cosa fuera cierta, sino instalar una percepción que terminara formando parte del sentido común.
No se trata únicamente de fake news, sino de una disputa por las subjetividades, por la manera en que las personas explican lo que les sucede y por quién aparece como responsable de sus problemas. Las redes sociales facilitaron este proceso. Una afirmación sale desde una cuenta cualquiera, se replica, la levanta un medio, la comenta un dirigente y termina siendo tema nacional.
Muchas veces la oposición ayuda a amplificar esa operación. Cada vez que se reacciona a provocaciones, se comparten mentiras para denunciarlas o se dejan los temas propios para discutir lo que la derecha puso en la agenda, se termina entrando en su juego. Por eso es necesario escoger bien las peleas y no permitir que sean otros quienes decidan todos los días de qué se habla en Chile.
El gobierno actual mantiene una ofensiva sostenida en economía y seguridad, poniendo los temas y fijando el marco. La oportunidad está en dejar de responder únicamente dentro de ese terreno e instalar temas propios. En economía hay que hablar de salario, empleo, endeudamiento, costo de la vida, vivienda, pensiones y salud desde lo que está pasando en la vida real. En seguridad hay que dejar de regalarle el tema a la derecha y hablar de narcotráfico, crimen organizado, prevención y policías que funcionen.
También se necesita comunicación propia. No basta con desmentir ni con tener buenos datos. Hay que tener medios, vocerías, contenidos, capacidad territorial y presencia real, porque el sentido común no se disputa solo en redes, sino en el trabajo, en la feria, en el sindicato, en la población y en la conversación diaria.
Se realizará también un foro nacional del progresismo, pero no debería transformarse simplemente en la respuesta al Foro Madrid. Se necesita discutir cómo construir una oposición que deje de reaccionar y empiece a tomar iniciativa, cómo volver a tener una propuesta de país y cómo recuperar conexión con la gente.
La ultraderecha viene a Chile a mostrar que se organiza y piensa su estrategia. La respuesta no puede ser solamente denunciarla. Hay que enfrentarla, pero sobre todo hay que recuperar iniciativa, construir organización, disputar el sentido común y volver a poner arriba de la mesa los problemas reales del pueblo.
Si ellos vienen con una hoja de ruta, también se necesita la propia.
Con Información de elsiglo.cl


