En la actualidad, la televisión se ha convertido principalmente en un espectáculo. Esta característica se refleja en el tratamiento que otorgan las noticias los programas periodísticos y los matinales de todos los canales. Incluso el diario La Segunda tituló con ironía en su portada del jueves 13: “El Matinal de Kast”.
Esta situación surgió tras el gobierno iniciar el traslado de reclusos de alta peligrosidad hacia la nueva cárcel La Laguna, ubicada en las cercanías de Talca. Si bien este procedimiento debe realizarse con máximas medidas de seguridad, la acción funcionó más como un golpe comunicacional que como una medida penitenciaria contra el crimen organizado.
Es innegable que resulta necesario que los líderes de bandas del crimen organizado y delincuentes de alto riesgo permanezcan bajo custodia estricta de Gendarmería y lo más aislados posible del resto de la población penal. No obstante, surge un debate respecto al entorno donde se ubica el recinto. Aunque nadie desea contar con una cárcel de este tipo en su proximidad, su instalación constituye una necesidad inevitable que nunca satisfará completamente a la población circundante.
La televisión inició una cobertura nacional con imágenes de la señal oficial del Gobierno sobre la denominada Operación Cancerbero, que incluyó videos y equipos móviles de los canales acompañando a los vehículos de Gendarmería durante los traslados masivos desde distintos penales del país hacia la región del Maule.
El operativo aparentemente no fue informado a las autoridades locales, a pesar de que se organizó un acto breve y puntos de prensa para el anuncio oficial con la presencia del jefe de Estado, ministros y autoridades regionales y comunales.
Personajes como José Antonio Neme, José Luis Reppening y Priscila Vargas se apresuraron a respaldar la iniciativa y condenaron anticipadamente a quienes supuestamente la criticarían, calificando el traslado como un show antes que nadie.
El presidente Kast llegó a las inmediaciones de La Laguna y encontró una pequeña manifestación pacífica donde los habitantes del sector denunciaban las promesas incumplidas por el Estado al instalar esta cárcel en ese sitio el año pasado.
Los manifestantes reclamaban red de alcantarillado, mejoramiento de caminos, cuartel de bomberos, transporte escolar y seguridad en el entorno, pidiendo medidas de mitigación o reparación antes de convertir en otra zona de sacrificio los alrededores del recinto penitenciario. Los medios de comunicación fueron notablemente cautelosos y sobrios ante estas demandas, a la espera de las respuestas de las autoridades.
El “show” fue principalmente responsabilidad de la señal oficial de televisión del Gobierno, que cubrió la actividad incluso desde un helicóptero y con drones para mostrar a los reclusos trasladados, de espaldas, revelando solo las iniciales de su identificación y anunciando que estrenarían uniforme oficial para los internos con la intención de distinguirlos y segregar a los más peligrosos del resto de la población, reminiscencia de imágenes del penal de Bukele en El Salvador.
Para la televisión en estos asuntos, el morbo y el sensacionalismo prevalecen sobre cuestiones como la realidad de los cuerpos armados, el peligro de su corrupción, el maltrato, la violación de derechos humanos y privilegios legales como el “gatillo fácil”, aspectos que merecen consideración y que se observan con preocupación en los últimos tiempos. En cualquier caso, ¿debe continuar el show?
Con Información de elsiglo.cl




