Martes, 18 de Agosto de 2026
Coquimbo

La educación que impartimos refleja la identidad de nuestras sociedades

Una parte importante de la clase media chilena percibe el título universitario como garantía de realización personal, sin embargo, esto no corresponde a la realidad, ya que los seres humanos requieren más que un diploma para alcanzar satisfacción genuina.

Esta perspectiva no puede ser criticada, considerando que el sistema educativo en el que se formaron ha enfatizado el cumplimiento de normas y la especialización del conocimiento, dejando de lado la formación integral como personas. La convivencia en sociedad exige que todos contribuyan a su construcción, lo cual demanda más allá de disciplina e intensidad productiva.

Orientar la educación hacia la capitalización del conocimiento representa el error más grave que una sociedad puede cometer si aspira a ser verdaderamente humana. Este enfoque genera dos consecuencias que frecuentemente se analizan de forma aislada: una profunda insatisfacción en el ámbito laboral y un desinterés progresivo por la participación ciudadana como modo de vida.

Cabe señalar que la técnica nunca ha sido el adversario, sino la mejor herramienta para materializar las ideas. El inconveniente radica en que el sistema ha sido estructurado para convertir a las personas en herramientas del trabajo, privándolas de agencia para transformar las cosas, puesto que toda su existencia ha estado orientada al cumplimiento y al pensamiento subordinado a las exigencias laborales.

El currículo de educación media incluye el pensamiento crítico como habilidad transversal prioritaria, pero a pesar de su aparente valor, se concibe como una capacidad instrumentalizada para la producción. En este sentido, el pensamiento crítico se vincula con evaluar la confiabilidad de fuentes, redactar investigaciones, elaborar informes o comparaciones literarias, siempre con el propósito de ejecutar tareas específicas.

Aunque el sistema educativo debe enseñar funcionalidad, constituye un error grave colocar la producción en el centro de la educación. Si la enseñanza implica que el ser humano viene después de la acción, entonces se está inculcando que el humano existe para trabajar y no que el trabajo existe para el humano.

Recuperar la dimensión humana implica trabajar con propósito, utilizando los conocimientos técnicos para crear aquello que se cultivó intelectualmente, lo que significa vivir en sociedad de manera auténtica. Esto permite que el ser humano trabaje como un ser pensante, en lugar de ser una mente al servicio del trabajo que desempeña, ejerciendo un voto engañado por promesas de propaganda cada cuatro años.

Asimismo, es relevante destacar que las familias valorizan el título universitario como único medio de ascenso social para acceder a mayores oportunidades. No obstante, debe aclararse que esto constituye un mito respecto a las demandas del mercado laboral actual en Chile.

Los empleos con alta demanda laboral hoy podrían no serlo cuando se egrese de la universidad. Aunque actualmente se requieren médicos en todo el país, es posible que la inteligencia artificial los reemplace mañana, generando una tasa de empleabilidad baja similar a la de actuación y teatro. Apostar la vida al valor del título en cinco años representa una ruleta rusa del mercado laboral. Lo que debe prevalecer es la formación integral como ser humano, independientemente de lo que indique el diploma.

Indudablemente, somos el resultado de lo que nos rodea, desde nuestro contexto familiar hasta el sistema que nos integra durante toda la vida con un propósito determinado. Debe dejarse de considerar la disciplina y lo técnico como objetivos finales para convertirlos en medios. Cuando una persona comienza a vivir por el resultado y no por el propósito, termina aborreciendo la rutina y la política, existiendo en la resignación de un deber impuesto.

Por: Diego Luciano Miranda Salgado

Presidente del Centro de Alumnos del Colegio Santa Marta de Coquimbo

Las opiniones vertidas en este artículo son de carácter personal.

Con Información de www.elcoquimbano.cl

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Redacción.

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