Viernes, 10 de Julio de 2026
Nacional

Cuba enfrenta desafíos económicos significativos, pero mantiene estructuras estatales funcionales, según análisis especializado.

La periodista y escritora sueca Kajsa Ekis Ekman, quien realizó recientemente visitas a La Habana, sostiene que Cuba no puede ser calificada como un “Estado fallido”. Según sus declaraciones, “Estado fallido podría ser a lo mejor Haití; Cuba tiene un sistema que funciona” y describe la isla como “un país serio, controlado, no es un país anárquico”.

Ekman es directora del medio Parabol Press en Suecia, políglota, feminista y autora de varios libros sobre temas políticos. Visitó Cuba en dos ocasiones: entre febrero y marzo de 2026, y nuevamente en junio. En sus viajes presenció directamente la crisis energética que atraviesa la isla, pero rechaza los relatos de colapso total que circulan en redes sociales, aunque reconoce la gravedad de la situación.

La periodista describe una ciudad golpeada por apagones de hasta 30 horas. Explica que desde enero de 2026, Estados Unidos aplica un bloqueo petrolero que ha paralizado gran parte de la actividad económica cubana, siendo que la isla produce solo el 40 por ciento de la energía que necesita. Según su testimonio, después de la llegada de un buque petrolero ruso los apagones desaparecieron durante tres meses, pero un segundo buque se detuvo en el Atlántico y fue desviado hacia Sudamérica.

Las consecuencias en la vida cotidiana son significativas: refrigeradores que no funcionan, imposibilidad de trabajar cuando hay apagones, colas en bancos esperando que regrese la electricidad, pérdida de conectividad. Ekman afirma que “Estados Unidos sabe perfectamente lo que está haciendo: están dificultando la vida cotidiana”.

Atribuye la actual ofensiva de la Casa Blanca al secretario de Estado, Marco Rubio, cuya “única meta en su vida” sería derrocar al gobierno socialista de Cuba. Señala que los padres de Rubio emigraron a Estados Unidos en 1956, antes de la revolución, y que nunca ha estado en Cuba.

Respecto a una posible intervención militar, Ekman sostiene que en Washington saben que esta vía es inviable. “Con bombas no van a lograr nada: van a destruir las casas que ellos mismos dicen reclamar, van a lograr un montón de destrucción y un montón de muertos, pero no un cambio de régimen”. Agrega que una invasión a gran escala sería costosa y arriesgada, además de plantear el riesgo de ataques desde Cuba hacia Florida.

La escritora detectó una campaña de propaganda digital con Inteligencia Artificial que muestra a La Habana como una ciudad de lujo, con restaurantes elegantes y casas restauradas, promoviendo el descontento entre la población. También critica el papel de la aplicación móvil del medio digital cubano “elTOQUE”, que según ella “decide cuánto vale un dólar” al establecer la tasa de referencia del mercado informal de divisas. La depreciación ha sido severa: el dólar pasó de cotizar a 42 pesos cubanos en 2020 a 695 el 21 de junio de 2026.

Ekman desecha el relato de Cuba como Estado fallido, refutando afirmaciones sobre aviones atrapados o turistas varados. Subraya que la infraestructura crítica se mantiene en pie: “Los hospitales tienen un sistema eléctrico especial”. Reconoce que Cuba está sufriendo muchas dificultades, pero sostiene que no es un Estado fallido.

Destaca las medidas de adaptación: aproximadamente el 20 por ciento de la electricidad proviene de paneles solares, una cifra que creció significativamente en 2025 y 2026. El gobierno autorizó equipos de aire acondicionado con panel solar y licencias para triciclos eléctricos como taxis, lo que se convirtió en una fuente de ingresos para la población.

Refuta el mito de que Cuba habría repartido rifles a cada ciudadano. Explica que entrevistó a parlamentarios cubanos quienes negaron rotundamente esta versión. Los rifles permanecen guardados; solo hombres menores de 42 años que completaron el servicio militar pueden ser alistados en caso de emergencia.

Aunque reconoce la gravedad de la crisis, Ekman no oculta sus aspectos más duros: la falta de combustible paraliza la maquinaria agrícola y el bombeo de agua, hay personas que no reciben agua en pisos altos y algunas se duchan con irregularidad. Admite que existe una crisis de basura y vio gente buscando comida en la basura, lo cual describe como “muy triste”.

Sin embargo, afirma no haber presenciado protestas contra el gobierno durante su estancia. La gente se queja de la situación pero el descontento no se traduce en manifestaciones, fenómeno que atribuye a siete décadas de hostilidades, bloqueos y la memoria del periodo especial.

El cerco financiero se endureció cuando tarjetas Visa y Mastercard dejaron de funcionar desde el 6 de junio. Grandes hoteles como Meliá, Iberostar y Blue Diamond, junto con otras empresas, redujeron o cortaron operaciones para no perder acceso al sistema financiero estadounidense.

Como respuesta, el Parlamento cubano aprobó en junio un paquete de 176 reformas económicas, el mayor giro desde 1959. Las medidas incluyen la autorización de banca privada bajo supervisión estatal, permiten a cubanos residentes en el exterior invertir en igualdad de condiciones, y extienden derechos de superficie y usufructo de tierras para inversión extranjera.

Ekman celebra el giro pero rechaza que signifique una transición al capitalismo. Enfatiza que no se están vendiendo tierras, solo permitiendo su uso mediante arrendamiento controlado. Indica que estas medidas podrían atraer capital chino, ruso e indio.

La isla conserva nostalgia por la era de normalización de relaciones promovida por Barack Obama. Ekman comenta que “todos los cubanos dicen que esa fue como la mejor época de sus vidas”. Durante esos años la economía floreció, abundaba el turismo y los hoteles no daban abasto. Luego llegaron la pandemia y la reinclusión de Cuba en la lista de “patrocinadores del terrorismo” bajo Trump.

Critica a corresponsales e influencers que documentan solo la crisis: fotos de tiendas vacías, apagones nocturnos, sin mostrar tiendas llenas, celebraciones y la vida normal de la ciudad. Sostiene que este enfoque desalienta el turismo que la isla necesita.

Describe una Habana segura donde una mujer puede caminar sola en la noche sin temor, e incluso durante apagones la gente mantiene su ritmo: en un bar donde la luz se fue, los clientes continuaron festejando mientras el mesero leía un libro.

Al preguntarle qué necesita Cuba, Ekman responde: solidaridad internacional, envío de petróleo y turismo, pues del turismo depende casi toda la economía. Concluye que “cuando se habla de Cuba hay que hablar de lo bello: del milagro que es Cuba, de su poder de resistir durante tanto tiempo, de su humanidad”.

Con Información de elsiglo.cl

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Redacción.

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