La madrugada del 8 de septiembre de 1986 quedó grabada en la memoria del país como resultado de una operación deliberada de la dictadura. Cuando agentes de la CNI llegaron al departamento de José Carrasco Tapia, no buscaban armas ni planes clandestinos, sino remover de su hogar a un periodista cuyo único respaldo era nombrar la tiranía por su verdadero nombre.
Carrasco nunca pretendió ser neutral, porque el periodismo nunca lo ha sido. La supuesta imparcialidad que muchos defienden es una coartada hipócrita para la acomodación. Frente a la barbarie, la tibieza se convierte en complicidad. Durante la dictadura, mientras algunos medios eligieron inventar falsos enfrentamientos y justificar desapariciones, Carrasco tomó el camino opuesto. En diversos medios y en la revista Análisis, ejerció su labor como un acto intransigente de compromiso ético y político con la verdad.
Cuando descargaron catorce proyectiles contra su cuerpo junto a los muros del Parque del Recuerdo, los criminales creyeron apagar una voz. No comprendieron que la palabra honesta, nacida del dolor de los oprimidos, no se puede fusilar.
Desde ese lugar también se recuerda a periodistas asesinados recientemente en el mundo. De manera trágica, se ha presenciado la masacre contra la prensa durante los ataques al pueblo palestino. El Colegio de Periodistas ha gestionado la llegada de colegas desde Gaza para que puedan vislumbrar un futuro con dignidad y esperanza.
A cuatro décadas del asesinato de Carrasco, tomar la palabra a nombre del Colegio de Periodistas es un compromiso insoslayable con su legado frente a las urgencias del presente. Se enfrenta el avance de discursos autoritarios que buscan justificar el horror y borrar conquistas democráticas. Quienes ayer justificaron las caravanas de la muerte hoy intentan disciplinar a la sociedad mediante el miedo y la desinformación.
La memoria que se exige no es contemplativa, sino una fuerza activa y transformadora. Ser consecuentes con Carrasco significa defender irrestrictamente los derechos humanos en cada rincón de Chile y del mundo, desmantelar las operaciones que imponen verdades oficiales y jamás transar el mandato ético de informar la verdad.
Con Información de elsiglo.cl

