El Siglo. Santiago. 01/11/2026. La mañana del domingo 1 de noviembre, el programa «De Domingo a Domingo», de Radio Nuevo Mundo, recibió a Camila Vallejo, exministra secretaria general de Gobierno. A ocho meses de la llegada de José Antonio Kast a La Moneda, la exvocera abordó los temas de la coyuntura y cuestionó el relato de un oficialismo que, a su juicio, combina incapacidad de gestión con un profundo desprecio por las necesidades populares.
El primer punto de la conversación fue el escándalo que estalló en el Ministerio de Justicia tras conocerse las rebajas de condena otorgadas por vía administrativa a violadores y abusadores sexuales de menores de edad. Para Vallejo, la salida del subsecretario Luis Silva no fue más que un corte de hilo por lo más delgado provocado por la filtración de un video, un intento desesperado de La Moneda por blindar al ministro Fernando Rabat. La exvocera cuestionó con crudeza la actitud del mandatario, señalando que “es realmente incomprensible, cómo es posible que el Presidente José Antonio Kast siga respaldando políticamente a un ministro que ha mentido, que ha cambiado las versiones, que ha ocultado información, que ha entregado información parcial para seguir con esta lógica de echarle la culpa al empedrado o al gobierno anterior”.
Vallejo desbarató la justificación técnica esgrimida por la cartera, especialmente en el momento en que la Segunda Sala de la Corte Suprema comenzó a aplicar un criterio estricto en defensa de las víctimas —rechazando 33 requerimientos y acogiendo apenas uno desde junio—. Asimismo, calificó de insólita e indolente la tesis del ministro de asumir como un «derecho» lo que en realidad eran argumentos calcados de los abogados defensores de los propios criminales, afectando casos tan desoladores como el de un padre que violaba sistemáticamente a su hija de 11 años.
Fue ahí donde la exministra advirtió que no se puede mirar esta crisis con ingenuidad, pues “el sector que nos gobierna es pinochetista. Han buscado por distintas vías rebajar penas, indultar o liberar por razones ‘humanitarias’ a los presos de Punta Peuco”. Trajo a la memoria el proyecto de conmutación de penas empujado con anterioridad por parlamentarios de derecha, una iniciativa que abría las celdas a condenados de lesa humanidad mezclándolos mañosamente con reos comunes por narcotráfico y abusos. Recordó, además, que el propio Rabat fue abogado defensor de Augusto Pinochet, lo que revela un hilo conductor ideológico que busca barrer con años de lucha de las agrupaciones de familiares y víctimas para consagrar la impunidad.
El diálogo derivó rápidamente hacia el desplome del gobierno en la percepción ciudadana. Ante una reciente medición que sitúa la aprobación de Kast en apenas un 22,1% y su desaprobación encaramada en el 67,5%, Vallejo sostuvo que el fenómeno trasciende una fotografía de encuesta y responde al quiebre de la promesa de bienestar. Para la exvocera, el desencanto es palpable porque a la gente se le vendió orden y crecimiento, pero —en el día a día— solo ha recibido encarecimiento de la vida y cesantía.
Con cifras sobre la mesa, repasó un desempleo que ya roza el 10% —con más de un millón de personas buscando trabajo—, castigando de forma dramática a mujeres y jóvenes arrojados a la precariedad. A eso sumó el golpe al bolsillo propinado por el «bencinazo», cuando el Ejecutivo prefirió no contener las alzas mediante el Mepco, desatando una ola inflacionaria en el transporte de pasajeros y de carga que terminó encareciendo los alimentos más básicos.
La tijera fiscal del gobierno, denunció, se ensañó contra los sectores vulnerables recortando programas de derechos sociales como Yo Elijo Mi PC, al tiempo que su única gran apuesta en seguridad naufragó al tratarse de una reforma autoritaria orientada a concentrar poder y restringir libertades civiles más que a combatir el crimen organizado.
Frente al llamado a la calma que suele hacer el ministro de Hacienda, Mario Quiroz, prometiendo que las rebajas tributarias a las grandes fortunas atraerán inversiones milagrosas, Vallejo fue tajante. Afirmó que “el ministro Quiroz representa un fanatismo ideológico neoliberal extremo. Quieren extremar un modelo que está agotado hace al menos 16 años. Todo lo que se hace y legisla es a favor de la gran empresa y no de las familias trabajadoras”. Sostuvo que el Ejecutivo dio prácticamente por perdido el año y apuesta ciegamente a que un eventual repunte minero maquille las cifras, desentendiéndose de un país donde el aparato productivo sigue estancado y dependiente de la mera renta.
La conversación también abrió espacio al tablero internacional. Camila Vallejo venía de presenciar en terreno la histórica segunda vuelta electoral en Brasil, invitada por el Partido de los Trabajadores y la Internacional Progresista. Calificó la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva como un triunfo colosal de la movilización popular frente a una derecha bolsonarista fuertemente articulada con sectores milicianos y apadrinada por Donald Trump. En su lectura, este hito reconfigura el mapa geopolítico de América Latina, marcando una barrera de dignidad contra la pretensión de subordinar la región a los intereses imperiales.
Sin embargo, Vallejo advirtió que las batallas contemporáneas van más allá de la defensa de los recursos naturales o el rechazo a la intervención militar. Alertó que la soberanía de los pueblos hoy se juega en un terreno inédito: “La soberanía de América Latina también pasa por lograr soberanía en torno al control cognitivo que está teniendo el capital financiero tecnológico en manos de unas pocas grandes empresas como Meta, Amazon o Google”, monstruos corporativos capaces de modelar la opinión pública mediante el manejo masivo de datos y algoritmos.
Hacia los minutos finales del programa, consultada por sus constantes viajes a México, la dirigenta compartió los detalles de su actual tarea formativa. Vallejo fue convocada para dirigir una escuela de liderazgo impulsada por la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS), un organismo que atesora un especial vínculo histórico con la izquierda latinoamericana al haber sido fundado en 1942 por Salvador Allende. La iniciativa reúne a un centenar de jóvenes líderes de todo el continente —dirigentes estudiantiles, sindicales, campesinos y comunicadores comunitarios—, comenzando con una intensa semana de inmersión formativa presencial en Ciudad de México para luego continuar con un acompañamiento técnico y político a lo largo del año.
El objetivo, explicó, es dotar a las nuevas generaciones de herramientas para incidir en debates cruciales como la protección del empleo, la salud y la seguridad social. Mirando en perspectiva su propia trayectoria desde las movilizaciones estudiantiles, la exministra cerró su paso por la radio con un mensaje de optimismo y compromiso generacional: “Los jóvenes se están movilizando y organizando en sus comunidades. Quienes fuimos dirigentes en nuestra juventud tenemos la responsabilidad de abrir espacios y formar a las nuevas generaciones, porque las necesitamos para transformar el presente y el futuro”.
Con Información de elsiglo.cl




