Colombia se vio afectada el lunes 10 de agosto por un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en el departamento del Chocó, que causó víctimas fatales y derrumbes de edificios en varias ciudades. Seis semanas antes, el 24 de junio, Venezuela había sufrido dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 separados por 39 segundos en el estado Yaracuy, que dejaron cerca de 800 edificaciones colapsadas y pérdidas económicas estimadas entre USD 4.700 y 8.700 millones. En Chile, estos eventos reactivaron la pregunta sobre qué ocurriría si llegara un sismo de gran magnitud, teniendo como referencia el terremoto del 27 de febrero de 2010.
El Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile estima una probabilidad del 65% de un terremoto de magnitud 8 o superior en el norte del país. La zona norte acumula lo que los sismólogos denominan un “silencio sísmico”: décadas sin un gran movimiento que libere la energía que genera continuamente la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana. El director del CSN, Sergio Barrientos, ha cifrado públicamente esta probabilidad en 65%, aunque subraya que los terremotos no se pueden predecir, solo estimar probabilidades.
Especialistas de Gallagher Chile afirman que el país dispone de uno de los sistemas de protección sísmica más robustos del planeta. La solidez del sistema asegurador chileno frente al riesgo sísmico se asienta sobre tres factores concretos. El primero es regulatorio: la normativa chilena exige que las aseguradoras respalden con reaseguro al menos el 10% de su exposición en zonas de alto riesgo sísmico. Esta normativa obliga a provisionar más capital del que los modelos internacionales de pérdida probable, elaborados por firmas como RMS y Verisk, consideran necesario para cubrir el peor escenario plausible.
El segundo factor es la distribución internacional del riesgo. El reaseguro actúa como un seguro de los seguros: cuando las pérdidas superan la capacidad de absorción de las aseguradoras locales, el riesgo está cedido a reaseguradoras globales con base en mercados como Londres, Zúrich o Tokio. Ante un gran terremoto en el norte, una parte sustancial del pago a los asegurados provendría de capital ya comprometido fuera del país.
El tercer factor es el historial. El terremoto del 27 de febrero de 2010, uno de los cinco más grandes de la historia sísmica registrada, sometió al sistema a una prueba de estrés real. Las pérdidas económicas alcanzaron USD 30 billones, con una pérdida asegurada de USD 8 billones; el 95% fue absorbido por reaseguradoras internacionales. En un solo día, el volumen de siniestros registrado equivalió a diez años de actividad ordinaria en el ramo de Daños. De las aproximadamente 189.400 solicitudes de seguro de vivienda presentadas, cerca del 99% fueron pagadas dentro del mismo año del evento.
Roberto Molina, Director de Gallagher Re, comenta: “El mensaje es de tranquilidad y preparación: el país cuenta hoy con las herramientas, la capacidad financiera y la experiencia para enfrentar estos eventos”.
Con la exposición sísmica en gran medida gestionada, la industria mira hacia otro frente. En la última década, las pérdidas económicas acumuladas por eventos climáticos en Chile —inundaciones, marejadas, vientos extremos e incendios urbanos— han superado en monto a las generadas por sismos. En Estados Unidos, los incendios forestales provocaron daños que superaron los 65.000 millones de dólares solo en 2025. El cambio climático aumenta la frecuencia y severidad de estos eventos, obligando a la industria a repensar sus modelos de exposición.
La industria apunta a los seguros paramétricos como una de las herramientas más prometedoras para enfrentar el riesgo climático. A diferencia del seguro convencional, que requiere verificar el daño caso a caso, el seguro paramétrico se activa automáticamente al superar un umbral objetivo y medible, como un determinado nivel de precipitaciones. Según Molina, “el mecanismo es directo: alcanzado el umbral, el pago se efectúa de inmediato por un monto predeterminado, sin burocracia ni peritaje”. El objetivo es proveer liquidez rápida a quienes más la necesitan tras una emergencia. En el sector agrícola chileno ya operan con resultados positivos, pero extenderlos al ámbito urbano requeriría que la regulación, a través de la Ley Fintech, habilite expresamente ese uso.
El gran sismo del norte puede llegar o no, y la ciencia no puede precisar cuándo. Pero el sistema financiero y asegurador que Chile ha construido en las últimas décadas es uno de los más sólidos del mundo para absorber ese impacto. Mientras perfecciona esas herramientas, la industria ya trabaja en los instrumentos que necesitará para el siguiente desafío: el que viene con el cambio climático.
Con Información de www.coquimbonoticias.cl




