Un sismo de magnitud 7,2 se registró en Perú el jueves a las 13:00 horas locales (14:00 horas de Chile). El epicentro se ubicó a 35 kilómetros al norte de Coracora, en la provincia de Parinacochas, región de Ayacucho. A pesar de la energía significativa liberada por el movimiento, que fue percibido con diversa intensidad en varias zonas del país, las autoridades locales y organismos de emergencia descartaron daños graves o víctimas inmediatas.
La razón principal por la que el sismo no causó una catástrofe fue su profundidad. El movimiento telúrico se registró a 108 kilómetros de profundidad, lo que según el periodista peruano Jesús Verde de Radio Exitosa, amortiguó el impacto en la superficie y evitó el colapso de viviendas o emergencias en hospitales.
La Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú descartó la posibilidad de tsunami. En Chile, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA), a través del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), confirmó que el evento no reunía las condiciones para generar un maremoto en las costas chilenas.
Este temblor se suma a una actividad sísmica constante registrada en Perú durante todo el 2026. El mismo miércoles, Lima experimentó un sismo de magnitud 4,8.
Sin embargo, la aparente ausencia de daños tras el sismo de Ayacucho no debe generar complacencia. Semanas atrás, un sismo de magnitud cercana a 5,0 en la región de Junín dejó un saldo de al menos cinco personas fallecidas. La diferencia radica en la profundidad de la liberación de energía y en la precaria preparación estructural de las zonas rurales en comparación con las urbes costeras.
La lección de este evento es que la seguridad ante terremotos no puede depender de la profundidad de los sismos o de si ocurren cerca de grandes capitales. Mientras Lima y Santiago cuentan con mayores estándares de fiscalización constructiva, provincias interiores como Ayacucho y Junín enfrentan vulnerabilidad habitacional histórica.
Para evitar que sismos de menor escala sigan causando muertes en regiones rezagadas, la planificación debe ir más allá de comités de emergencia centralizados. Se requiere un plan de reforzamiento estructural de viviendas de adobe y material ligero en zonas rurales, liderado por gobiernos regionales. Solo descentralizando la prevención se podrá dejar de depender de la profundidad de los terremotos para salvar vidas.
Con Información de desenfoque.cl

