Pedro Crovetto. Bochum, Alemania. «El Siglo». 11/10/2026.
Después del triunfo indiscutible de Die Linke en Berlín, se desató una feroz ofensiva política destinada a impedir que la izquierda, legítimamente respaldada por las urnas, pudiera formar gobierno junto con la socialdemocracia (SPD) y Los Verdes (Die Grünen).
Berlín es simultáneamente una ciudad y uno de los 16 estados federados (Länder) de Alemania. Es la capital política del país y sede del Bundestag, del Gobierno federal y de numerosas instituciones nacionales. Con más de 3,5 millones de habitantes, es también el mayor centro urbano del este de Alemania. Su importancia trasciende ampliamente lo institucional: Berlín es un destacado centro económico, cultural, científico y mediático. Su peso simbólico es enorme, no solo en Alemania y Europa, sino también en el mundo.
Acusaciones como que la democracia estaba en peligro, que la izquierda era antisemita, que apoyaba a clanes delictivos o que sus políticas pondrían en peligro la economía llenaron los periódicos y las redes sociales. El objetivo parecía claro: construir un clima político en el que cualquier acuerdo entre Die Linke, el SPD y Los Verdes pudiera ser presentado como una amenaza para Berlín.
Hay un elemento especialmente significativo: la presión para impedir un gobierno encabezado por Die Linke no procedió únicamente de la CDU. Desde distintos sectores políticos se intentó convencer al SPD berlinés de que excluyera a la izquierda de la futura coalición. Entre quienes se pronunciaron en este sentido hubo incluso figuras históricas del propio campo socialdemócrata, como Wolfgang Thierse, antiguo presidente del Bundestag por el SPD, y Joschka Fischer, exministro de Exteriores y vicecanciller de Los Verdes, cuyo enorme peso histórico dentro de su partido otorgó especial relevancia a su llamamiento contra una coalición dirigida por Die Linke.
La presión llegó también desde las más altas esferas de la política alemana. El propio canciller Friedrich Merz intervino directamente para pedir al SPD y a Los Verdes que impidieran que Die Linke encabezara el Gobierno de Berlín. Desde Brandeburgo, el ministro-presidente socialdemócrata Dietmar Woidke llegó a calificar a sectores de Die Linke de antisemitas y de mantener vínculos con estructuras de clanes criminales, presentando incluso un eventual gobierno de izquierdas como un riesgo para la seguridad de Berlín.
Sin embargo, pese a esta presión, la dirección del SPD berlinés optó por respetar el resultado electoral y negociar con la fuerza más votada. No lo hizo por ingenuidad, sino también porque es consciente de que una nueva alianza con la CDU, después del descalabro electoral del SPD, podría profundizar todavía más su pérdida de identidad y de electorado. El acuerdo con Die Linke y Los Verdes representa, por tanto, algo más que una simple combinación aritmética: expresa una disputa por el futuro político de la socialdemocracia alemana.
¿Qué puede explicar el encono de la democracia cristiana?
En opinión del autor, no se trata únicamente de un problema político o ideológico, sino también de una cuestión práctica, administrativa y, sobre todo, de poder. Si la CDU continúa perdiendo votos y se mantiene en torno al 17 %, una alianza con la socialdemocracia y Los Verdes podría dejar de garantizarle una mayoría parlamentaria en las próximas elecciones parlamentarias. Esto podría obligarla a afrontar escenarios que hoy resultan especialmente incómodos: tener que llegar a acuerdos con la izquierda o aceptar ser el socio minoritario de una coalición con la extrema derecha del AfD.
Ambos escenarios supondrían un serio problema para la CDU y podrían profundizar su crisis. De ahí que la batalla por Berlín no sea únicamente una disputa sobre quién debe ocupar la Alcaldía o qué coalición debe gobernar la ciudad. Es también una lucha por definir el futuro del sistema político berlinés y, en cierta medida, por determinar hacia dónde se desplazará el centro de gravedad de la política federal alemana.
Con Información de elsiglo.cl




