Según se expone, la tarea histórica de la clase trabajadora consistiría en superar la sociedad de su tiempo y edificar una que el autor describe de manera imprecisa como una sociedad de «hombres libres», «trabajadores inteligentes y honestos», etc. Emplea las expresiones «porvenir», «nueva sociedad» y, especialmente, «socialismo», cada vez con más frecuencia y más sistemáticamente a partir de la fundación del POS en 1912, su primer congreso en 1915 y 1917, después del triunfo de la revolución rusa.
Hernán González. Profesor. Valparaíso. 11/10/2026.
Las ideologías —término acuñado por un grupo de pensadores franceses posteriores a la Gran Revolución para aludir a sus ideas vinculadas con la administración, la educación y la economía— preferían las definiciones generales del objeto de sus preocupaciones y teorías y solo después extraían conclusiones que, por lo común, las confirmarían para ser aplicadas y así transformar finalmente la sociedad y el Estado. Estos pensadores y su forma de proceder tuvieron una gran influencia en Chile, desde Andrés Bello en adelante.
Esta concepción fue refundida y combinada, durante la formación de la República, con el liberalismo político y otras teorías como las del contrato social que, según se enseña en los textos escolares de historia de Chile, provienen de la Ilustración.
Todo lo que escribe Recabarren es una polémica contra este tipo de concepciones.
Su obra escrita y sus realizaciones son, más bien, una interpelación a las clases dominantes y al poder, y por lo tanto a su incapacidad para contenerla y representarla realmente.
Es precisamente esa negación, frente al carácter abstracto y desconectado de la sociedad real de todos estos principios y teorías de los pensadores de su época y anteriores, la que corresponde aproximadamente a la del «centenario».
Recabarren se refiere a ellos explícitamente en sus escritos. Cita y critica a Barros Borgoño, Matta, Vicuña Mackenna, Orrego Luco, al poeta Víctor Domingo Silva y a otros para referirse a su incapacidad de reconocer el carácter histórico de la realidad social de su época, marcada por la desigualdad, la exclusión y el sometimiento de las clases trabajadoras, características reunidas en el concepto y el debate de la llamada «cuestión social».
En efecto, cuando las teorías de estos «ideólogos» de la República —quienes generalmente ocupaban puestos importantes en el sistema político, además de la academia y la prensa de su época— entraban en contradicción con lo social o eran incapaces de explicarlo, se encargaban de tratar de hacerlas coincidir con una violencia que comienza con la llamada «pacificación de la Araucanía» y luego se expresa en las matanzas de Valparaíso en 1903, Iquique en 1907 y San Gregorio en 1921, por citar solo algunos ejemplos.
En sus escritos, Recabarren insiste en la desigualdad como la característica más determinante de su época. Señala, más que una identidad definitiva, el «déficit» que la caracterizaría en la realidad; llama la atención sobre aquello que el trabajador y la trabajadora (usa reiteradamente la expresión «trabajadores de ambos sexos») no son y que el discurso oficial de su época, en cambio, afirma. Precisamente por eso, lo que define principalmente el pensamiento de Recabarren es «la diferencia». Se inserta dentro del amplio y profundo fenómeno social que es la irrupción de la clase trabajadora en la historia de Chile, como negación de la República oligárquica, la ideología que la sostiene y sus resultados.
Es su mejor intérprete, no solo ni exclusivamente por su obra organizativa, propagandística, educativa y cultural, sino porque a través de ella trata de dar forma a este movimiento, a la clase de la que siente parte, razón por la que se definió como «intelectual obrero». Esto es, busca otorgar un sentido que vaya más allá de la pura denuncia de las condiciones materiales que le dan origen, para conferirle un significado moral que inserta en el desarrollo general de la humanidad.
Esta diferencia expresada por el movimiento obrero y la clase trabajadora como negación de la sociedad capitalista, en el pensamiento de Recabarren, solo alcanzará la plenitud de su significado, por lo tanto, en una nueva sociedad. Es justamente el sentido que colmaría esa diferencia que representa la clase trabajadora y las diversas expresiones políticas que, en ese entonces, trataban de otorgar una forma y un significado a su existencia, negadas a su vez por la República, tal como se había ido conformando desde el triunfo de la Revolución de la Independencia.
La exclusión y explotación de que es víctima también la viven los trabajadores de otras partes del mundo; pero también las mujeres y «los trabajadores de las haciendas». Todos ellos, todos los que, como dice, «viven a salario», son objeto de una consideración similar por parte de Recabarren, dado el carácter «universal» que asigna a la explotación, que describe como «esclavitud servil», «esclavitud universal», «sangrienta explotación» y otras expresiones que delatan su significado moral y aparentemente cumplirían la función de incitar a la acción.
La experimentan los trabajadores y trabajadoras en su vida cotidiana y no solamente en el trabajo, a través, por ejemplo, del comercio —fuente particularmente importante de sometimiento en las descripciones de Recabarren sobre las condiciones de explotación de la clase trabajadora de su época— y de las leyes que la refuerzan, la legitiman jurídica y políticamente y reproducen las condiciones que la harían posible. Utiliza la palabra «tiranía» para referirse a este aspecto de su vida y a la República oligárquica, que para él es la negación de los principios de democracia y soberanía que habían inspirado la revolución emancipadora.
La tarea histórica de la clase trabajadora sería, pues, superar la sociedad actual y construir una que define de forma vaga como una sociedad de «hombres libres», «trabajadores inteligentes y honestos», etc. Emplea las expresiones «porvenir», «nueva sociedad» y, especialmente, «socialismo», cada vez con más frecuencia y más sistemáticamente a partir de la fundación del POS en 1912, su primer congreso en 1915 y 1917, después del triunfo de la revolución rusa.
De manera que la negación, para Recabarren, no desemboca en un desencanto desesperado, sino en un llamado a la acción y en la convicción de que solo la actividad práctica de trabajadores y trabajadoras —con toda la vaguedad que ese concepto tiene en sus escritos— hará posible la construcción de una nueva sociedad. Por esa razón dedica prácticamente treinta años de su vida a la construcción de un partido de los trabajadores. Por ello, además, insiste en la necesidad de disputar el poder político sin desestimar ninguna herramienta, incluida la lucha legal, electoral y parlamentaria.
El esfuerzo de Recabarren se inserta en el desarrollo de la historia de Chile y se proyecta a todo lo largo del siglo XX, y lo sigue haciendo hoy, o debiera hacerlo, porque se comprende a sí mismo como surgido de las mismas condiciones de la sociedad de su época. No para comentarla ni para concebir su desarrollo y evolución como un proceso de perfeccionamiento de unos valores espirituales completos y definitivos, sobre los cuales ir acumulando nuevos logros. Para Recabarren, el cambio proviene, al contrario, de su negación, la que a su vez contiene valores como democracia, igualdad, pueblo y soberanía, que subsisten incompletos, muchas veces ocultos, por condiciones históricas, políticas y sociales, en este caso el predominio de la oligarquía, que impiden su realización y que solo una nueva sociedad sería capaz de cumplir.
En tiempos en que el fascismo recurre al «cambio» como consigna y presenta las condiciones de explotación, sometimiento cultural, exclusión y discriminación como si se tratara de lo nuevo, es necesario recuperar estos aspectos del pensamiento y la práctica de Recabarren. No conoció y, por lo tanto, es inconcebible buscar respuestas a fenómenos como el fascismo, las redes sociales o la crisis climática en sus escritos. Pero hay una ética, una actitud moral y un posicionamiento frente a la actualidad que le sirvieron para formar un movimiento nacional popular que incidió en la historia del siglo XX, explican su permanencia y son tan vigentes como entonces, mientras sigan existiendo condiciones de explotación, subordinación cultural y exclusión social que impidan la realización de una humanidad libre como la que él soñó.
Con Información de elsiglo.cl



