Miércoles, 4 de Noviembre de 2026
Nacional

Lautaro Carmona expone los desafíos de la izquierda en el XVI Foro Mundial del Socialismo

El presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona Soto, intervino en el XVI Foro Mundial del Socialismo, realizado en Pekín el 4 de noviembre de 2026, donde abordó la construcción del partido revolucionario, los desafíos de las fuerzas marxistas y una perspectiva estratégica común del socialismo.

En su discurso, Carmona agradeció la invitación y saludó al Partido Comunista de China por sus 105 años de lucha. Sostuvo que pocas organizaciones políticas pueden exhibir las conquistas de ese partido, especialmente en un momento en que la humanidad enfrenta una profunda e inédita crisis provocada por la globalización neoliberal. También expresó su agradecimiento a la Academia de Ciencias Sociales, al Centro de Estudios del Socialismo y a quienes hicieron posible el encuentro.

El dirigente chileno señaló que proviene de un país muy distinto y lejano. Recordó que su partido fue fundado en 1912 por Luis Emilio Recabarren en el norte de Chile y que, en 114 años, ha estado en el gobierno, en la clandestinidad, en la cárcel y en la oposición; ha sido proscrito por ley y ha visto desaparecer a dos de sus direcciones clandestinas completas durante la dictadura.

Carmona manifestó que era un honor participar en el intercambio de visiones y experiencias de lucha de países y pueblos que, desde distintas latitudes y realidades, llegaron a China para compartir los desafíos planteados por el pensamiento del camarada Xi Jinping. Afirmó que nadie es un mero espectador en la disputa sobre el modelo civilizatorio que primará en la vida política, económica, social y cultural de la humanidad futura, y menos los comunistas, forjados en la lucha por abrir paso a la transformación social y al socialismo.

Según el presidente del PC chileno, los propios gestores del modelo neoliberal reconocen su crisis terminal y lo han declarado obsoleto. Sostuvo que afirman que su modelo de dominación dejó de ser gestionable y plantean una suerte de refundación del capitalismo que, mediante el control de las nuevas tecnologías, permitiría implantar un sistema de control mundial asociado a una nueva modernidad capitalista.

Carmona denunció que el imperialismo actúa en diversas esferas contra civilizaciones y gobiernos que su ideología considera “disfuncionales” a sus propósitos. Guiados por la Doctrina Monroe y su eslogan “América para los americanos”, dijo, consideran a los pueblos de América Latina y el Caribe su “patio trasero”. Mencionó que agudizan el bloqueo criminal contra Cuba, secuestran al presidente Maduro en Venezuela, utilizan todos sus recursos para manipular los procesos electorales y presionan a los países fustigando sus relaciones con China y con todo país que escape de la hegemonía imperial.

El dirigente afirmó que el inquilino de la Casa Blanca ya declaró su pretensión de control sobre el Canal de Panamá, la Amazonía, la Patagonia y la Antártica, territorios que considera “de importancia estratégica para la seguridad hemisférica”. En el último caso, explicó, lo motiva su intención de controlar el paso entre los océanos Atlántico y Pacífico, dada su importancia militar y como ruta comercial, además de sus recursos naturales.

También advirtió que la derecha internacional coordina sus pasos con gobiernos alineados ideológicamente para adecuar el conservadurismo a sus propósitos neocoloniales y neofascistas, en oposición a toda visión siquiera progresista, para promover el guerrerismo, reeditar su doctrina de seguridad nacional y adecuar la economía al servicio de los grandes poderes capitalistas del mundo.

En ese tablero geopolítico, en una comunidad mundial asediada por la agudización de la desigualdad, el belicismo, la crisis ambiental, el intervencionismo y la amenaza, Carmona consideró que América Latina y el Caribe en su conjunto adquiere una relevancia estratégica para el futuro de toda la humanidad. Añadió que los nuevos sistemas de control y dominación imperialista han permitido a la derecha ganar elecciones y trazar un nuevo escenario regional, exponiendo a los pueblos a la incertidumbre sobre su destino cuando no cuentan con una alternativa de transformaciones que sientan propia y puedan levantar en sus manos.

El presidente del PC chileno informó que su reciente Conferencia Nacional reafirmó la convicción de avanzar hacia una Revolución Democrática, cuya base es la contradicción creciente entre neoliberalismo y democracia. Bajo la globalización neoliberal, dijo, se ha extremado la concentración de la riqueza, la intervención descarada de la soberanía nacional y la injerencia imperial.

Para Carmona, la bandera de la profundización de la democracia tiene un contenido primordial y revolucionario, porque en Chile no existirá una verdadera democracia con los actuales niveles de concentración de la riqueza; con los sectores que apoyaron el golpe de Estado y la dictadura fascista; con el control de la prensa por los grandes grupos económicos; en medio de la campaña de demonización de las organizaciones sociales y del movimiento sindical, del negacionismo, la corrupción, la militarización del territorio mapuche y el enrolamiento de la nación en el Escudo de Las Américas.

Recordó que en los años noventa Gladys Marín, secretaria general de su partido, colocó en el centro la necesidad de una ruptura de fondo con el modelo neoliberal mediante la movilización popular por la profundización de la democracia.

En ese punto, citó: «La vida nos muestra que cada pueblo define su propio camino de acuerdo con sus propias realidades y su historia, pero que a la vez aprendemos de las otras experiencias y coordinamos nuestras luchas en torno a las causas comunes que nos unen. También lo hacen nuestros enemigos de clase, que acaban de congregarse en Santiago para coordinar sus políticas imperiales en toda América Latina».

Carmona sostuvo que la experiencia del Partido Comunista de China constituye un referente más allá de sus fronteras geográficas, en la medida en que logró el respaldo mayoritario del pueblo al colocarse al frente de sus necesidades objetivas y constituirse en una fuerza que desarrolló su organización, la conciencia popular y un proceso exitoso basado en el respaldo de la mayoría para la construcción del socialismo.

Afirmó que esa experiencia de construcción de una sociedad diferente y exitosa en el desarrollo nacional, que juega un rol determinante en la defensa de la paz mundial, el multilateralismo y las relaciones de igualdad entre los pueblos, contrasta con la catástrofe del capitalismo neoliberal. No es casualidad, dijo, que China sea el objetivo de fondo de la política exterior del imperio en decadencia, y consideró un deber ineludible de los comunistas y la izquierda defender su soberanía y difundir sus logros.

Según Carmona, el Partido Comunista de China ha conjugado los intereses de los trabajadores con los principios del marxismo, incorporando las nuevas contradicciones planteadas por la historia de acuerdo con sus particularidades nacionales y el escenario internacional. Mencionó conceptos promovidos por Xi Jinping: que no basta luchar contra el viejo mundo si no se levanta al mismo tiempo uno nuevo que lo reemplace; la necesidad de innovar sin renunciar a los principios ni asimilarlos como un dogma; trazar un horizonte de futuro que resguarde al pueblo de navegar a la deriva; y la construcción de una nueva democracia y concepción del desarrollo. A su juicio, esas referencias tienen alcance universal para los comunistas.

El dirigente chileno expresó que los comunistas de su país enfrentan la construcción de partido bajo los rigores impuestos por el capitalismo, con el agravante de que los pueblos no pueden sostenerse eternamente en crisis, que por definición son transitorias y necesariamente deben encontrar una salida, la cual puede darse a favor o en contra de los intereses populares. “Es eso lo que hoy está en juego”, señaló.

Recordó que Luis Emilio Recabarren, fundador del Partido Comunista de Chile, fundó en 1919 la Federación Obrera de Chile (FOCH), lo que constituyó una señal de la relación inseparable entre la vida del partido y el desarrollo de la organización y la conciencia del proletariado como base de las transformaciones reales.

Asimismo, sostuvo que el principio de construcción del socialismo conforme a las particularidades chinas adquiere un valor universal ante la diversidad política, económica y cultural de los pueblos, en el objetivo común de superar la dominación imperial, pero a partir de su realidad concreta y específica. Dijo que hicieron propia la afirmación de Mariátegui de que el socialismo “no es calco ni copia” de otro proceso, sino “creación heroica de los pueblos” a partir de su propia realidad. Esas palabras, agregó, fortalecieron su vigencia en el Gobierno Popular del presidente Salvador Allende, que definió la inspiración de su mandato como un proceso en la perspectiva del socialismo a la chilena.

Carmona explicó que la base política y social de ese proceso fue la conducción compartida de los partidos de la Unidad Popular en torno al objetivo común de avanzar al socialismo, bajo el principio de unidad en la diversidad como expresión de la unidad del pueblo. Añadió que la construcción del socialismo no es una idea abstracta y cobra vida en la medida en que acoge las contradicciones propias de cada período histórico.

Para los comunistas latinoamericanos, continuó, es necesario que la región enfrente los efectos de un diseño común del imperio que abarca a todos, con consecuencias que ninguno de los pueblos podrá resolver en solitario, tal como la Revolución China logró unir a su pueblo para dar respuesta a sus problemas. Mencionó que la agresión a las soberanías, la crisis migratoria, las sanciones unilaterales y el bloqueo, o los efectos de la crisis ambiental, traspasan las fronteras nacionales y demandan ser afrontados en conjunto.

Respecto del pensamiento sobre la construcción del partido, Carmona destacó que el propio Partido Comunista de China ha insistido en que cada pueblo debe encontrar su camino y ha llamado a combinar los principios del marxismo con la realidad concreta de cada país. “Esa es, quizás, la primera lección: un partido marxista que no lee su propia realidad deja de ser marxista”, afirmó.

Luego planteó tres ideas del pensamiento de Xi Jinping sobre la construcción del partido que considera de alcance universal para las fuerzas de izquierda. La primera es la idea de la auto revolución: un partido que llega al poder, o que se acerca a él, enfrenta un riesgo que no viene del adversario sino de sí mismo, como la burocratización, la distancia con la gente, la comodidad de los cargos y la corrupción. La respuesta china, dijo, ha sido sostener que el partido debe someterse a una transformación permanente, con disciplina estricta y autocrítica real. Añadió que ningún partido del mundo está vacunado contra esos riesgos.

La segunda es el vínculo orgánico con las masas. Según Carmona, la fuerza de un partido no se mide por sus votos en un momento dado, sino por su capacidad de estar presente en la vida cotidiana del pueblo: en el lugar de trabajo, en el barrio, en la escuela y en las organizaciones sociales. Cuando ese vínculo se debilita, el partido queda reducido a una maquinaria electoral.

La tercera es la formación ideológica y la unidad de propósito. Sostuvo que un partido sin teoría se dispersa ante la primera dificultad, mientras que un partido que estudia, discute y luego actúa con unidad puede resistir derrotas y volver a levantarse.

Al referirse a la historia de su propia colectividad, Carmona afirmó que la primera lección es que la unidad amplia es una necesidad, no una concesión. Aprendieron que los cambios profundos en Chile solo son posibles cuando la clase trabajadora construye alianzas con sectores medios, con otras fuerzas de izquierda y con el progresismo. Esa política de unidad, dijo, sigue siendo su línea.

La segunda lección, agregó, es que la democracia y los derechos del pueblo hay que defenderlos siempre. Manifestó que no cree que las derrotas se expliquen solo por el adversario. En su Conferencia Nacional, contó, se preguntaron qué hicieron mal, y una de sus conclusiones coincide con lo que plantea el pensamiento sobre la construcción del partido: necesitan volver a ser, en el centro de todo, un partido de masas; un partido que no solo gestiona desde el Estado, sino que organiza, escucha y lucha junto al pueblo; un partido que se revisa a sí mismo sin miedo.

Carmona advirtió que los desafíos comunes de los partidos marxistas en el mundo viven un momento peligroso. Frente a ese escenario, planteó tareas comunes: renovar la relación con las nuevas generaciones de trabajadores, que viven en la precariedad y en la economía de plataformas; dar la batalla de las ideas en el terreno digital, donde hoy se forma buena parte de la conciencia política; y construir partidos que sean al mismo tiempo firmes en sus principios y abiertos a la sociedad.

Terminó con una reflexión internacionalista. Señaló que la propuesta de construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad tiene un valor especial para países como Chile, pequeños y alejados de los centros de poder. Un orden mundial basado en el respeto a la soberanía, la cooperación y el desarrollo compartido es la condición para que los pueblos puedan decidir su propio camino.

Finalmente, afirmó que los comunistas chilenos seguirán trabajando por la integración latinoamericana, por la paz, por la solidaridad con los pueblos que resisten y por el fortalecimiento de los lazos entre sus partidos. “Este Foro es una muestra de que ese diálogo es posible y necesario. Muchas gracias”, concluyó.

Con Información de elsiglo.cl

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Redacción.

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