El partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) ha consolidado un triunfo histórico en las elecciones regionales del país. Al alcanzar un 44% de los sufragios y asegurar 40 escaños, la colectividad quedó a un paso de la mayoría absoluta. Este resultado abre la puerta al primer gobierno regional de una fuerza de ultraderecha en Alemania desde el término de la Segunda Guerra Mundial, lo que ha generado una ola de preocupación y debate en el resto del continente.
La victoria de la fórmula liderada por Ulrich Siegmund y secundada por la presidenta de la colectividad, Alice Weidel, se tradujo en una contundente derrota para el oficialismo. El partido tradicional Unión Demócrata Cristiana (CDU), encabezado por el canciller local Friedrich Merz, sufrió un duro revés al obtener apenas un 17,1% de los sufragios y 16 escaños.
Los análisis coinciden en que el resultado representa un voto de castigo directo hacia la administración de Merz, debido principalmente al descontento social con el manejo de la inmigración y un estancamiento económico que se prolonga por casi siete años. De acuerdo con las encuestas de opinión, un 59% de los electores consideró que el Ejecutivo merecía esta amonestación en las urnas. Además, el respaldo a la AfD demostró una movilización transversal que superó barreras demográficas tradicionales, consolidándose como la fuerza más votada tanto en hombres como en mujeres, y de igual manera entre jóvenes y adultos mayores.
Este avance político rompe el aislamiento histórico que mantuvo a la extrema derecha alejada de la gobernanza alemana. A nivel regional, la obtención del gobierno local otorgaría a la AfD la potestad para controlar áreas sumamente sensibles, tales como la policía local, los planes de educación pública y la gestión de la cultura.
A nivel internacional, el triunfo también genera incertidumbre geopolítica. La AfD ha manifestado de manera abierta su rechazo a que Alemania continúe suministrando armas a Ucrania en su conflicto bélico contra Rusia, una postura que tensiona la política de defensa del bloque europeo.
Las reacciones de rechazo y cautela no tardaron en llegar desde diversas naciones vecinas. El ministro de Asuntos Europeos de Francia, Benjamin Haddad, calificó la situación como “un momento grave para Europa”. Incluso dentro de las corrientes nacionalistas europeas se evidenciaron distancias; Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional francesa, recordó que rompieron relaciones con la AfD en el Parlamento Europeo en 2024 debido a que la consideraban “muy extrema”.
Por su parte, el canciller italiano Antonio Tajani tildó el resultado de “pésima noticia” y acusó a la AfD de sostener una doctrina antitética a los valores liberales y occidentales. En tanto, el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, lamentó el avance de la agrupación, y Terry Reintke, copresidenta de Los Verdes en el Parlamento Europeo, catalogó la jornada como un hito oscuro en la historia de la posguerra, llamando a “todos los demócratas” a unirse frente a los extremismos.
En la vereda opuesta, el líder de VOX en España, Santiago Abascal, felicitó efusivamente a Weidel y Siegmund por lo que llamó un “resultado espectacular que es una gran esperanza”. En una línea similar, Herbert Kickl, presidente del Partido de la Libertad de Austria, celebró la victoria como “un golpe de autoridad democrático”.
Este fenómeno electoral se inserta en una tendencia de crecimiento sostenido de fuerzas nacionalistas, identitarias y euroescépticas a lo largo y ancho del continente. Además de la administración de Giorgia Meloni en Italia, partidos de extrema derecha o nacionalistas lideran o integran coaliciones gubernamentales en la República Checa, Eslovaquia, Finlandia y Croacia. En Suecia, el Ejecutivo gobierna gracias al respaldo legislativo de la ultraderecha. En Francia, Marine Le Pen se perfila como favorita para las presidenciales de 2027 tras moderar el discurso de su partido. Situaciones similares de fuerte consolidación opositora se registran con el partido Chega en Portugal, el FPÖ en Austria, que ronda el 40% de apoyo en sondeos, el PVV en los Países Bajos, la agrupación de progreso en Noruega, y los partidos nacionalistas de Polonia, Hungría y Rumanía. Partidos como VOX en España, Reform UK en el Reino Unido, y agrupaciones nacionalistas en Bélgica, Grecia, Chipre y Bulgaria continúan ganando terreno electoral con discursos centrados en el control estricto de fronteras, la soberanía nacional y la oposición a las políticas de género o cambio climático.
Con Información de desenfoque.cl
