Domingo, 27 de Septiembre de 2026
Nacional

La Tribulación, según Desenfoque.cl

El mundo atraviesa un tiempo de tribulación. No se trata de una guerra declarada ni de una catástrofe aislada, sino de un fenómeno más silencioso y constante.

Eso se advierte en la vida cotidiana: la gente corre, el salario no alcanza y las noticias se suceden sin pausa. Conflictos lejanos que la pantalla acerca, un clima que dejó de seguir los calendarios y una política que se convirtió en trinchera.

Pero la tribulación más honda no está fuera. Reside en un agotamiento interno del que casi nadie habla. La verdad pasó a ser materia de opinión, la comunidad se dividió en pantallas y terminamos conectados con todo, aunque sin arraigo en nada.

Los antiguos denominaban tribulum al rodillo con púas que trituraba el trigo para separar el grano de la paja. No era un castigo, sino un proceso. Provocaba dolor, sí, pero dejaba al descubierto lo esencial.

Puede que eso sea lo que vivimos: una época que nos trilla y nos sacude con fuerza para revelar qué permanece en pie cuando se derrumban los discursos, el ruido y el consumo.

La pregunta, por lo tanto, ya no es si atravesamos una tribulación. La pregunta es qué parte de nosotros es grano y qué parte era únicamente paja.

Para quienes observan desde la fe, esto no resulta nuevo. Ya había sido anunciado.

En la tradición cristiana, la tribulación no es solo sufrimiento humano. Es un tiempo profético. Jesús habló de «días de aflicción cual no la ha habido desde el principio» (Mc 13,19). Juan, en el Apocalipsis, vio «una gran muchedumbre que venía de la gran tribulación» (Ap 7,14).

No se trata de miedo, sino de discernimiento. La Biblia nunca muestra la tribulación como el final, sino como un umbral. Se parece a los dolores de parto: anuncian que algo está por nacer.

Por eso el creyente no interpreta este tiempo solo como una crisis política, ecológica o social. Lo entiende como un tiempo de purificación. El tribulum de Dios también separa el trigo de la cizaña, pero no en el campo ajeno, sino en el propio corazón.

Mientras el mundo se pregunta «¿cuándo terminará esto?», la fe plantea otra cuestión: «¿quién estoy siendo mientras esto dura?».

Porque al final de toda tribulación bíblica aparece siempre lo mismo: un resto fiel, un grano limpio y una humanidad nueva que aprendió a esperar.

Imagen generada por IA

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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