Domingo, 27 de Septiembre de 2026
Nacional

El candidato Kast ya habría solicitado la renuncia al presidente Kast.

El candidato Kast ya le habría solicitado la renuncia al Presidente Kast.

Todavía no se apagan las repercusiones por lo suscrito con Argentina ni las controversias por el Estrecho de Magallanes, y el Gobierno de José Antonio Kast suma una nueva firma que deberá explicar. Esta vez, con Donald Trump y el llamado “Escudo de las Américas”.

Se ha señalado que el acuerdo aborda seguridad, narcotráfico y combate al crimen organizado. Chile requiere cooperación internacional para enfrentar un fenómeno que hace tiempo dejó de respetar fronteras.

Sin embargo, el tema no termina ahí.

La declaración también menciona revisión de inversiones, cadenas de suministro de minerales críticos e infraestructura digital. Es decir, incorpora una dimensión económica relevante.

Tampoco es menor recordar el caso del cable submarino chino entre Chile y Asia, proyecto que quedó en revisión tras las objeciones de seguridad planteadas desde Washington. Cuando la seguridad empieza a definir con quién Chile puede conectarse, invertir o comerciar, la discusión deja de ser técnica y pasa a ser geopolítica.

Chile tiene precisamente lo que las grandes potencias necesitan: cobre, litio, tierras raras y recursos naturales.

No es casualidad que en marzo, apenas asumido el Gobierno de Kast, se firmara con Estados Unidos una declaración sobre minerales críticos y tierras raras, orientada a fortalecer cadenas de suministro, identificar proyectos de interés y explorar mecanismos de inversión.

Mientras tanto, China sigue siendo el principal socio comercial de Chile. En 2025 concentró el 33,3% del intercambio de bienes de Chile y el 36,8% de las exportaciones.

Por lo tanto, conviene dejar de observar el Escudo únicamente desde la seguridad.

Hay algo de mayor alcance en curso.

Estados Unidos busca asegurar cadenas de suministro estratégicas. China también tiene intereses en los recursos chilenos. Y Chile está situado sobre una parte importante de aquello que las grandes potencias necesitan.

Por eso, la pregunta no es si Chile debe relacionarse con Estados Unidos.

Por supuesto que sí.

La pregunta es otra: ¿es Chile capaz de relacionarse con Washington sin convertirse en su patio trasero?

Porque ese concepto no desapareció; cambió de forma.

Antes se hablaba de influencia política y militar. Hoy también se habla de inversiones, minerales críticos, tecnología y cadenas de suministro.

Y ahí la palabra soberanía deja de ser un discurso.

Se transforma en una prueba.

Kast ha hecho del patriotismo una de las banderas centrales de su discurso político. Chile primero. Defensa de los intereses nacionales, soberanía, orden, nación.

Bien.

Entonces ahora corresponde preguntarle por esa soberanía.

Porque es fácil hablar fuerte cuando se trata de defender una frontera frente a Bolivia. Lo difícil es hacer lo mismo cuando al frente está Estados Unidos.

Y la pregunta se vuelve más incómoda tras las declaraciones del excanciller Mariano Fernández, quien aseguró que el canciller Francisco Pérez Mackenna les habría dicho a exministros de Relaciones Exteriores que “era muy difícil para Chile no adherir porque Estados Unidos estaba presionando”.

El Gobierno lo niega. Kast también. El canciller sostuvo que “la única presión es la necesidad de que los chilenos estén seguros”.

Entonces, que se aclare.

Porque si no hubo presión, mejor aún. Que el Gobierno explique cuáles fueron las condiciones que Chile puso sobre la mesa y qué garantías obtuvo.

Pero si hubo presión, la pregunta es inevitable: ¿cómo respondió el Gobierno?

Porque ser soberano no significa pelearse con todo el mundo. Significa saber negociar con todos.

Y saber decir que no cuando corresponde.

Ahí está la diferencia entre tener una política exterior propia y simplemente acomodarse a la política exterior del más poderoso.

Y aquí aparece el verdadero problema del patriotismo de Kast.

No se trata de poner en duda su derecho a defender sus ideas. Se trata de confrontar su discurso con sus decisiones.

Porque el patriotismo no se prueba frente a las cámaras.

Se prueba cuando hay poder al frente, cuando Estados Unidos quiere algo, cuando China quiere algo, cuando Argentina plantea algo.

Y se prueba, sobre todo, cuando decir que no puede tener un costo.

Por eso, la pregunta que queda dando vueltas es bastante simple:

¿Dónde queda el “Chile primero” cuando Washington aprieta?

Y si efectivamente hubo presión estadounidense, aunque el Gobierno lo niegue, hay una pregunta todavía más dura:

¿Kast careció de la entereza para decirle que no a Trump?

Esa es la contradicción que tendrá que despejar el Presidente.

Porque no basta con hablar de patriotismo. Hay que ejercerlo; no basta con levantar la bandera. Hay que defender lo que representa.

Y defender la soberanía no significa elegir entre Estados Unidos y China. Significa que ninguno de los dos decida por nosotros.

Chile tiene algo que ambos quieren: cobre, litio, territorio, posición estratégica y recursos que serán cada vez más importantes.

Eso debería darle a Chile poder de negociación.

No convertirse en patio trasero de nadie, ni de Washington ni de Beijing.

Porque sería bastante triste que, después de tanto discurso sobre soberanía, se termine descubriendo que el patriotismo funcionaba muy bien para las campañas, pero se volvía bastante más pequeño cuando había que plantarse frente a una potencia.

Ahí está la verdadera prueba para Kast: no en el discurso, no en la bandera, no en el patriotismo de palabras.

Sino en la capacidad de decirle que no al poderoso cuando los intereses de Chile están primero.

Porque un país soberano no es el que grita más fuerte que es patriota.

Es el que, llegado el momento, toma sus propias decisiones, defiende lo que es suyo y no acepta ser el patio trasero de nadie.

Con Información de desenfoque.cl

gerente

Redacción.

Deja tu comentario