Lunes, 2 de Noviembre de 2026
Nacional

La democracia se impuso en Brasil y el autoritarismo fue derrotado.

Daniel Dalmao, de la Comisión de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Uruguay, publicó en El Popular el 2 de noviembre de 2026 un análisis sobre las elecciones presidenciales de Brasil. El domingo 4 de octubre, contra todos los pronósticos anunciados por las encuestas, Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con 47% de los votos, por encima de Luiz Inacio Lula Da Silva, que obtuvo 45%. Para el balotaje del domingo pasado, los pronósticos eran, en el marco de un “empate técnico”, favorables a Bolsonaro, pero ganó Lula, quien será presidente de Brasil por cuarta vez.

El diario español El País, en su versión digital para América, decía el 5 de octubre: “La ola ultraconservadora que recorre América Latina se ha apuntado este domingo en Brasil una victoria crucial con visos de ser definitiva en tres semanas”. En su primera declaración tras el triunfo, Flávio Bolsonaro recalcó que “Brasil quiere cambio”, tras agradecer el apoyo de 56 millones de votos, más que su padre en primera vuelta en 2022. “Queda decretado el fin de la era del PT”, añadió, en Brasilia.

A lo anterior se sumaba el hecho constatable de que, desde que las elecciones presidenciales se realizan en Brasil bajo un régimen de segunda ronda o balotaje, si ningún candidato superaba el 50% en primera instancia, nunca ganaba el candidato que pasaba en segundo lugar.

Eso confirma que la remontada de Lula fue histórica y épica. En tres semanas obtuvo más de 10 millones de votos más que en primera vuelta, lo que le permitió superar los 2,2 millones que su adversario le sacó en el primer turno, sumados a los 3,5 millones que este aumentó de un turno al otro, y quedar con una ventaja definitiva de 4,6 millones de votos. En porcentajes, la victoria de Lula sobre Bolsonaro fue de 3,6%.

Los análisis posteriores a estas elecciones apuntan a distintas causas predominantes para explicar el triunfo de la izquierda y la espectacular remontada de Lula. Unos señalan el cambio en la estrategia digital de la campaña, que permitió superar a la derecha en un ámbito que venía siendo su feudo propio y donde predominaba ampliamente; allí aparece, de forma destacada, la figura del diputado Janones, que se puso al frente del llamado “Ejército de Lula”, un canal de WhatsApp que en pocas semanas superó los 10 millones de participantes. Otros destacan las movilizaciones inmediatas a la primera vuelta impulsadas primero por los estudiantes universitarios, a las que se fueron sumando otros sectores.

El artículo plantea que hay que mirar el efecto de las dos herramientas a la vez, dialécticamente, y sumarle otros factores, como las medidas de gobierno llevadas adelante durante todo el período y las tomadas durante la propia campaña, así como el hecho de haber apuntado a determinados sectores de votantes que no habían acompañado a Lula en primera instancia.

Sectores aliados al PT de Lula, como los comunistas del PCdoB, llamaron a dar la pelea “nas ruas e nas redes” (en las calles y en las redes). No una u otra, ni privilegiar una sobre otra, sino las dos a la vez. El efecto fue formidable: se potenciaron ambas herramientas de lucha.

El canal de WhatsApp “Exército do Lula”, comandado por Janones, a quien Lula llamó “nuestro general” la noche del domingo, tuvo un gran impacto. Pero también en este mundo digital jugaron un gran papel unas jóvenes diputadas electas a las cuales Lula puso a su lado esa noche en el hotel Intercontinental de San Pablo y destacó su trabajo. Tampoco fue solo la campaña en redes, sino que estas se vieron inundadas por múltiples iniciativas plasmadas en imágenes, audios y videos de los más diversos contenidos.

Por otro lado, inmediatamente pasado el primer turno se comenzó a ver a estudiantes protagonizando grandes movilizaciones en rechazo a la posibilidad de tener a otro Bolsonaro en el gobierno, porque está muy fresco en la memoria el gran daño producido en el período del padre del derrotado candidato. Movilizaciones por los derechos estudiantiles conquistados y por el futuro, movilizaciones de jóvenes conscientes y comprometidos con la democracia. Muchos se refieren a la “espontaneidad” de esas movilizaciones estudiantiles; puede ser que se las vea de esa forma, por su frescura, su alegría expresada siempre y porque brotaban por todo el Brasil. Pero a poco de indagar y de escuchar a los protagonistas, se puede ver que detrás de ellas está un potente e histórico movimiento estudiantil, organizado, que tomó medidas para convocar a las masas juveniles y que tuvo una formidable respuesta. Este movimiento estudiantil tiene tres organizaciones que trabajan coordinadamente: la UNE, que aglutina a estudiantes universitarios de grado; la UBES, de estudiantes de nivel secundario; y la ANEPG, de estudiantes de posgrado.

Los estudiantes convocaron y lograron integrar a la movilización a otros sectores. Una expresión de esto es la consigna cantada en las marchas con mucha alegría e insistencia: “Trabalhador, olha pra cá: estou na rua pra teu filho estudar” (Trabajador, mira para acá: estoy en la calle para que tu hijo pueda estudiar).

El análisis también considera las medidas llevadas adelante por el gobierno que encabezó Lula: el retorno de las políticas sociales que el padre de Bolsonaro había desechado o disminuido, el aumento de los salarios, la baja inflación, la exención del impuesto a la renta para los salarios más bajos, la creación de empleo, el impulso a la industria nacional, el aumento en el plan “Bolsa Familia”, el plan “Pé de meia” para que los estudiantes de secundaria no abandonen y avancen y el compromiso de extenderlo a nivel universitario, la exoneración de las deudas de los pequeños empresarios, la prohibición del negocio de las apuestas digitales que tanto daño producen, etcétera. Y la gran conquista de la reducción de la jornada laboral semanal sin pérdida salarial: 40 horas semanales, 5 días de trabajo por dos de descanso.

También debe haber incidido favorablemente la decisión expresa de buscar nuevos votos en aquellos sectores que no habían concurrido a votar en el primer turno. Se convocó a los mayores de 70 años, para quienes no es obligatorio el voto, y a los jóvenes entre 16 y 18 años, para quienes el ejercicio del voto es opcional. Se apeló además a los que en primera vuelta votaron en blanco o anularon el voto. Todo eso dio resultado positivo porque hubo menos abstención, concurrió más gente a votar y disminuyeron los votos en blanco y los anulados.

El martes, luego de la derrota sufrida por la ultraderecha brasileña, se comenzó a difundir el rumor de que Flávio Bolsonaro estaría huyendo hacia los Estados Unidos (EEUU). El rumor se convirtió en un hecho confirmado. Esta salida de Brasil, no permitida por la justicia, fue posible probablemente gracias a la ayuda del gobierno argentino y al respaldo del presidente norteamericano, que le prometió la visa correspondiente para ingresar a los EEUU. El lunes, el juez Alexandre de Moraes, integrante del STF, le había ordenado entregar sus pasaportes justamente para que no saliera del país. El excandidato, como otros del clan Bolsonaro, tiene varias causas pendientes ante la justicia brasileña. Entre otras cosas, se lo investiga por posible lavado de activos, vínculos con las empresas de apuestas clandestinas y con el exbanquero Vorcaro del Banco Máster, quien está preso por haber protagonizado una de las mayores estafas de la historia. “Quien nada debe, nada teme”, dijo el reelecto presidente Lula ante la huida clandestina de su ex adversario.

Brasil le puso el primer freno en el continente a la ultraderecha liderada por Trump desde que este volvió al gobierno. Entre democracia y barbarie, ganó la democracia.

¡Otro mundo es posible! Conquistarlo es justo y necesario.

Con Información de elsiglo.cl

gerente

Redacción.

Deja tu comentario