Oriana Zorrilla. Periodista. Santiago. «El Siglo». 12/10/2026. Juan Pablo Cárdenas, el valiente periodista que falleció la madrugada del domingo 11, fue detenido 17 veces por cumplir con lo que correspondía hacer en dictadura. Dirigió la revista que en su primer número, en diciembre de 1977, se llamó Academia y luego pasó a ser Análisis, hasta su cierre el 1° de abril de 1993.
Con el patrocinio de la Academia de Humanismo Cristiano y gracias a la decidida iniciativa de su fundador, el cardenal Raúl Silva Henríquez, Juan Pablo Cárdenas y el entonces editor Roberto Celedón debieron superar enormes dificultades para poner en marcha esta extraordinaria iniciativa y mantener el medio en circulación.
Las grandes imprentas se negaban a imprimir la revista y conseguir financiamiento era difícil. Incluso los quiosqueros, aliados indispensables, temían venderla, aunque se las ingeniaban para hacerlo cada vez más abiertamente. Ante esos obstáculos, Juan Pablo desplegó su creatividad, templó su carácter y logró formar equipos audaces y comprometidos.
Quienes integraron la redacción de Análisis aún agradecen la oportunidad de haber quedado inscritos en la historia como protagonistas de una hermosa batalla contra la censura y contra las atrocidades cometidas por Pinochet y sus cómplices civiles y militares.
Cientos de comentarios, recuerdos, crónicas y condolencias circulan en redes sociales y en distintos chats de periodistas, intelectuales y ciudadanos. En ellos se valora su aporte durante aquella época y se evocan episodios de su trayectoria: las luchas estudiantiles por la reforma universitaria en la UC, su entorno, su carácter apasionado y su disposición a actuar, a veces, al límite de lo permitido. También hay saludos de chilenos y chilenas que vivieron el exilio, entre ellos Nelson Villagra Garrido y Begoña Zabala Aguirre, desde Montreal, Canadá.
Luis Schwaner recordó los 17 años en que lideró la radio de la Universidad de Chile como “JP, el periodista incómodo para los temerosos gobiernos de la post dictadura y para el mundo de los consensos”.
Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 2005 por sus aportes y fue distinguido en Francia, Holanda, Brasil, Ecuador, México y España. Además, no solo escribió más de una docena de libros antes y después de la dictadura, sino que también incentivó la publicación de obras de otros colegas mediante la creación de una línea editorial. Entre ellas destaca “Crónicas sin mordaza”, impulsada especialmente por el Colegio de Periodistas, en la que 34 periodistas relatan sus vivencias durante la dictadura y que tiene el mérito de ser uno de los primeros libros en preservar la memoria de aquellos años.
Patricia Collyer describe su trabajo en Análisis con emoción: “más de 10 años allí fueron luminosos, a pesar del horror que se vivía en el país. Quizás porque Cárdenas nos imprimió una sana locura (de la cual él era el titular) y un arrojo a toda prueba. Con una consigna básica “arrancar para adelante” frente al miedo. Y, nunca claudicamos”.
Fue desde ese mismo valor que nació otra iniciativa extraordinaria: un noticiero alternativo de televisión que dio origen a “Teleanálisis”. Más aún, luego de ese golpe alevoso contra el periodismo en que fue asesinado Pepe Carrasco, editor internacional de la revista, y aun secándose las lágrimas, María José Luque y la misma Patricia Collyer escribieron, a instancia de Cárdenas, el libro de homenaje “cuando el cuerpo del amigo aún estaba caliente”.
Recuerdo a Patricia reporteando o manifestándose contra la censura con casi 8 meses de embarazo, tratando de protegerla ilusamente del carro lanza aguas de Carabineros.
La revista crecía, los periodistas denunciaban las violaciones a los derechos humanos, investigaban la crisis económica y publicaban todo aquello que los grandes consorcios periodísticos avalados por la dictadura no hacían.
Hoy, cuando nos deja, nos ahoga el silencio, nos emociona recordar cuando nos juntábamos en la Peña de René Largo Farías para comer algo y brindar con él antes de acompañarlo en marcha hacia su reclusión nocturna de la calle Lira.
Fueron 541 días “condenado por un juez abyecto”, como recordó en una columna de febrero recién pasado que también circula profusamente en las redes y en la que agrega: “un deber de conciencia me obliga a testimoniar ahora que luego de esta arbitraria condena recibí una invitación del Gobierno de Cuba con mi esposa y mis seis hijos, advirtiéndome de parte del comandante Fidel Castro que esta condena no solo tendría que haberme afectado a mí, sino también a todo mi núcleo familiar.
De esta forma es que estuvimos 15 días en La Habana atendidos magníficamente y cumpliendo con un plan turístico que nos permitió conocer mejor los avances innegables de la Revolución y la calidez de todos los cubanos que estuvieron a nuestro cuidado procuraban darnos las mejores vacaciones de nuestras vidas.
Se trató de un acto de solidaridad más de un régimen político y un pueblo hospitalario”. Y señala que centenares de chilenos y chilenas que viajaron a la Isla después de ser maltratados, vejados o torturados en las cárceles también pudieron comprobar este hecho. Finalmente, indica que no es tiempo de impugnar a Cuba porque quienes lo hacen demuestran solo su ignorancia, como la que ostentan los periodistas y rostros de nuestra monótona y superflua televisión.
Juan Pablo Cárdenas nos deja una huella: la de un periodismo que jamás pidió permiso para defender la verdad, aun cuando hacerlo significara enfrentar el miedo, la cárcel y la soledad. Juan Pablo Cárdenas nos enseñó que informar puede ser un acto de coraje, de dignidad y de amor profundo por la democracia.
Se va el periodista, el maestro, el hombre que nunca aprendió a callar. Y aunque hoy duele despedirlo, su voz seguirá viva en cada palabra que desafíe al silencio, en cada joven reportero que decida no claudicar y en cada memoria que se niegue olvidar. Su principal enseñanza es que la verdad puede ser perseguida, golpeada y silenciada por un tiempo, pero nunca enterrada para siempre.
Con Información de elsiglo.cl




