Entre el 8 y el 10 de septiembre, el secretario de Estado de Estados Unidos realizó una gira por Barranquilla, Quito y Lima con el propósito de consolidar una alianza con tres gobiernos de derecha instalados en menos de un año. Uno de sus objetivos se vinculó con el intento de alinear a estos tres presidentes contra Lula da Silva. La excursión andina ocurrió a menos de un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales previstas para el 4 de octubre en Brasil, con una eventual segunda vuelta el 25 de octubre, en las que el actual mandatario buscará un cuarto mandato frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de extrema derecha.
En ese contexto, el recorrido por el eje andino fue interpretado en Brasilia como parte de un plan mayor: la construcción de un cerco de gobiernos alineados con Washington en el perímetro sudamericano de Brasil, que incluye Argentina con Milei, Colombia con De la Espriella, Ecuador con Noboa, Perú con Fujimori, y Chile con Kast. Este cerco tiene como objetivo aislar diplomáticamente al lulismo en la antesala de una elección que la Casa Blanca observa con particular interés. Otras aspiraciones incluyen alejar a China de la región, reforzar el bloqueo contra Cuba y facilitar el acceso de mineras estadounidenses.
El secretario de Estado presentó la excursión andina como parte de la Estrategia de Seguridad Nacional, rebautizada como doctrina Donroe. El objetivo es reinstalar una división internacional del trabajo donde el Hemisferio Occidental quede subordinado a la nueva competencia contra Beijing, los BRICS y el Sur Global. Los acuerdos de seguridad funcionan como instrumentos de control territorial, disciplinamiento político y apropiación de recursos.
El Programa Vault, anunciado en 2026 con 12 mil millones de dólares, busca asegurar minerales críticos presentados como defensa frente a China. Los memorándum de seguridad exigen a los países romper contratos con empresas chinas, resignar financiamiento de Beijing y abrir sus economías a corporaciones estadounidenses.
En Ecuador, Daniel Noboa se comprometió a desconocer el referéndum de 2025, que había prohibido bases militares del Pentágono. Rafael Correa denunció desde el exilio la vulneración del orden constitucional. Las operaciones militares en el Pacífico motivaron la protesta de familiares de tripulantes, quienes denunciaron bombardeos como crímenes extrajudiciales. Los acuerdos mineros permitirían iniciarse sin controles ambientales, incluyendo explotación hidrocarburífera en las Galápagos.
En Perú, Rubio llegó a un país gobernado por Keiko Fujimori. La visita quedó atravesada por la presencia de Fernando Cerimedo, consultor argentino vinculado a campañas de desinformación. Imágenes divulgadas registraron reuniones entre Cerimedo y el principal asesor de campaña de la mandataria. La visita de Rubio ofreció a los tres gobiernos anfitriones una oportunidad de relegitimación internacional justo cuando sus vínculos con tramas de desinformación comenzaban a ser objeto de escrutinio judicial.
La gira se inscribe en el Plan Cóndor 2.0 liderado por Trump: una verticalidad militar a través del Escudo de las Américas, pensado para dar cobertura castrense a la extracción de recursos estratégicos y desplazar a compañías chinas, con un subtexto amenazante contra todo proyecto emancipatorio. El dispositivo busca vigilar gestos soberanos, implementar una Pax Silica para la guerra tecnológica contra Beijing y convertir bienes comunes regionales en inventario estratégico.
Con Información de elsiglo.cl

