La invariabilidad tributaria es un tema que polariza al país. Mientras algunos la ven como “privilegios para las grandes empresas”, otros la consideran “la única forma de atraer inversiones”. Como sucede en muchos debates nacionales, ambas posiciones contienen elementos de verdad y de error.
Quienes trabajan en el mundo empresarial han sido testigos de cómo una decisión de inversión transforma comunidades completas. Cuando una empresa construye una planta, abre una sucursal o desarrolla un proyecto, genera encadenamientos económicos: contrata trabajadores, mueve transportistas, compra en comercios locales, trabaja con proveedores y utiliza servicios diversos. Detrás de cada inversión hay cientos o miles de familias.
Sin embargo, existe otra realidad igualmente válida. La sociedad requiere mejores hospitales, escuelas, carreteras, seguridad y pensiones dignas. Estos servicios demandan recursos que provienen principalmente de la recaudación tributaria.
Para ilustrar la importancia de la estabilidad normativa, considérese el ejemplo de alguien que decide construir su vivienda. Si durante la obra cambian constantemente los requisitos de permisos, los impuestos a materiales o surgen cobros imprevistos, lo probable es que el proyecto se paralice. Algo similar ocurre con las grandes inversiones: ningún inversionista compromete sumas significativas sin certeza sobre las reglas que regirán su proyecto en los años venideros.
La invariabilidad tributaria no significa que las empresas queden exentas de impuestos, sino que conocen de antemano cuáles serán las condiciones tributarias durante un período definido.
Pero las críticas a esta práctica también son válidas. ¿Qué sucede durante una crisis económica? ¿Qué ocurre si las utilidades empresariales aumentan significativamente por factores externos? ¿Debería el Estado carecer de flexibilidad para ajustar su política tributaria según nuevas necesidades?
Del mismo modo, es pertinente preguntarse qué pasaría si Chile modificara permanentemente las reglas del juego económico. ¿Cuántas inversiones dejarían de concretarse? ¿Cuántos empleos no se crearían? ¿Cuántas pequeñas y medianas empresas perderían oportunidades por la ausencia de proyectos de gran escala que generaran actividad económica?
El debate ha estado equivocado durante años al presentar esto como una disyuntiva entre empresas y personas, entre crecimiento económico y justicia social. Se trata de una falsa elección.
No existe salud pública, educación moderna ni seguridad de calidad sin recursos financieros. Tampoco existen recursos si la economía deja de crecer. Sin embargo, el crecimiento no es suficiente por sí solo. Si este queda concentrado en pocos y no mejora la calidad de vida de la mayoría, la sociedad pierde confianza en el sistema.
Chile requiere un nuevo pacto: un Estado responsable y eficiente en el uso de recursos públicos, empresas que inviertan e innoven generando empleo, y una política que deje de usar la economía como campo de batalla ideológico.
Mientras otros países trabajan en atraer inversiones futuras, Chile sigue debatiendo si la inversión es buena o mala. Mientras otros simplifican regulaciones y fortalecen instituciones, Chile muchas veces permanece atrapado en debates donde cada sector intenta demostrar que el otro es enemigo.
La experiencia internacional muestra que los países más desarrollados crecieron al construir instituciones confiables, reglas estables, una justicia funcional y un sector privado dispuesto a invertir. La confianza se construye cuando las reglas son claras, cuando los impuestos son suficientes pero no punitivos, cuando el Estado administra bien cada peso recaudado y cuando las empresas entienden que sus ganancias implican responsabilidad con el país.
El verdadero éxito económico no se mide solo por el PIB o la recaudación fiscal, sino cuando una familia encuentra trabajo, cuando un emprendedor abre su negocio, cuando un joven accede a buena educación y cuando un adulto mayor recibe atención de salud digna.
Chile no necesita elegir entre crecimiento y justicia social. Necesita construir inteligentemente un camino donde ambos avancen juntos.
Con Información de desenfoque.cl
