El mundo del ilusionismo está de luto tras la partida de Juan Tamariz, uno de los magos más influyentes y queridos de la historia, quien falleció el martes 18 de agosto en Madrid a los 83 años. Su familia confirmó que el deceso ocurrió durante la madrugada por causas naturales, detallando que el artista murió «sin sufrir, sonriendo y en paz», rodeado de sus seres queridos. Tamariz, cuyo nombre real era Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón, transformó la cartomagia en un arte que mezclaba destreza técnica con un sentido del humor inconfundible.
La pasión de Tamariz por la magia nació a los cuatro años tras quedar fascinado por un espectáculo en un teatro de Madrid. Aunque inicialmente estudió Física y se interesó por el cine, terminó dedicando su vida por completo al ilusionismo, ingresando a la Sociedad Española de Ilusionismo a los 18 años. Su consagración internacional llegó en 1973, cuando obtuvo el Premio Mundial de Cartomagia en París, un hito que cimentó su estatus como maestro para generaciones posteriores de ilusionistas que hoy se declaran sus discípulos.
Para el público latinoamericano, el mago español fue una figura habitual y entrañable en la pantalla chica. En Chile, Tamariz alcanzó una enorme popularidad durante las décadas de los 80 y 90 gracias a sus constantes apariciones en programas de televisión, donde cautivó a la audiencia con sus trucos de cartas. En Colombia, su legado también es profundo, siendo recordado por sus múltiples participaciones en el Festival Internacional del Humor, manteniendo una estrecha relación con el público y con figuras como Alfonso Lizarazo.
Más allá de sus actuaciones, Tamariz dejó una huella académica imborrable a través de decenas de libros y tratados teóricos que hoy son referencia obligada para cualquier estudioso de la magia. Junto a su hija Ana, fundó hace más de 35 años su propia escuela de magia en Madrid, donde no solo enseñaba técnica, sino también psicología y puesta en escena. Para él, la magia no era un simple engaño, sino una experiencia capaz de conectar al artista con el público para «conseguir los deseos imposibles» y generar un estado de asombro genuino.
Con Información de desenfoque.cl
