En Chile, la calidad de vida no mejora, según señala Osvaldo Zuñiga, presidente de la Confederación Nacional Ranquil y encargado nacional agrario del Partido Comunista. El concepto de buen vivir, conocido como sumak kawsay en los pueblos andinos o kümen mogen para el pueblo Mapuche, se distancia cada vez más en los sectores de menores ingresos. En este contexto, aumenta el sobrepeso y la obesidad infantil, hay más de 3 millones de diabéticos y se registra una alta tasa de enfermedades cardiovasculares que elevan los costos de vida e impactan negativamente en la salud física, mental y el bienestar espiritual.
Para las organizaciones que integran la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo y de la Vía Campesina, treinta años de lucha por la tierra, el agua y las semillas las ha llevado a asumir la soberanía alimentaria como un principio de resistencia anti imperialista, anti patriarcal y anti capitalista.
Durante el actual gobierno, existen preocupaciones por los recortes de programas para la agricultura familiar campesina e indígena. Un programa destacado es el convenio Indap Prodemu, orientado a mujeres rurales, pero las organizaciones campesinas e indígenas no han sido convocadas a diálogo con las nuevas autoridades.
La falta de participación de las organizaciones campesinas y de pueblos originarios agudiza la situación y tiende a profundizar la crisis alimentaria.
El modelo capitalista propone una agricultura sin campesinado, con semillas artificiales dependientes de tecnología transnacional, cada vez más robotizada, donde los alimentos se reducen a mercancías. El agronegocio y la agricultura familiar campesina e indígena constituyen dos sistemas diametralmente opuestos que no pueden coexistir en un mismo territorio.
Los conflictos bélicos internacionales han elevado los costos de producción agrícola, particularmente por el aumento de precios de fertilizantes minerales y combustibles. Sumado a los efectos climáticos, esto desalienta a los agricultores para sembrar alimentos, generando una baja esperada en siembras de trigo, avena, porotos, maíz y hortalizas.
La tendencia se agudizará por múltiples razones: ocupación de tierras agrícolas con paneles fotovoltaicos, plantaciones de monocultivo de pinos y eucaliptos, avellano europeo, cada vez más fruta de exportación, además de parronales para vinos y parcelas de agrado que ocupan suelos de alta calidad agrícola.
La extranjerización de la tierra representa otro tema preocupante que no ha sido abordado desde el plano político. En 2021, la forestal Arauco vendió a capitales extranjeros 461 predios forestales que comprenden aproximadamente 80 mil 489 hectáreas de tierras.
De acuerdo al tratado TPP11, cualquier acto que afecte las inversiones extranjeras de los países miembros activa un tribunal de controversia. El Estado debe responder no solo por la inversión, sino también por lo que la empresa deje de ganar.
Chile no tiene garantizada la seguridad alimentaria conforme a lo recomendado por la FAO ni tampoco responde a lo propuesto por las organizaciones campesinas y populares respecto a la soberanía alimentaria.
La comida debe ser sana, nutritiva y libre de trabajo esclavo o forzado, es decir, que llegue a la boca sin carga de injusticia social.
La filosofía de los pueblos originarios ofrece un camino en este sentido.
Con Información de elsiglo.cl


