Durante el cierre del XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros celebrado en el Palacio de Convenciones de La Habana, el Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, pronunció un discurso en el que se refirió al bloqueo estadounidense como una asfixia total impuesta a la isla. Describió esta política como un castigo colectivo que busca, mediante la privación de recursos y servicios básicos para la supervivencia, generar cansancio, desaliento y fractura social con el propósito de destruir el proyecto socialista cubano.
Díaz-Canel subrayó que vivimos en uno de los momentos más inciertos y peligrosos para la humanidad, caracterizado por la agudización extrema de las contradicciones del capitalismo: concentración excesiva de riqueza, inequidades en su distribución, destrucción ambiental y guerras por mercados, recursos y zonas de influencia.
El mandatario denunció lo que calificó como una tormenta perfecta desatada por el capitalismo: guerras de agresión en Europa del Este y Medio Oriente, genocidio en Gaza, crisis climática, hambre estructural y una deuda externa que los pueblos del Sur jamás podrán pagar.
Alertó sobre la reedición del fascismo a nivel mundial y sus características inequívocas: nacionalismos, hegemonía, supremacía racial, discriminación, xenofobia, desplazamientos, guerras de conquista territorial y proscripción de ideologías y libertades civiles.
Refiriéndose específicamente al impacto del bloqueo en Cuba, Díaz-Canel presentó datos sobre el sector energético: señaló que Cuba ha recuperado más de 1.400 megawatts de potencia para generación eléctrica en sistemas de generación distribuida, pero estas plantas no pueden generar energía por falta de combustible. Indicó que si estos megawatts estuvieran disponibles diariamente, los apagones en Cuba tendrían una duración de tres horas en lugar de veinte o más horas como actualmente sufre el pueblo.
En materia de salud, informó que existen 98.500 pacientes en lista de espera quirúrgica, entre ellos 12.000 niños. Señaló que 34.000 embarazadas no pueden recibir suficientes ecografías prenatales y que 67.000 menores de un año han nacido sin esquema de inmunización actualizado.
Mencionó que 117.000 adultos y 1.200 niños pacientes con cáncer no tienen tratamientos adecuados, 16.000 pacientes tienen dificultades con servicios de radioterapia, 12.400 en quimioterapia y 3.000 en hemodiálisis. Además, solo el 30 por ciento del cuadro básico de medicamentos está disponible.
Agregó que el coeficiente de disponibilidad técnica de ambulancias solo alcanza el 22 por ciento y que existe imposibilidad de comprar fuentes de cobalto 60 para tratamientos oncológicos. También señaló demoras en licencias para liberar mercancías médicas en puertos debido a la presión del imperialismo estadounidense sobre navieras internacionales.
El Presidente informó que la tasa de mortalidad infantil, que históricamente Cuba había mantenido entre 4 y 5 por ciento, se ha duplicado en estos años llegando a más de 9,8 por ciento.
Díaz-Canel acusó que los planes estadounidenses buscan que el pueblo cubano se revuelva contra el Gobierno para lograr el derrocamiento de la Revolución, afirmando que esto no es una figuración sino algo que está escrito y concebido desde hace más de sesenta años por el Departamento de Estado.
Destacó que las medidas descritas constituyen violaciones flagrantes de las normas internacionales y los derechos humanos, condenadas por la amplia mayoría de la comunidad internacional. Recordó que recientemente en Naciones Unidas, 136 naciones respaldaron a Cuba en su denuncia del bloqueo.
Expresó que Cuba está siendo sometida a una guerra no convencional de alta intensidad mediante la subversión digital, financiamiento a mercenarios internos, campañas de descrédito mediático y redes de influencia que pretenden vestir de ayuda humanitaria lo que constituye intervención descarada.
Respecto a las operaciones de inteligencia estadounidenses, Díaz-Canel indicó que no sorprenden las revelaciones de grandes medios estadounidenses sobre un incremento de operaciones de la CIA en Cuba para subvertir el orden interno, calificando estas filtraciones como parte del plan deliberado del régimen estadounidense de guerra psicológica contra la isla.
Citó las declaraciones recientes del Secretario de Estado estadounidense quien afirmó que las sanciones contra el régimen cubano solo se endurecerían, manifestando que buscan enseñar que no hay válvulas de escape. Calificó esta afirmación como un reconocimiento de la difícil situación en Cuba como consecuencia de una guerra económica sin precedentes y como una amenaza abierta de exterminio al pueblo cubano si no se somete a los designios del imperio.
Agregó que el Gobierno de Estados Unidos ha intensificado sus amenazas militares, actualizado su doctrina de cambio de régimen, mantiene a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo e inventó la acusación de potencia del espionaje y foco de subversión de la llamada izquierda radical terrorista.
Mencionó que expertos de Naciones Unidas subrayaron que las medidas coercitivas unilaterales ilegales de Estados Unidos contra Cuba contravienen el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas y forman parte de una estrategia de cambio de régimen que abarca décadas de embargo. Citó sus recomendaciones de que el Gobierno estadounidense debe poner fin a todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocar todas las medidas contrarias al Derecho Internacional.
Enfatizó que Cuba no tiene que adoctrinar a nadie ni exportar ideas, sino que es la historia la que imparte lecciones mostrando hasta dónde puede llegar la perversidad de los imperios. Denunció la política criminal de Estados Unidos contra Cuba y también a quienes callan y toleran los desmanes de la ultraderecha fascista estadounidense.
Afirmó que el bloqueo estadounidense solo funciona por la complicidad de quienes temen al poder de Washington más que al juicio de la historia. Advirtió que el mundo no se puede convertir en cómplice de otro genocidio.
Señaló que cada vez que una parte del mundo calla ante la agresión contra Cuba se debilita el Derecho Internacional, cada vez que un gobierno acepta las sanciones ilegítimas de Estados Unidos se erosiona el principio de no intervención, y cada vez que una empresa es presionada para abandonar inversiones en Cuba se fortalece la dictadura económica de una sola potencia.
Sostuvo que Cuba se ha defendido en legítimo derecho como lo haría cualquier país del mundo, y que ha contado con la solidaridad de hombres y mujeres de elevado sentido de la justicia y la moral. Manifestó que muchos de estos solidarios hoy son perseguidos o enfrentan amenazas por su activismo.
Advirtió sobre el revivir del macartismo en su peor versión con proyección transnacional, que pone a Cuba en el centro de su cruzada irracional, intentando no solo criminalizar la solidaridad hacia la isla sino también acallar las voces disidentes al orden mundial que quieren imponer.
Enumeró las causas que mueven a la izquierda y los movimientos progresistas: justicia social, derechos laborales y de la infancia, causas feministas y de género, defensa racial, cuidado del medio ambiente, participación popular, memoria histórica, respeto a pueblos originarios, paz mundial, solidaridad internacional, todas orientadas a la dignidad humana.
Preguntó si alguien con sentido racional puede creer que por ello la izquierda sea un peligro para la humanidad, respondiendo que no. Expresó que solo el fascismo puede ver en la izquierda tal peligro porque busca imponer por la fuerza una ideología y sistema de valores contrarios.
Advirtió que el exterminio de palestinos en Gaza, el zarpazo en Venezuela y el castigo colectivo sobre Cuba son hechos suficientemente serios como para permanecer inertes, manifestando que mañana cualquier nación puede terminar siendo Gaza o Cuba si no se le planta cara al fascismo. Subrayó que en los pueblos, su concientización, movilización y unidad internacional está la clave.
Destacó que frente a la asfixia, Cuba no ha claudicado, citando respuestas que lo prueban: vacunas contra el COVID-19, producción de alimentos con técnicas agroecológicas, avances en energía limpia, participación popular en barrios y defensa territorial con el pueblo convertido en milicias.
Reconoció que Cuba tiene muchas carencias y enfrenta apagones, falta de agua, inflación y colas, pero afirmó que ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad en que fue educado por Fidel, ni renuncia al principio martiano de que patria es humanidad.
Informó que en estos días finales de curso escolar han egresado 30.185 jóvenes profesionales de las universidades cubanas, de ellos 735 provenientes de 62 países que se han formado en Cuba. Destacó que entre los nuevos médicos graduados hay 23 palestinos y 5 norteamericanos.
Subrayó que la respuesta del pueblo cubano, bajo conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización de su modelo económico y social sin renunciar a los principios del socialismo.
Refiriéndose a Fidel Castro, afirmó que comprendió como pocos la necesidad de articular firmeza ideológica con flexibilidad táctica. Citó una frase atribuida a Fidel: el marxismo-leninismo no es una doctrina muerta ni un catecismo, sino un método, una guía, un instrumento para resolver concretamente los problemas de la vida.
Señaló que Cuba trabaja bajo esa concepción en el camino de construir el socialismo en una pequeña isla, amenazada por el imperio más grande de la historia y totalmente bloqueada, con su Estado cortado de todas las fuentes de recursos, financiamiento y comercio.
Expresó que ante esta disyuntiva se necesita producir y generar riquezas para redistribuir con justicia social y preservar conquistas históricas de la Revolución en salud, educación, cultura, ciencia, energía y comunicaciones.
Aclaró que las transformaciones económicas y sociales son un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar el capitalismo, que no habrá privatización a ultranza, que los medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo y que se preserva la soberanía e independencia nacional.
Afirmó que el Partido Comunista de Cuba, como fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, es el principal responsable de la conducción, coordinación y control de este complejo proceso.
Expresó que el Partido seguirá como guardián de los intereses del pueblo, la clase obrera, las conquistas sociales y la justicia social que ha movido la Revolución. Enfatizó que no es ni será un partido de élites o lobbies, y que su rol de partido único lo obliga a ser cada vez más democrático y representativo sin perder la brújula en el pueblo, la Revolución y el socialismo.
Señaló que en un mundo donde se intenta convencer de que no hay alternativas, la tarea común es demostrar con hechos que sí existen, que el socialismo sigue siendo la única salida realista y humana frente a la barbarie capitalista, como enseñó el marxismo científico.
Expresó que hoy, en el Centenario del natalicio de Fidel, aunque no está físicamente presente, su presencia es más fuerte que nunca. Destacó que Fidel legó la certeza de que los sueños se conquistan defendiendo las ideas, la lección de que el internacionalismo no es una frase sino una actitud, y la convicción de que el socialismo es el único camino para salvar a la humanidad del abismo.
Señaló que Fidel fue el primero en denunciar la globalización neoliberal como el imperio de la muerte y también el primero en alzar la voz por un mundo mejor para todos. Añadió que enseñó que la lucha por la preservación del medio ambiente y la especie humana es una batalla socialista, que la ciencia debe estar al servicio del pueblo y que la unidad de los revolucionarios es más importante que cualquier diferencia táctica.
Afirmó que en Fidel se encuentra no solo un líder histórico sino una escuela de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, prever, escuchar al pueblo y actuar con audacia y honestidad. Citó una frase de Fidel: Si lo que pretenden los imperialistas para que haya paz es que dejemos de ser revolucionarios, no dejaremos de ser revolucionarios, no doblegaremos jamás nuestra bandera.
Convocó a que el Encuentro en La Habana, en la patria de Fidel, sirva para renovar el compromiso, coordinar acciones y afianzar la convicción de que la clase obrera organizada, guiada por sus partidos de vanguardia, puede cambiar la historia.
Expresó que el momento exige algo más que declaraciones de principios, requiere un salto cualitativo en la articulación y coordinación internacional. Señaló que los partidos comunistas y obreros tienen el deber histórico de tejer una red de solidaridad efectiva que no se limite a comunicados sino que se traduzca en acciones concretas.
Mencionó acciones específicas necesarias: romper el cerco mediático fascista usando plataformas para difundir la verdad; acompañar al pueblo cubano en su lucha por el levantamiento del bloqueo criminal, movilizando parlamentos, sindicatos y movimientos sociales; fortalecer mecanismos de cooperación económica y tecnológica entre países y organizaciones; y avanzar en el debate teórico sobre el socialismo del siglo XXI adaptando principios marxistas y leninistas a nuevas condiciones sin renunciar al objetivo central de la dignidad plena del hombre.
Convocó a la autocrítica, expresando que no basta condenar al imperio sino construir poder popular en las bases, ganar las calles, barrios, fábricas y escuelas. Afirmó que la unidad de los comunistas debe ser sólida pero flexible como la inteligencia de Fidel para dialogar con todos los sectores progresistas, enfatizando que la unidad no es uniformidad sino la voluntad de luchar y vencer juntos.
Expresó que ante la ofensiva imperialista y la crisis estructural del capitalismo, los partidos comunistas y obreros están llamados a desempeñar un papel de vanguardia no solo en lo electoral o institucional sino fundamentalmente en la organización, politización y movilización de la clase trabajadora en las complejas condiciones del capitalismo contemporáneo.
Señaló que corresponde fortalecer la unidad del movimiento comunista internacional respetando la diversidad de experiencias pero con claridad estratégica frente al enemigo común: el imperialismo, el fascismo y el capital monopolista.
Planteó la necesidad de profundizar el trabajo político e ideológico, disputar la hegemonía cultural y enfrentar la maquinaria de desinformación que pretende presentar el capitalismo como único horizonte posible.
Llamó a organizar a la clase obrera y sectores populares en las nuevas realidades del trabajo donde la digitalización, automatización y economía de plataformas cambian las formas de explotación pero no su esencia.
Expresó confianza en que a pesar del poderío militar de Estados Unidos, el movimiento comunista internacional no se amilana, resiste y planta cara. Indicó que es imposible predecir cuánto durará la ofensiva imperial, pudiendo haber aún más agresiones y bloqueos, pero existe certeza de que el futuro pertenece a quienes sueñan y construyen, no a quienes destruyen y mienten.
Afirmó que defender a Cuba con fuerza y urgencia es cortar el avance de las ideas supremacistas, racistas, xenófobas, elitistas, excluyentes y enemigas de la libertad verdadera y emancipación humana. Señaló que defender Cuba es luchar contra el colonialismo del siglo XXI, contra el hegemonismo y contra la pretensión de que un solo país decida el destino de todos.
Convocó a redoblar la apuesta a las puertas del primer Centenario de Fidel, instando a no conformarse con sobrevivir sino a aspirar a construir unidos un mundo donde la solidaridad sea el motor de todo, donde los niños no mueran de hambre mientras se tiran alimentos al mar, donde la ciencia cure sin lucrar, y donde la política sea el arte de servir a los demás.
Concluyó con las consignas: Hasta la victoria siempre, Viva Fidel en su Centenario y por siempre, Viva la unidad de los comunistas y Viva la lucha de nuestros pueblos.
Con Información de elsiglo.cl

