Alejandra Huneeus Bañados, presidenta de Fundación Educacional Isidora Zegers de Huneeus, afirma que la entrada en vigencia de la nueva Ley sobre Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas representa una oportunidad para cuestionar cómo se comprende y administra la convivencia en los colegios.
Según Huneeus, la normativa enfatiza la prevención, el buen trato, el bienestar socioemocional y una mirada pedagógica de la convivencia. Ese cambio de enfoque, a su juicio, obliga a una reflexión necesaria: los reglamentos son indispensables, pero ningún reglamento puede sustituir el criterio de quienes tienen la responsabilidad de educar y tomar decisiones.
La autora sostiene que en educación se necesitan reglas. Los reglamentos internos, protocolos y procedimientos son fundamentales para ordenar la convivencia, fijar límites y dar certezas a toda la comunidad escolar. Sin embargo, advierte un riesgo cuando se cree que contar con un protocolo para cada situación equivale a tener la respuesta correcta para cada caso. No es así, afirma.
Tras años vinculada a la educación, Huneeus dice haber aprendido que una de las capacidades más importantes de quienes educan y deciden es el criterio. Su experiencia como madre le ha permitido comprender, además, algo que desde la gestión no siempre se dimensiona: detrás de cada decisión escolar hay un niño, una familia y una historia que pueden verse profundamente afectados.
Un reglamento establece un marco; el criterio permite entender cómo aplicarlo, plantea. Dos estudiantes pueden cometer la misma falta y encontrarse en circunstancias completamente distintas. La edad, la intencionalidad, los antecedentes, el contexto del hecho, su gravedad real, la reiteración de la conducta, las necesidades particulares del estudiante y las consecuencias de una medida deben formar parte del análisis.
Esto no significa relativizar las normas ni dejar de establecer límites, aclara. Tampoco implica que cada familia pueda exigir una excepción cuando una decisión no le gusta. Tener criterio no es actuar arbitrariamente, sino ser capaz de fundamentar por qué, dentro de un marco común, una decisión es justa, proporcional y educativamente adecuada para ese caso particular.
Huneeus destaca que la nueva Ley de Convivencia Educativa entrega una señal relevante. Al definir la buena convivencia, incorpora expresamente el interés superior de niños, niñas y adolescentes, junto con el respeto de los derechos, el cumplimiento de los deberes y el ejercicio de la autoridad pedagógica y directiva. Es decir, proteger al estudiante y ejercer autoridad no son principios contrapuestos, sino que ambos deben convivir en una comunidad educativa.
Aquí aparece una distinción que considera esencial. Un colegio no es un tribunal y un reglamento escolar no debería funcionar como un código penal, señala. La finalidad última de una institución educativa no es sancionar, sino educar. Por eso, antes de adoptar una medida, propone preguntarse no solo qué establece el reglamento, sino también qué se quiere lograr con esa decisión.
¿Se busca que el estudiante comprenda lo ocurrido? ¿Que repare un daño? ¿Que modifique una conducta? ¿Que aprenda a hacerse responsable? ¿Que pueda reintegrarse adecuadamente a su comunidad? Si una medida cumple formalmente con el reglamento, pero no alcanza ninguno de esos objetivos, o incluso profundiza el problema que pretendía resolver, es legítimo preguntarse si realmente se está educando, afirma.
El criterio también exige detenerse antes de decidir, continúa. Escuchar todas las versiones, revisar los antecedentes, diferenciar hechos de interpretaciones. Preguntarse si se cuenta con toda la información necesaria. Evaluar la proporcionalidad. Considerar las características del estudiante y, especialmente en decisiones de alto impacto, analizar sus posibles consecuencias antes de ejecutarlas.
Porque hay decisiones escolares que se toman en minutos y cuyos efectos pueden acompañar a un niño durante gran parte de su vida, advierte.
La nueva legislación avanza hacia una comprensión más amplia de la convivencia, indica Huneeus. Los establecimientos deberán incorporar en sus planes no solo acciones frente a los conflictos, sino también estrategias de prevención, mediación, resolución pacífica, desarrollo socioemocional y salud mental. La convivencia deja de entenderse únicamente como una cuestión disciplinaria para reconocerse también como un proceso educativo.
Esto supone un desafío mucho mayor para los colegios. “Lo dice el reglamento” no puede convertirse en una forma de renunciar a pensar, subraya. Quienes dirigen instituciones educativas deben aspirar a algo más exigente: contar con equipos capaces de conocer profundamente sus reglamentos, pero también de conversar, discernir, consultar cuando sea necesario y asumir responsablemente las decisiones que adoptan.
Esto requiere experiencia, formación y liderazgo, pero también humanidad, sostiene. Aplicar criterio implica comprender que detrás de un expediente, una anotación, una denuncia o una sanción existe una persona en formación. Un niño o adolescente que probablemente se equivocará muchas veces antes de convertirse en adulto. Y precisamente para eso existe la educación: no para eliminar el error, sino para transformarlo en aprendizaje.
La nueva Ley de Convivencia Educativa puede ser una oportunidad para avanzar en esa dirección, según la autora. No se necesitan colegios con menos reglas, sino comunidades educativas capaces de aplicar esas reglas con proporcionalidad, sentido pedagógico y criterio.
Las mejores comunidades educativas no son necesariamente aquellas que aplican más protocolos ni las que sancionan con mayor rapidez. Son aquellas capaces de combinar normas claras con decisiones sensatas; firmeza con proporcionalidad; responsabilidad con comprensión; y reglamentos con criterio.
Porque educar también consiste en saber cuándo aplicar una norma, cómo aplicarla y, sobre todo, comprender para qué se está aplicando. Un reglamento puede indicar el procedimiento. El criterio es el que finalmente permite educar, concluye.
Alejandra Huneeus Bañados, presidenta de Fundación Educacional Isidora Zegers de Huneeus.
Con Información de www.lanacion.cl



