Domingo, 16 de Agosto de 2026
Nacional

Chile enfrenta presiones en su soberanía en contexto de tensiones con Estados Unidos

Donald Trump parece dirigir su atención nuevamente hacia América Latina desde una perspectiva tradicional de poder que considera al continente como una zona de influencia natural de Estados Unidos. Se trata de la antigua conceptualización del “patio trasero”, que resulta incompatible con la soberanía e independencia de las naciones de la región.

Esta visión ha adquirido una dimensión particularmente preocupante en los ámbitos de defensa y seguridad.

Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, ha impulsado una estrategia regional orientada a fortalecer la cooperación militar contra el narcotráfico y el crimen organizado. A través de la iniciativa conocida como “Escudo de las Américas”, Washington pretende articular a diversos gobiernos latinoamericanos en torno a una política de seguridad encabezada por Estados Unidos.

La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado constituye indudablemente una necesidad urgente. Los países de la región comprenden sus consecuencias: violencia, corrupción, debilitamiento de instituciones y temor en la población. No obstante, reconocer esta realidad no implica ceder la soberanía ni renunciar al derecho de determinar cómo enfrentar estos desafíos.

Tampoco puede pasarse por alto una contradicción notoria: Estados Unidos es uno de los principales mercados consumidores de drogas a nivel mundial y, simultáneamente, una fuente significativa del flujo masivo de armas que alimenta la violencia criminal en el continente.

Resulta aún más preocupante el cuestionamiento estadounidense respecto a la Corte Penal Internacional. Si se defiende un orden internacional basado en reglas, estas deben aplicarse también a las grandes potencias. Ningún país puede pretender reservarse el derecho de actuar militarmente y, al mismo tiempo, eximirse de los organismos internacionales responsables de investigar eventuales crímenes.

En este punto surge el verdadero problema político.

La cooperación internacional es necesaria. La subordinación, no.

Chile mantiene una extensa relación política, económica y diplomática con Estados Unidos. Sin embargo, ha desarrollado a lo largo de décadas una política exterior abierta al mundo. China es actualmente el principal socio comercial chileno y resulta irracional que el país deba elegir entre una potencia y otra como si nuevamente estuviera atrapado en la lógica de la Guerra Fría.

El puerto de Chancay, ubicado en Perú, ejemplifica cómo esta disputa geopolítica ya se encuentra presente en América Latina. Estados Unidos observa con creciente preocupación la expansión económica y estratégica de China en la región.

Chile también posee recursos que generan interés en las grandes potencias: cobre, litio y otros minerales estratégicos esenciales para la industria tecnológica y la transición energética mundial.

No debe actuarse con ingenuidad. Las potencias no construyen su política exterior sobre la base de la amistad, sino fundamentalmente sobre sus propios intereses.

La reciente decisión estadounidense de aplicar una sobretasa arancelaria del 12,5% a una porción importante de las exportaciones chilenas demuestra que incluso una relación histórica puede quedar subordinada a decisiones unilaterales cuando Washington considera que sus intereses están en riesgo.

Chile tiene derecho a cuestionar esa medida y a defender sus intereses comerciales.

Pero el desafío es aún mayor.

El país debe ser capaz de mantener relaciones constructivas con Estados Unidos, China, Europa y el resto del mundo sin convertirse en territorio subordinado de ninguna potencia. Cooperar no significa obedecer. Mantener buenas relaciones diplomáticas tampoco implica renunciar a una política exterior propia.

Durante demasiados períodos de la historia latinoamericana, otras potencias decidieron qué gobiernos eran aceptables, qué políticas económicas debían implementarse e incluso quiénes podían gobernar.

Debería haberse aprendido algo de aquello.

La soberanía no consiste en gritar consignas contra una potencia extranjera. Consiste en poseer instituciones, convicciones y una política exterior suficientemente sólidas para poder afirmar cuando corresponde y negarse cuando los intereses de Chile así lo exigen.

Porque Chile puede dialogar con todos.

Pero no debe arrodillarse ante nadie.

Con Información de desenfoque.cl

gerente

Redacción.

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