Por Silvana Espinoza, Greenpeace
Lo sucedido en Las Condes pone nuevamente en evidencia una realidad que Chile no puede seguir pasando por alto: los eventos extremos se producen hoy en un escenario de crisis climática que puede elevar ciertos riesgos y exigir mayores capacidades de prevención y adaptación. Las temperaturas extremas, los incendios forestales de verano, las lluvias intensas y los aluviones no son fenómenos necesariamente aislados; son amenazas que pueden vincularse y potenciarse entre sí.
Aunque fenómenos naturales como El Niño han incidido históricamente en las condiciones climáticas del país, actualmente se desarrollan en un contexto de triple crisis que puede amplificar algunos de sus efectos y aumentar los riesgos asociados, además de modificar las condiciones en que ocurren y poner a prueba la capacidad de los territorios para enfrentarlos.
La situación es especialmente preocupante porque había antecedentes concretos del riesgo. Entre diciembre y enero, un incendio forestal consumió cerca de mil hectáreas de vegetación en el sector y, luego de un primer aluvión registrado en enero de este año, se anunció la instalación de barreras de contención en las quebradas. Sin embargo, al momento de esta nueva emergencia, esas obras aún no estaban ejecutadas.
Estos antecedentes recuerdan que los desastres son socionaturales, pues no dependen solo de la intensidad de un fenómeno natural, sino también de las condiciones de exposición y vulnerabilidad de las comunidades afectadas y de su capacidad para enfrentarlo. La magnitud de los daños causados por una lluvia o un incendio también está determinada por la degradación de los ecosistemas, la ocupación de zonas de riesgo, la falta de planificación territorial y las medidas de prevención que no se implementaron a tiempo. Por eso, ante cada emergencia corresponde preguntarse no solo qué ocurrió, sino qué se hizo para anticiparlo y cuánto de ese daño pudo haberse evitado.
La última encuesta de Greenpeace sobre las preocupaciones ambientales de los chilenos muestra que el 82% ha percibido cambios climáticos o ambientales en su entorno durante los últimos cinco años, mientras que un 76% espera una mayor acción del Gobierno para enfrentar estas amenazas. La ciudadanía reconoce una realidad que exige respuestas concretas: Chile necesita dejar de abordar los desastres únicamente cuando se convierten en emergencias y avanzar hacia una política de prevención y adaptación climática que proteja a las personas, las comunidades y los ecosistemas durante todo el año.
Greenpeace ha insistido, mediante su campaña Ni un paso atrás, en que no se pueden permitir retrocesos ni nuevas postergaciones en materia ambiental. Mientras los riesgos climáticos se intensifican, Chile necesita avanzar en sus instrumentos de adaptación, fortalecer la protección de sus ecosistemas e incorporar efectivamente el riesgo de desastres en la planificación territorial. No se puede seguir esperando a que ocurra la próxima tragedia para tomar decisiones que debieron adoptarse mucho antes.
Silvana Espinosa es geógrafa y experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.
Con Información de desenfoque.cl


