Emir Sader. Politólogo. Río de Janeiro, 26/10/2026. La campaña fue larga, con muchas idas y vueltas y encuestas que variaban para todos los gustos. Pero al final fue una linda campaña, una gran fiesta popular. Lula recorrió todo el país con varias docenas de actos de norte a sur de Brasil. Nunca renunció a que la campaña se hiciera con contacto directo con la gente, más allá de reconocer el rol estratégico de la disputa en las redes. Lula será el presidente democrático con más tiempo en el gobierno en toda la historia de Brasil, sin nunca dejar de ser un líder sindical.
Fue una gran victoria de la izquierda y una gran derrota de la extrema derecha. Aunque el país salga dividido en dos partes casi iguales, solo Lula tiene la capacidad de reunificar el país, porque sabe que lo que atiende a las necesidades de la gente no es la prioridad del ajuste fiscal, sino la extensión de los derechos sociales a todos.
“Lula sale fuerte, más fuerte, de la campaña. Como el principal dirigente político de la historia de Brasil, pero también como un gran dirigente latinoamericano y mundial. Pierde la derecha brasileña, pero pierden también Donald Trump y el nuevo bloque de la extrema derecha latinoamericana, incluido Javier Milei”.
El texto se pregunta qué ocurrió en Brasil en tres semanas para cambiar de forma tan radical la decisión de los brasileños. La respuesta está en la movilización y la entrada plena en la política de millones de jóvenes que hasta hacía poco no se interesaban por ella. Decidieron hacer su política, su manera de hacer política, cuando comprendieron que lo que estaba en juego no era una disputa entre partidos, sino que la democracia estaba en riesgo. La democracia como condición de su existencia como jóvenes libres. Entonces salieron a impulsar las movilizaciones populares más grandes que el país ha conocido.
No es excesivo decir que el mundo miraba hacia Brasil. Lo hacía por la importancia que el país ha adquirido con la presidencia de Lula, pero también porque la extrema derecha apostó a que aquí podría imponerse y derrotar al que se ha vuelto el principal dirigente político de la izquierda.
El país sale dividido. No será fácil dirigirlo, aún más porque está dividido entre posiciones radicalmente distintas y contradictorias. Pero si alguien puede gobernar para todos y reunificar el país, esa persona es Lula, con un programa que atiende a las necesidades de todos.
De todas maneras, no solo Lula ganó, sino que el hijo de Bolsonaro perdió. La izquierda venció y la derecha, en su versión más radical, perdió.
Los ojos, a partir de ahora, se concentran en Argentina, en las elecciones de aquí a un año, cuando el país podrá salir del gobierno neoliberal de Javier Milei y tener un presidente que restablezca la alianza estratégica con Brasil, establecida desde 2003, con el abrazo fraternal de Lula con Néstor.
Con Información de elsiglo.cl

