Jueves, 8 de Octubre de 2026
Nacional

Lautaro Carmona se declara partidario de las convergencias que favorezcan los intereses del pueblo

Jean Flores Quintana. Politólogo. «El Siglo». Santiago. 08/10/2026.

En un escenario político marcado por la ofensiva restauradora de la derecha en el continente y la consolidación del proyecto autoritario liderado por José Antonio Kast en La Moneda, el presidente del Partido Comunista de Chile (PC), Lautaro Carmona, participó en el programa Tolerancia Cero, de CNN Chile. En la entrevista, Carmona señaló que el partido trabajará por el bien mayor, que es el avance de los intereses populares, y aseguró que la tarea hoy no es perfilar candidatos, sino reconstruir el músculo social en la calle, el sindicato y la población.

Durante su intervención, el dirigente comunista fijó una línea estratégica para el movimiento popular y la clase trabajadora: rechazó los intentos de criminalizar la historia del partido, cuestionó el carácter de clase de la actual administración de extrema derecha, evaluó el ciclo gubernamental de Gabriel Boric y trazó la política de alianzas para enfrentar el avance del fascismo.

El debate mediático buscó arrinconar al PC exigiéndole condenas abstractas a la protesta social y a la resistencia callejera, usando como excusa la tramitación de nuevas normativas punitivas. Ante el emplazamiento del periodista Eduardo Olivares, Carmona respondió con la memoria de la clase obrera y afirmó: «El Partido Comunista no postula la violencia, la violencia la sufre. El Partido Comunista fue relegado al comienzo del siglo pasado… El Partido Comunista fue ilegalizado en un gobierno que ayudó a elegir. O sea, el Partido Comunista ha vivido la consecuencia de la violencia establecida en el sistema».

Ante la insistencia por condenar métodos de defensa popular como las barricadas, Carmona rechazó las lecturas asépticas de la institucionalidad y apeló a la autodefensa histórica del movimiento obrero: «Prefiero una barricada que impida que se implemente una represión criminal que termina con la vida de 3 mil pampinos», y advirtió que la actual legislación del gobierno de Kast busca excusas procesales para «criminalizar la movilización social».

Sobre los incidentes aislados frente a la Universidad Católica, y ante la presión de la periodista Mónica Rincón, Carmona fue categórico en no avalar el matonaje: «En absoluto, yo no estoy postulando eso». No obstante, alertó a las bases sobre operaciones de falsa bandera diseñadas desde el poder: «Ojo con las provocaciones que desacreditan la calidad de una movilización, porque vamos a tener mucho de eso».

En el plano institucional, y cuestionando el blindaje del poder, Carmona advirtió que la democracia debe seguir profundizándose porque hoy existe «un contagio tremendo con una intervención fáctica, porque (Luis) Hermosilla tiene intervención y tiene fuerza dentro del funcionamiento del aparato del Estado… por lo menos (en el) Poder Judicial y el Poder Ejecutivo», y sostuvo que así la derecha ejerce la verdadera violencia estructural.

El sociólogo Alfredo Joignant intentó revivir la tesis conspirativa que acusa al PC de haber promovido «prácticas insurreccionales» en octubre de 2019 y exigió una claudicación ideológica. Carmona frenó la arremetida y desmontó el mito que atribuye el estallido al partido, reivindicando la espontaneidad y masividad del pueblo: «Relacionar al Partido Comunista con la violencia es desconocer el papel histórico… Quien diga que hay origen (del estallido) en una convocatoria de un sector o de un comité comunal del Partido Comunista está faltando al rigor y nos está entregando un mérito que no tenemos».

Al rechazar el relato hegemónico de la transición pactada —a días de un nuevo aniversario del 5 de octubre—, Carmona recordó que la tiranía no cayó por obra de un lápiz, sino con sangre proletaria: «Casi 100 dirigentes clandestinos del PC, incluyendo a Marta Ugarte que apareció en la playa lanzada al mar. Ellos no tenían lápiz y papel». Sobre la revuelta popular, defendió su legitimidad histórica: «Me quedo con los ciclistas furiosos, con Las Tesis de las mujeres, con la Filarmónica, con Illapu o con Inti-Illimani tocando en la Plaza de la Dignidad».

El análisis de Carmona no eludió la autocrítica sobre el ciclo político anterior. Al evaluar el mandato de Gabriel Boric (2022-2026), reconoció que, si bien el PC fue pilar en las primarias que abrieron la esperanza de transformaciones, el peso de la institucionalidad y las renuncias sucesivas terminaron por frustrar el proyecto: «Terminamos en un gobierno que era muy distinto al origen mismo… la correlación parlamentaria no tenía la fuerza suficiente para todos los cambios».

Esa frustración acumulada pavimentó la llegada de José Antonio Kast. Sobre la actual administración de ultraderecha, Carmona lanzó una ofensiva directa contra su primer diseño de Presupuesto de la Nación. Apuntó al recorte estructural y a la asfixia de los programas sociales, materializada en la eliminación del plan «Yo elijo mi PC» para estudiantes vulnerables: «(El gobierno de Kast) está haciendo un uso clasista del presupuesto. Sí, así con todas sus letras. Está abusando respecto de gente que tiene menos mecanismos… para privarlo de que tenga acceso al conocimiento».

Frente al intento del analista Daniel Mansuy de sepultar la vigencia del leninismo, el presidente comunista defendió la doctrina como una herramienta de lectura viva y materialista: «Aprender a mirar la realidad tal cual es, así duela. Esa es una experiencia concreta del aporte de Lenin».

Mirando la realidad de frente, Carmona explicitó que el cerco imperialista se estrecha —reprochó la cancelación del cable submarino a China por presiones de Washington bajo el paraguas del Escudo de las Américas— y que la contradicción principal hoy no admite vanguardismos solitarios: es Democracia versus Fascismo. «No puedo ponerme hoy a plantearme el socialismo cuando el tema es primero defender espacios democráticos».

La orientación emanada es clara. Ante la consolidación del régimen de Kast y el espejo regional de líderes como Flavio Bolsonaro en Brasil, la clase trabajadora requiere una convergencia antifascista. Sobre este avance reaccionario continental, Carmona hizo una autocrítica cruda aplicable a Chile: «Hay un déficit de vínculo de las propuestas, pero también de las orgánicas, respecto a las mayorías… Y ese espacio ha quedado vacío, queda de libre interpretación y lo usan las otras propuestas».

Para recuperar ese vínculo, la política de alianzas debe ser amplia, sin exclusiones arbitrarias, sumando a la centroizquierda e incluso al centro político, como la DC. Sin embargo, aclaró que esta unidad «no es solo un club de amigos, es a partir de un contenido, de un programa», y enfatizó que el PC está dispuesto a juntarse «entre distintos, y a ratos entre muy distintos» si eso permite enfrentar al fascismo y resolver los problemas materiales del país. La tarea hoy no es perfilar candidatos, sino reconstruir el músculo social en la calle, el sindicato y la población.

Con Información de elsiglo.cl

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