Lunes, 7 de Septiembre de 2026
Nacional

Laura Albornoz: una voz que perpetúa la memoria histórica

A los catorce años, Laura Albornoz se enteró de la existencia de la Vicaría de la Solidaridad y su labor en defensa de los derechos humanos durante la dictadura. Cuando sus hermanos fueron detenidos por ser dirigentes estudiantiles, la institución representó una esperanza crucial, pues ofrecía un lugar donde denunciar los abusos y encontrar apoyo. Esto resultó fundamental para sostener la sobrevivencia, la resistencia y la solidaridad en medio de la represión.

Albornoz destaca el papel poco reconocido de las mujeres que trabajaron en la Vicaría como asistentes sociales. Junto a religiosos y profesionales del derecho, estas mujeres fueron la cara visible de la esperanza para las víctimas de la dictadura, escuchando día a día a quienes buscaban ayuda por familiares desaparecidos o reprimidos, ofreciendo esperanza y seguridad.

Durante el régimen de Augusto Pinochet en Chile entre 1973 y 1990, las mujeres sufrieron una represión brutal que incluyó detenciones, torturas, ejecuciones y desapariciones por razones políticas. Enfrentaron además violencia de género específica, como agresiones sexuales y humillaciones diseñadas para quebrantarlas psicológicamente. Fueron castigadas principalmente por abandonar sus roles domésticos e involucrarse en luchas consideradas de hombres, como ocurrió históricamente con figuras como Olympe de Gouges durante la Revolución Francesa.

Las mujeres fueron las más activas en la búsqueda de justicia para las víctimas. Asistentes sociales de la Vicaría se organizaron junto a otras que crearon agrupaciones de búsqueda y denuncia. En los barrios populares, formaron y mantuvieron comedores públicos, capacitaban en la creación de huertos familiares y establecieron ollas comunes para evitar la desnutrición de familias que habían perdido a sus principales proveedores económicos. Pobladoras motivaron la solidaridad de estudiantes para formar equipos de trabajo en los barrios con apoyo de vicarios zonales.

Las mujeres no fueron solo víctimas, sino protagonistas en la resistencia. Muchas participaron en organizaciones de derechos humanos, asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos y movimientos de denuncia, en su mayoría bajo la protección de la Vicaría de la Solidaridad. Las asistentes sociales realizaban su trabajo sin horario determinado durante todo el año, asistiendo personalmente a familias y acudiendo a protestas, algunas siendo detenidas, maltratadas y amenazadas. Participaron sin cesar en la búsqueda de desaparecidos, colaboraron en grupos de subsistencia y fueron un sostén para mujeres que buscaban amparo, sin que el miedo las arredrase.

En esa época, lo masculino se consideraba más importante que lo femenino, lo que hizo que las mujeres y sus tareas fueran invisibles o minusvaloradas, incluso en el ámbito de los derechos humanos. Mientras en Argentina surgieron las Madres de la Plaza de Mayo, en Chile no hubo hombres que expresaran públicamente su dolor por quedarse bailando solos la cueca. Fueron solo las mujeres quienes rindieron homenaje a la valentía de otras mujeres que cayeron defendiendo los intereses de los más pobres.

La Vicaría de la Solidaridad significó para las mujeres un refugio y protección donde denunciar violaciones a los derechos humanos sin temor a represalias inmediatas. Proporcionó asistencia legal y social a mujeres cuyos familiares habían sido secuestrados o asesinados, acompañándolas en la búsqueda de justicia. Ofreció sostén emocional y comunidad, permitiendo que muchas compartieran su dolor y se organizaran en la lucha por la memoria y la verdad. La institución documentó testimonios de mujeres que sufrieron violencia política y sexual, contribuyendo a la futura justicia transicional. Además, empoderó a muchas mujeres para que pasaran de ser esposas y madres de víctimas a lideresas en la defensa de los derechos humanos.

En muchos hogares chilenos, estos relatos se transmitían a los niños de forma adaptada a su edad, preservando la memoria histórica mediante anécdotas que mantenían viva la lucha contra la represión. Se inculcaban valores como la solidaridad, el compromiso con la justicia y la importancia de defender los derechos humanos, mostrando que incluso en momentos oscuros existe esperanza y apoyo mutuo. Estos relatos ayudaban a formar conciencia crítica, invitando a cuestionar la injusticia y valorar la verdad y la memoria.

La Vicaría no solo alivió el sufrimiento inmediato, sino que fortaleció el rol de las mujeres en la lucha por la justicia y los derechos humanos, dejando un legado que perdura hasta hoy.

Laura Albornoz es abogada y académica del claustro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Con Información de desenfoque.cl

gerente

Redacción.

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