Jueves, 16 de Julio de 2026
Nacional

Iniciativa “Voces que Recuerdan” documenta testimonios de memoria histórica en plataforma digital

Durante 2025, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker, Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol), convocaron a un grupo de personas que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992, en el marco de sus 50 años. Los relatos en primera persona se publican durante 2026 en el especial Voces que Recuerdan, generado por Funvisol.

Cuando trabajaba como corresponsal en Chile durante los años 80, la Vicaría de la Solidaridad era la fuente de información más confiable. Para conocer las condiciones de vida en las poblaciones, la institución tenía contactos múltiples. Para comprender la situación legal de un detenido político, contaba con un equipo de jóvenes abogados valientes y pacientes, siempre dispuestos a conversar y explicar. Gracias a la Vicaría, pude conocer y entrevistar a muchos ex detenidos y familiares de desaparecidos, quienes siempre me impresionaron por su fuerza y coraje.

Una entrevista en particular me persigue hasta hoy. No fue la de un ex preso político, sino la de un soldado. Buscaba a un ex militar que hubiese servido durante los días del Golpe. Por razones obvias, no era fácil encontrar a alguien dispuesto a compartir sus experiencias. Uno de los abogados de la Vicaría me ayudó y me presentó a uno de sus clientes con una historia extraordinaria.

Era cabo reservista del Ejército y trabajaba en un departamento del Ministerio de Agricultura en Temuco. Días antes del Golpe fue llamado a servicio activo, donde su comandante le informó que se pondría fin al “yugo marxista”. Él y sus compañeros fueron trasladados a Santiago. Fue astuto ocupar la capital con tropas de otras regiones, porque aquellos soldados no conocían a nadie y estarían menos inhibidos en sus acciones. Estos jóvenes, con cabezas rapadas, disparaban sus armas desperdiciándolas, me dijo. Él tenía la impresión de que los delincuentes de Santiago aprovecharían la situación para cometer crímenes.

El reservista y su tropa allanaron casas en búsqueda de armas, pero encontraron pocas. Las órdenes de sus superiores siempre parecían cambiar. Hubo abusos contra la propiedad privada: los soldados entraban en las casas y rompían toda la loza. En una ocasión golpearon a quienes vivían en una casa, exigiéndoles revelar dónde tenían escondidas las armas. Ellos insistieron en que no tenían armas, pero los soldados no les creyeron. Mientras más lloraban y gritaban, más los golpeaban.

El reservista empezó a tener dudas sobre lo que estaba pasando, pero no se atrevió a decir nada. Quiso abandonar el Ejército, pero ¿cómo hacerlo sin terminar ejecutado? En un día libre, fue al centro de Santiago con un plan que no había revelado a nadie. Visitó algunos bares hasta que encontró uno con una pelea a puñetazos. Se unió a la pelea y cuando alguien llamó a la policía, les dio algunos golpes. Los carabineros lo llevaron detenido, que era exactamente lo que buscaba.

Llegó a la cárcel pública, colmada de detenidos políticos. Los otros reos encontraron cómica su situación. Su compañero de celda era un joven universitario de 17 años, Denrio Álvarez, que fue llevado a interrogación y no volvió.

Un par de días después, uno de los gendarmes lo sacó de su celda indicando que iban a caminar. Le dijo que su compañero de celda había sido encontrado muerto en un campo en las afueras de Santiago. El cumpleaños de Denrio Álvarez era al día siguiente: sus padres llegaron a la cárcel con una torta y mariscos de la tienda donde trabajaba su padre. El reservista les contó que había recibido esa información, pero que debía averiguar si era cierta. Los padres salieron y él golpeó las rejas de su celda, gritando: “¡Un momento de silencio para Denrio Álvarez! ¡Un momento de silencio para Denrio Álvarez!”.

El reservista pasó unos meses más en la cárcel pública, donde también fue testigo de la muerte del general Alberto Bachelet. Fue puesto en libertad con un despido deshonroso del Ejército. Desde entonces, me dijo, llevaba una vida difícil, con una historia de trabajo irregular y trastornos emocionales. En esa época se conocía poco el síndrome de estrés postraumático. Ahora los psicólogos hablan de moral injury, el daño social y espiritual que ocurre cuando un individuo comete, observa o no interviene para detener acciones que violan sus valores éticos o código de conducta.

Las décadas pasaron y, aunque pensé en el reservista muchas veces, no sabía cómo contactarlo. Hace un par de años, un joven chileno me envió un mensaje en Twitter, identificándose como el hijo del reservista. Su vida de familiar ha sido muy dolorosa, me dijo, pero no quiso contarme nada más. No sé si su padre aún vivía. Pero quiero agradecer a este hombre por compartir su historia, una historia importante, y también a la Vicaría por haberla hecho posible.

El caso de Denrio Álvarez está en el Informe Rettig.

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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