Martes, 20 de Octubre de 2026
Nacional

El Niño no es el único factor causante del clima severo en Europa

El análisis del meteorólogo italiano Daniele Ingemi, publicado en http://ElTiempo.es, sostiene que el verano de 2026 quedará en la historia no por una jornada de calor, sino por semanas prolongadas de aire inmóvil, noches que no refrescan y récords que se suceden uno tras otro.

La primera explicación que suele surgir es El Niño, el fenómeno del Pacífico que altera todo. Sin embargo, Ingemi propone evitar esa lectura simplista.

«La variabilidad natural relacionada con El Niño no explica el fenómeno extremo observado», advierte.

Su crónica del verano comienza mucho más cerca, en la propia atmósfera. Describe un bloqueo atmosférico: una cúpula de calor estática que se instala sobre Europa occidental y se niega a moverse. Esa cúpula atrapa el aire y bloquea el paso de las perturbaciones atlánticas. Debajo, el aire del Sáhara y del Mediterráneo asciende y se sobrecalienta día tras día. Según Ingemi, son fenómenos regionales que podrían haberse producido, y de hecho se han producido de forma similar en el pasado, incluso sin que hubiera un fenómeno de El Niño en curso.

Entonces, ¿qué papel jugó el Pacífico?

Ingemi lo explica con una imagen potente: las supertormentas tropicales avivadas por El Niño actúan como una inmensa chimenea térmica. Inyectan en la troposfera cantidades astronómicas de dos tipos de energía: el calor sensible, que es el calor que sentimos, y el calor latente, la energía escondida en el vapor de agua que se libera cuando ese vapor se condensa en nubes y lluvias torrenciales.

Toda esa energía no se queda en los trópicos. Viaja.

Aquí entran las ondas de Rossby, las grandes ondulaciones de la corriente en chorro que rodea el planeta. La enorme inyección de calor tropical perturba ese chorro, lo hace ondular y genera una cadena de ondas atmosféricas que recorren miles de kilómetros. Cuando esa ondulación llega al Atlántico, altera el equilibrio local de altas y bajas presiones y aumenta drásticamente las probabilidades de que se desarrollen anticiclones de bloqueo.

Es el eslabón perdido. No es que El Niño cree directamente la ola de calor, sino que manda el impulso que favorece que el bloqueo se forme y persista.

Por eso, concluye Ingemi, en el verano de 2026 su contribución fue secundaria, indirecta y cuantificable en una fracción menor de la anomalía total. Un pequeño influjo que quizá hizo algunos días más asfixiantes, pero que no provocó el calor extremo. El peso principal recae en el calentamiento a largo plazo y en las dinámicas regionales.

El planeta ya se ha calentado más de +1,5 °C respecto a la era preindustrial, recuerda el autor, y eso hace que cada grado adicional resulte más peligroso.

Y cierra con una advertencia que convierte esta crónica en prólogo: en el momento de redactar el artículo, a principios de septiembre de 2026, El Niño está ganando fuerza y las previsiones apuntan a un fenómeno que podría ser muy intenso, incluso histórico. Si el verano que dejamos atrás fue el resultado de un clima ya alterado con solo una huella leve de El Niño, lo que venga en otoño e invierno será la prueba de un gigante ya despierto.

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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