Martes, 11 de Agosto de 2026
Nacional

El legado de Fidel Castro sigue siendo objeto de reflexión y debate en la actualidad

Queridas hermanas y hermanos, distinguidos académicos, intelectuales, artistas, líderes sociales y políticos, jóvenes estudiantes y compañeras que han llegado desde los cinco continentes para participar en esta semana de reflexión profunda sobre el hombre que marcó el siglo XX y cuyo pensamiento ilumina el siglo XXI:

En nombre del pueblo cubano y su Partido Comunista, reciben el abrazo más sincero que puede ofrecer una isla que no olvida a sus amigos. Se agradece el esfuerzo de estar presente desafiando distancias, campañas de desinformación y presiones de gobiernos. La presencia en Cuba constituye un acto de valentía y coherencia en medio del recrudecimiento del bloqueo y la hostilidad imperial.

El propósito no es disertar sobre la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien se rehusó a ser honrado con monumentos, pero no pudo evitar que millones de cubanos y personas del mundo honren su memoria asumiendo y multiplicando sus ideas. Las palabras compartidas brotan de sentimientos, emoción y compromiso revolucionario.

Estudiar y asumir la obra inmensa del Comandante en Jefe es necesario para quienes promueven transformaciones económicas y sociales que detengan la asfixia de la Revolución Cubana, sometida a una guerra que dura más de seis décadas. Salvar la Revolución de una de sus amenazas más graves es el mayor desafío de esta generación. Se cuenta con una historia preñada de heroísmo, un pueblo entrenado en la resistencia y el legado de un líder que convirtió reveses en victorias.

Preservar las conquistas de la Revolución y el socialismo, romper los cercos que pretenden aniquilar la nación como castigo por su dignidad y resistencia, es el primer homenaje que se debe a Fidel, nacido hace 100 años en un país marcado por injusticia, desigualdad y dependencia. Del Aula Magna descendió convertido en revolucionario para encender las antorchas del Centenario del Apóstol, convirtiéndose posteriormente en jefe del Movimiento 26 de Julio de 1953.

El brillante abogado que convirtió su autodefensa en programa político, el prisionero que transformó el Presidio Modelo en escuela de combatientes, el fundador de un ejército que derrotó en dos años a un ejército profesional superior en número, tenía ya un lugar en la historia cuando a los 34 años estremeció la Asamblea General de las Naciones Unidas con el discurso más largo y trascendente pronunciado hasta entonces.

En aquella explicación de la historia cubana, Fidel argumentó al mundo el panorama encontrado por la Revolución: seiscientos mil cubanos desempleados, tres millones sin luz eléctrica ni comodidades, tres millones quinientos mil viviendo en cabañas y tugurios sin habitabilidad, alquileres que absorbían hasta una tercera parte de ingresos familiares, treinta y siete y medio por ciento analfabeta, setenta por ciento de niños rurales sin maestros y noventa y cinco por ciento con parasitismo.

Dos por ciento de la población padecía tuberculosis, con mortalidad infantil muy alta y promedio de vida bajo. Ochenta y cinco por ciento de pequeños agricultores pagaban rentas de hasta treinta por ciento de ingresos, mientras uno y medio por ciento de propietarios controlaba cuarenta y seis por ciento del área nacional. Servicios públicos, compañías eléctricas y telefónicas, banca, comercio de importación, refinerías, producción azucarera, mejores tierras e industrias eran propiedades de monopolios estadounidenses.

Nunca podrá hablarse de la Revolución Cubana sin conocer esa realidad como punto de partida. Repasando estadísticas actuales del país, incluso bajo restricciones de más de seis décadas de bloqueo y siete meses de cerco energético, los índices de salud, educación, ciencia, cultura y deporte siguen siendo mejores que en otros países de similar desarrollo.

Cuba es el país con mayor tasa de médicos por habitantes, más de nueve por cada mil; uno de los diez con mayor esperanza de vida en el continente americano, con setenta y siete coma siete años, y el que más ha aportado a la salud y educación de su población y otras naciones según criterios de la Organización Mundial de la Salud y la Unesco.

La gran obra social y humanística de la Revolución bajo bloqueo y asedio cambió radicalmente aquel panorama, haciendo imposible el retorno de Cuba al pasado colonial y neocolonial. Fidel dejó dicha una de las ideas más exactas sobre problemas mundiales que se agravaron con la desaparición del campo socialista. En su discurso en la ONU en 1960 señaló: “Las guerras han surgido fundamentalmente por el deseo de despojar a otros de sus riquezas. Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra. Desaparezcan las colonias y la explotación de países por monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso.”

El legado de Fidel interpela con fuerza. Legó la certeza de que los sueños se conquistan defendiendo ideas, la lección de que internacionalismo es actitud que debe distinguir, la convicción de que socialismo es único camino para salvar a la humanidad. Fue primero en denunciar globalización neoliberal como imperio de la muerte y en alzar voz por mundo mejor.

Enseñó que lucha por preservación ambiental es batalla socialista, que ciencia debe servir al pueblo, que unidad de revolucionarios es más importante que diferencias tácticas. En Fidel se encuentra no solo líder histórico sino escuela perenne de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, prever, escuchar pueblo y actuar con audacia y honestidad.

Fidel dirigió destinos cubanos con coherencia sin paralelo en historia contemporánea. No fue solo dirigente, sino trabajador incansable, estudiante permanente, orador que movía multitudes, estratega que anticipaba futuro. Legó manera de pensar y actuar, no recetas sino método nacido de praxis, no de bibliotecas.

Al formular en alegato del dieciséis de octubre de mil novecientos cincuenta y tres cinco leyes revolucionarias —reforma agraria, derechos laborales, reforma urbana, confiscación de bienes malhabidos y participación industrial—, no elaboraba programa doctrinario importado sino diagnosticaba enfermedades estructurales de economía subdesarrollada y dependiente.

El método de diagnóstico riguroso, propuesta programática y acción decidida se repitió en cada encrucijada. En Sierra Maestra el principio de no esperar fin de guerra para empezar a producir articuló lucha armada con construcción económica. En mil novecientos sesenta con nacionalización del subsuelo convirtió soberanía en propiedad colectiva. En mil novecientos sesenta y uno en Playa Girón demostró que pueblo armado y consciente puede derrotar imperialismo.

Fidel comprendió que economía no es esfera autónoma separada de política sino expresión material, sintetizado en: “no hay economía sin política, ni política sin economía”. Esto constituye legado metodológico: pensar economía como expresión de proyecto político y política como instrumento de transformación económica, articulándolas sin separarlas.

El legado de coherencia y ética: Fidel predicó con ejemplo, no acumuló riquezas ni traicionó principios, vivió como pensó y murió como vivió. En mundo donde política es espectáculo de hipocresía, esto es desafío permanente a conciencia.

El legado de audacia intelectual: fue lector incansable que dialogaba con científicos, economistas, artistas, deportistas y campesinos. Enseñó que socialismo no es dogma sino ciencia en construcción que debe adaptarse a realidades concretas sin renunciar a principios. Su llamada a estudiar, estudiar, estudiar resuena como advertencia: no hay revolución sin conocimientos.

El legado del internacionalismo: no entendía Revolución Cubana como hecho aislado, para él patria era humanidad. Por eso apoyó causas por liberación de pueblos africanos y palestinos, denunció apartheid y genocidio, alzó voz contra guerra de Irak y bloqueo de pueblos.

El legado del optimismo revolucionario: nunca fue pesimista. En días más oscuros cuando campo socialista se derrumbaba y bloqueo se recrudecía, mantenía fe en ser humano e historia. Enseñó que optimismo revolucionario no es ingenuidad sino convicción inquebrantable en victoria.

El pensamiento y práctica estratégica militar de Fidel ocupan importante lugar en su legado. Fue maestro de lucha guerrillera que condujo al triunfo del primero de enero de mil novecientos cincuenta y nueve, profundo estudioso del arte militar contemporáneo que realizó aportes en concepciones de importantes contiendas desarrolladas en misiones internacionalistas. La batalla de Cuito Cuanavale mostró sus cualidades de estratega militar. Concibió doctrina de Guerra de Todo el Pueblo.

Veía soberanía no como estado alcanzado sino proceso que se conquista y defiende en múltiples frentes: defensa y seguridad, frente económico, frente ideológico-cultural, frente internacionalista y solidario, frente científico y política exterior.

Su sistema de trabajo se basaba en cuatro principios: prioridad de lo político donde toda decisión económica es decisión política; secuencia táctico-estratégica donde tácticas cambian pero no principios de soberanía, justicia social, antimperialismo, internacionalismo y solidaridad; movilización popular como recurso estratégico donde disciplina y participación asumidas colectivamente son indestructibles; innovación bajo restricción donde escasez estimula creatividad.

Fidel lideró Generación del Centenario de José Martí, decidida tropa de mujeres y hombres que desde asalto al Moncada, desembarco del Granma y Sierra Maestra compartieron dirección de procesos transformadores. Esa generación con nombres históricos como Fidel, Raúl, Che, Almeida, Ramiro, Guillermo, Vilma, Celia, Haydée y Melba conectó con necesidades de pueblo dispuesto a dar vida por dignidad conquistada.

Comprendió necesidad de articular firmeza ideológica con flexibilidad táctica. Enseñó que marxismo-leninismo no es doctrina muerta ni catecismo sino método, guía e instrumento para resolver concretamente problemas de vida.

Como estratega anticipador del futuro no hay duda, sin misticismo. Estudioso profundo de realidad nacional e internacional, observador agudo del comportamiento humano gracias a notable inteligencia e insaciable búsqueda de conocimiento de progresos científicos y técnicos, poseía cultura vasta alimentada por lecturas fundamentales de todos géneros.

Es revelador fragmento de carta a su hermana Lidia desde prisión en Isla de Pinos: “Mi mayor lucha ha sido insistir que no necesito absolutamente nada: libros solo he necesitado y los tengo considerados como bienes espirituales”. Ese afán por conocimiento junto a pasión por historia y destino de especie humana lo acompañaron hasta final de su vida física, constancia en sus Reflexiones: cuatrocientos ochenta y cuatro textos de diversos temas entre veintiocho de marzo de dos mil siete y nueve de octubre de dos mil dieciséis.

Diez años después de su partida conmueve releer proposición en primera reflexión fechada veintidós de junio de dos mil siete: “No inicié este trabajo como parte de plan elaborado previamente, sino por fuerte deseo de comunicarme con protagonista principal de nuestra resistencia a medida que observo acciones estúpidas del imperio”. Hay tres componentes: necesidad de comunicar magistralmente, respeto al pueblo como protagonista fundamental y crítica al imperio.

Bajo dirección de Fidel, Cuba logró erradicación de analfabetismo en mil novecientos sesenta y uno con campaña que movilizó más de doscientos cincuenta mil voluntarios. Apenas dos años después derrotó en Playa Girón invasión financiada, entrenada y escoltada por imperio vecino, asestándole primera gran derrota en América Latina.

Cuba construyó sistema de salud universal más avanzado del Tercer Mundo y envió más de seiscientos mil profesionales de salud a ciento sesenta y cinco países a través de Programa Internacional de Cooperación Médica. Desarrolló sistema educativo gratuito desde círculo infantil hasta universidad.

Fidel diseñó principios de política exterior cubana y construyó sólido sistema cultural y deportivo erigiéndolos en referente para mundo. Uno de capítulos fundamentales de legado a nivel continental transcurre en período más esperanzador de historia de Nuestra América cuando junto a Hugo Chávez lideró renacimiento del proyecto integrador de Simón Bolívar, gran sueño también de José Martí.

Los hechos que transformaron relaciones entre gobiernos y pueblos de región más desigual del planeta definitivamente entraron en historia del siglo veintiuno como momentos determinantes. En mil novecientos noventa y ocho se creó Programa Integral de Salud con que Cuba hizo frente a drama de pueblos azotados por ciclones en Centroamérica y Caribe. En mil novecientos noventa y nueve se funda Escuela Latinoamericana de Medicina, ambas ideas de Fidel, demostrando en práctica valor universal de cooperación y solidaridad.

Un camino de emancipación inexplorado coronó después con ALBA-Petrocaribe, misiones médicas y educativas, Operación Milagro con más de tres millones de cirugías oftalmológicas, Programa de Alfabetización Yo sí puedo, y Contingente Henry Reeve cuya obra de enfrentamiento a catástrofes mereció nominación para Premio Nobel de Paz.

Los programas de clara orientación de justicia social tienen que ver con todo que nueva ultraderecha regional articulada por Washington quisiera borrar de historia de Nuestra América con saña que imperio intenta separar nuevamente Cuba de su entorno regional.

Se reúne hoy aquí a pocas horas del trece de agosto, fecha en que Comandante en Jefe habría cumplido cien años de vida, no para celebrar conmemoración ritual sino para cumplir deber: pensar en Fidel no como pasado sino como estratega más allá de su tiempo. Pensar en su legado no como depósito de citas para evocar en aniversarios sino como guía para superar desafíos que tenemos hoy, en Cuba real, en dos mil veintiséis.

No puede hablarse de Fidel sin mirar mundo que tanto estudió y que se hereda; el mundo es torbellino de contradicciones. La crisis sistémica del capitalismo llegó a su punto más agudo: guerras regionales que amenazan expandirse, crisis climática que ya no es pronóstico sino catástrofe diaria, hambrunas provocadas por especulación financiera, migraciones forzadas convirtiendo mares en cementerios, fractura social donde riqueza de pocos se acumula sobre miseria de muchos.

El orden internacional está en disputa. El unilateralismo imperial pretende imponer ley por fuerza, pero mundo multipolar ha llegado para quedarse. Sin embargo, imperio redobla ataques, busca nuevos pretextos, fabrica enemigos y desestabiliza gobiernos que no se doblegan.

En ese tablero global Cuba sigue siendo uno de objetivos predilectos de furia imperial. No es casualidad que en año del Centenario de Fidel, Washington haya intensificado ofensiva: refuerzo de bloqueo con medidas extraterritoriales que persiguen relaciones comerciales y financieras; inclusión arbitraria en lista de Estados patrocinadores de terrorismo, ironía histórica para país que ha sido víctima de terrorismo de Estado durante décadas; campañas mediáticas masivas pintando Cuba como régimen fracasado mientras callan logros en salud, educación, cultura, ciencia y deportes, y han inventado ridicula acusación de potencia de espionaje o foco de subversión de llamada izquierda radical terrorista.

Junto a agresión económica y política implementa guerra ideológica y cultural, subversión digital, financiamiento a mercenarios internos con fondos de agencias estadounidenses que pretenden fracturar unidad. No es secreto que Estados Unidos destinó millones para promover cambio de régimen a través de redes sociales, ONG y plataformas disfrazadas de defensoras de derechos humanos pero que sirven a intereses geopolíticos del imperio.

No asombran revelaciones en días recientes de grandes medios estadounidenses sobre incremento de operaciones de CIA en Cuba para subvertir orden interno. No son filtraciones al azar sino parte de plan deliberado del régimen estadounidense de guerra psicológica contra Cuba.

En colmo de cinismo y perversidad el Secretario de Estado declaró recientemente que sanciones estadounidenses contra régimen cubano solo se endurecerán. Lo que estamos tratando de enseñarles es que no hay válvulas de escape, dijo. Es reconocimiento sin reparos de existencia de difícil situación en Cuba como consecuencia de guerra económica sin precedentes. Esta afirmación constituye amenaza abierta de exterminio genocida a todo pueblo si no se somete a designios del imperio.

Sobre esto, expertos de Naciones Unidas subrayaron que medidas coercitivas unilaterales ilegales de Estados Unidos contra Cuba contravienen Artículo Dos de Carta de Naciones Unidas y forman parte de estrategia más amplia de cambio de régimen que abarca décadas de embargo a Cuba. El Gobierno de Estados Unidos debe poner fin a todas amenazas y actos hostiles contra soberanía de Cuba y revocar todas medidas impuestas que sean contrarias a Derecho Internacional, dijeron expertos. Y agregaron: el Consejo de Seguridad y la Asamblea General deben abordar urgentemente estas amenazas como cuestión de paz y seguridad internacionales.

No puede haber mayor acto de cinismo que hecho de que victimario quiera pasar por víctima cuando sus fechorías han sido públicas y notorias a lo largo de décadas. Estados Unidos no tiene ninguna moral ni derecho para señalar a Cuba, que ha sido posiblemente nación más espiada por ellos y con mayores fondos destinados a subversión económica e ideológica.

El bloqueo intensificado en años recientes no es solo medida económica sino acto de guerra no declarada contra pueblo que decidió ser libre. Es intento sistemático de rendir por hambre y desesperanza a nación que ha demostrado durante más de seis décadas que dignidad no se negocia.

No exagero al decir que este coloquio se celebra en uno de momentos más difíciles que ha vivido la Revolución, pero no se está aquí para administrar nostalgia. Se está aquí porque pensamiento de Fidel Castro sigue siendo brújula más precisa para navegar tormenta que vive pueblo cubano. La tormenta es real, el pueblo la vive cada día: en apagones que interrumpen vida familiar, jornada laboral, aprendizaje de niños y jóvenes; en inflación que erosiona poder adquisitivo del salario; en escasez de combustible que paraliza economía y transporte; en dificultades para completar canasta básica; en emigración que arranca a jóvenes.

No se está aquí para negar esa realidad sino para comprenderla en su justa dimensión y para encontrar en pensamiento de Fidel claves para transformarla. Se dan algunos datos de impactos del bloqueo en sociedad cubana.

Particularmente en sector de energía: se había recuperado en estos años con enorme esfuerzo más de mil cuatrocientos megawatts de potencia para generación eléctrica en grupo de islas de generación distribuida. Esas plantas están sin generar energía por falta de combustible, funcionan con diésel y fueloil. Si estuviesen disponibles cada día esos mil cuatrocientos megawatts, molestos apagones en Cuba solo tendrían duración de tres horas y no de veinte o más como hoy sufre pueblo.

En salud, tema tan sensible del que se conocen todas potencialidades del sistema universal y gratuito con oportunidades para todos, existen noventa y ocho mil quinientos pacientes en lista de espera quirúrgica y entre ellos hay doce mil niños, operaciones que se pueden hacer en Cuba pero faltan recursos, falta energía para alimentar salones de operaciones.

Hay treinta y cuatro mil embarazadas a las cuales no se pueden realizar suficientes ecografías prenatales durante esa etapa de embarazo. Hay sesenta y siete mil menores de un año que han nacido en estos meses sin esquema de inmunización actualizado, cuando vacunación en Cuba y sistema de inmunización siempre estaban al día.

Hay ciento diecisiete mil adultos y mil doscientos niños que son pacientes con cáncer que no tienen tratamientos primarios adecuados y deben acudirse a fórmulas secundarias o terciarias. Hay dieciséis mil pacientes que tienen dificultad con servicios que necesitan de radioterapia, doce mil cuatrocientos en quimioterapia y tres mil en hemodiálisis.

Solo treinta por ciento del cuadro básico de medicamentos está disponible cuando se es capaz de producir medicamentos necesarios. El coeficiente de disponibilidad técnica de ambulancias solo alcanza veintidós por ciento por falta de piezas de repuesto. Existe imposibilidad de comprar fuentes de cobalto sesenta para tratamientos oncológicos y existe demora en licencias para liberar mercancías médicas en puertos, también ante negativa de navieras internacionales presionadas por imperialismo estadounidense para no traer a Cuba mercancías que se necesitan.

Y como si esto fuera poco, siempre se había mantenido índices de mortalidad infantil entre cuatro y cinco, tasas de países desarrollados, sin embargo, en estos años la tasa se ha duplicado y actualmente es de más de nueve coma ocho y significa muertes de niños que podían salvarse. De este genocidio milimétricamente calculado, dondequiera que se vislumbre o se procure alivio, allí estarán cancerberos de esta ignominiosa política para dar una vuelta más a soga de asfixia.

¿Qué ha hecho Cuba frente a esta tormenta? Se ha respondido con lo que Fidel enseñó: la resistencia no es pasiva, es creativa. En medio del acoso se han desarrollado vacunas propias que permitieron enfrentar pandemia con soberanía; se ha potenciado agricultura, agricultura urbana y suburbana con agroecología para garantizar alimentos pese a escasez de combustibles y fertilizantes; se han fortalecido sistemas de defensa con milicia popular que no necesita tanques ni aviones para defender su tierra, porque la defiende con corazón y cohesión de sus fuerzas.

Se ha sabido convertir adversidad en oportunidad, crisis impone ser más eficientes, más innovadores, más participativos. Los científicos, maestros, médicos, campesinos y obreros han demostrado que inteligencia colectiva puede más que dinero del imperio. Y sobre todo, no se ha renunciado al internacionalismo, se siguen enviando brigadas médicas a lugares más pobres del mundo, compartiendo métodos educativos y científicos; se sigue siendo isla que tiende puentes de hermandad.

Sí, hay muchas carencias. Agobian apagones, falta de agua, inflación y colas; pero ninguna carencia material ha apagado llama de solidaridad en que educó Fidel. Un hecho que lo confirma es que en días finales del pasado curso escolar, tensos y difíciles como ningún otro, de universidades cubanas egresaron treinta mil ciento ochenta y cinco jóvenes profesionales, de ellos setecientos treinta y cinco de sesenta y dos países que se han formado en Cuba. Y un dato que honra mostrar: más de veinte nuevos médicos palestinos y cinco médicos estadounidenses.

La respuesta del pueblo bajo conducción del Partido Comunista de Cuba ha sido resistencia firme y creativa, unidad, defensa de sus conquistas y actualización del modelo económico y social sin renunciar jamás a principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes. Para lograrlo se están implementando conjunto de transformaciones económicas y sociales. Esa capacidad de resistir y transformar tiene raíces más firmes que nunca en pensamiento y acción del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Se trata de continuar construcción socialista en pequeña isla amenazada por imperialismo más grande de historia de humanidad y totalmente bloqueada, a cuyo Estado se le cortan todas fuentes de recursos, financiamiento y comercio. Ante esta disyuntiva se necesita producir y generar riquezas para redistribuir con toda justicia social posible y preservar conquistas históricas y esenciales de la Revolución en áreas estratégicas como salud, educación, cultura, ciencia, energía y comunicaciones.

Hacerlo será tarea de todos, de empresa estatal y no estatal, junto a otras formas de gestión de economía que en conjunto conforman entramado empresarial cubano, enfocados en fin único: construir socialismo próspero y sostenible que merece heroico pueblo de Cuba. Se debe enfatizar en que este es proceso para dinamizar economía, no para instaurar capitalismo; no habrá privatización a ultranza, medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo, y se preserva ante todo soberanía e independencia nacional.

Para proceso tan complejo el Partido Comunista de Cuba como fuerza dirigente superior del Estado y sociedad se erige como principal responsable de su conducción, coordinación y control y como celoso guardián de intereses del pueblo, de clase obrera, de conquistas sociales y justicia social que ha movido a la Revolución desde sus inicios.

Compañeras y compañeros: Fidel no es patrimonio exclusivo de cubanos. Fidel pertenece a todos que luchan por mundo mejor. A ustedes, participantes de este Coloquio, intelectuales y activistas que han hecho suyo su pensamiento, les toca papel decisivo. Se les convoca a difundir verdad de Cuba y todos pueblos en resistencia.

En mundo donde grandes medios fabrican mentiras y narrativas convenientes, tienen responsabilidad de ser voceros de realidad que cubanos vivimos: realidad de carencias, sí; pero también de conquistas, de solidaridad y de esperanza. Cada libro que escriban, cada artículo que publiquen, cada conferencia que dicten en sus países es trinchera contra desinformación. La batalla de ideas hoy se libra en terreno digital contra analfabetismo tecnológico y nuevas formas de colonización cultural.

Deben articular redes de solidaridad efectivas, no basta con pronunciar discursos de apoyo. Hay que traducir solidaridad en acciones concretas: campañas por levantamiento de bloqueo, propuestas de cooperación científica y cultural, proyectos de comercio justo, denuncias ante organismos internacionales. Deben profundizar pensamiento crítico sobre socialismo del siglo veintiuno.

Fidel dejó preguntas abiertas, no respuestas acabadas. ¿Cómo construir poder popular en era digital? ¿Cómo compatibilizar planificación centralizada con autonomía territorial? ¿Cómo enfrentar cambio climático desde perspectiva socialista? Desde sus disciplinas, tienen misión de dar respuestas creativas y realistas, y deben fortalecer unidad de movimientos progresistas.

Fidel fue maestro en arte de sumar voluntades, de tender puentes entre sectores diversos, de buscar coincidencias sin renunciar a diferencias. Se convoca a todos seguidores y estudiosos de su legado a trabajar por unidad, a superar divisiones secundarias para concentrarse en esencial: lucha contra capitalismo e imperialismo.

A jóvenes ha consagrado la Revolución el máximo de su esfuerzo y en ellos ha puesto mayores esperanzas. Fidel siempre confió en papel de jóvenes en proceso revolucionario. Creer en jóvenes es ver en ellos además de entusiasmo capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a patria, fe en patria. Es tener convicción profunda de que juventud puede, de que es capaz, de que sobre hombros de juventud se pueden depositar grandes tareas.

Fue juventud la que rodeó a Fidel para concebir sueños realizables cuando patria lo necesitó. De sus largas reuniones con jóvenes se formaron grandes realizaciones sociales: impulso al desarrollo de instructores de arte, maestros integrales, trabajadores sociales. Fue juventud la que empuñó armas en Sierra, la que alfabetizó en montañas, protagonista en gloriosas misiones internacionalistas, la que construyó contingentes, la que impulsó ciencia y tecnología.

Hoy en año de su Centenario, juventud cubana está llamada a forjarse con misma altura histórica. Los desafíos que se tienen por delante son inmensos: economía golpeada por bloqueo, transformaciones estructurales que deben implementarse, necesidad de producir más alimentos, lograr transición energética, sustituir importaciones, construir sociedad con mayor bienestar para todos. No hay desafío que juventud no pueda enfrentar si se lo propone.

Compañeras y compañeros: Permítanme cerrar con certeza que Fidel legó: el futuro no está escrito, se tiene poder de escribirlo. Sí, el imperio es poderoso, pero historia está del lado de pueblos. Cada niño que hoy aprende a leer en escuela cubana cuando no hay electricidad, cada campesino que cultiva con agroecología, cada científico que investiga sin patentes, cada joven que milita en movimiento social, cada madre que defiende a sus hijos de violencia, es victoria anticipada.

El Centenario de Fidel es punto de partida. Es momento de asumir que su legado no está en pasado sino en presente y futuro que se está construyendo. No basta con recordarlo, hay que estudiarlo. No basta con admirarlo, hay que emularlo.

Se desea agradecerles de nuevo desde lo más profundo su presencia. Ustedes son embajadores de verdad, testigos de que Cuba no se rinde, compañeros de ruta de revolución que trasciende fronteras. En las palabras se ha evitado referirse a experiencias personales; sin embargo, de escuela de Fidel marcan profundamente su lealtad y decisión de enfrentar imperialismo como destino de su vida, su visión sobre unidad, ejemplo de estar siempre presente en escenarios más adversos sin dejarse vencer por pesimismo, sensibilidad hacia más necesitados, su concepto de justicia social y valor que entraña su acabado concepto de Revolución.

Se desea dejar constancia en inicio de celebración de estos cien años del enorme compromiso de dirección del Partido y Gobierno con obra inconmensurable de Fidel que tiene responsabilidad de salvar de vientos amenazantes que por todas partes soplan, alimentados por sed de conquista y castigo que reserva el imperio.

Se permite terminar como Fidel dijo más de una vez: “Nosotros estamos dispuestos a resistir digna y abnegadamente años que sean necesarios el bloqueo imperialista. Si otros transigen, si otros se dejan sobornar, si otros traicionan, Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de revolución que no claudica”.

Se repite: “Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de revolución que no claudica, que no se vende, que no se rinde, que no se pone de rodillas”.

¡Fidel es un país, Fidel es Cuba!

¡Por Cuba, con Fidel, hasta la victoria siempre!

¡Viva por siempre Fidel!

¡Socialismo o Muerte!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

Con Información de elsiglo.cl

gerente

Redacción.

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