Estados Unidos intenta convencer al mundo de que su nueva campaña para criminalizar la izquierda no es un “sueño febril” ni una “conspiración fascista”. El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que “ya no se puede negar ni ignorar, porque es hora de erradicar este mal para siempre”, refiriéndose a grupos comunistas, antiimperialistas, antifascistas y anarquistas.
Después de varias semanas de ser anunciada, el 16 de julio se concretó en Washington la Reunión Ministerial sobre el “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”, presentada como una amenaza transnacional. Marco Rubio fue la figura central del encuentro.
La reunión sirvió para criminalizar todas las opciones que se alejen del modelo estadounidense actual, tanto dentro como fuera del territorio de Estados Unidos, y fortalece las justificaciones para futuras acciones que pueda emprender la Casa Blanca.
Rubio fue directo en sus declaraciones: “La izquierda radical puede adoptar diversos lemas e ideologías, puede llamarse a sí misma anticapitalista, antimperialista, comunista, anarquista o marxista; pero su naturaleza fundamental es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”. El secretario de Estado también incluyó a las personas transgénero en su lista de peligros para la “libertad”.
Rubio insistió en que “sabemos lo que debemos hacer, y ahora debemos hacerlo”, una frase que resuena con declaraciones previas del presidente sobre operaciones de control migratorio.
El secretario de Estado señaló a la “prensa convencional, la academia y las instituciones tradicionales” como cómplices de un “punto ciego” en la doctrina antiterrorista estadounidense. Reconoció que “la mera idea de que el ‘terrorismo de extrema izquierda’ podría ser una amenaza seria se trata como un sueño febril de la derecha, o peor, como una peligrosa conspiración fascista”.
Rubio estableció conexiones con la Guerra Fría y la política de persecución política: “nada de lo que acabo de describir es nuevo”. Ante representantes de más de 60 países, afirmó que “ya no se puede negar ni ignorar, porque es hora de erradicar este mal para siempre”.
El asesor de Seguridad Nacional, Stephen Miller, participó en la reunión añadiendo calificaciones como “cáncer para la civilización” y “amenaza mortal” a los grupos que critica.
Unas 24 horas antes de la reunión ministerial, el medio CBS News reportó que el Pentágono ha examinado opciones para una posible acción militar contra Cuba en las últimas semanas. Las fuentes anónimas incluyeron la posibilidad de un “asalto aéreo, liderado por el Ejército, que involucraría a miles de soldados estadounidenses de la 101 División Aerotransportada”. Sin embargo, funcionarios aclararon que estas sesiones no son evidencia concreta de que el presidente o el ministro de Guerra hayan decidido llevar a cabo una operación.
El lunes, el Departamento de Estado anunció una campaña contra la Corte Penal Internacional, a la cual acusa de amenaza para la soberanía estadounidense. Negó la jurisdicción de este tribunal para investigar y juzgar a militares y agentes de inteligencia estadounidenses, avanzando en el camino hacia la impunidad.
Bruno Rodríguez Parrilla, miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, señaló que las informaciones lanzadas desde altas instancias estadounidenses son parte de la guerra psicológica. “Con esas supuestas filtraciones, el gobierno de Estados Unidos busca medir la opinión pública de sus ciudadanos, frente a una aventura militar que provocaría un baño de sangre y que carece de justificación creíble”, comentó.
Rodríguez Parrilla ratificó que Cuba no representa una amenaza para la mayor potencia militar y nuclear del mundo, algo que, especificó, saben las agencias de inteligencia estadounidenses.
El diplomático cubano criticó a los medios de prensa estadounidenses por sumarse a la campaña de amenazas contra la isla y aseguró que “la fabricación de mendaces pretextos contra Cuba desde el sur de la Florida es el negocio perfecto de un grupo de políticos desacreditados y corruptos”.
Rodríguez Parrilla acusó a la reunión ministerial de buscar reinstaurar la persecución política hacia quienes denuncian y luchan contra medidas neoliberales, imperialistas y de extrema derecha promovidas por el gobierno estadounidense.
Más allá de criminalizar movimientos de izquierda, existe otra posible motivación: la incursión militar iniciada contra Irán el 22 de febrero ni ha finalizado ni ha dado los frutos esperados. Ha influido en una crisis mundial de hidrocarburos que apenas comienza, mientras que las bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico han quedado dañadas tras la respuesta iraní.
The Washington Post reportó que los resultados de su última encuesta no favorecen al presidente Donald Trump. Los estadounidenses dan revisiones ampliamente negativas por su manejo de temas clave. Expresan tensión por el costo de la vida y pesimismo sobre los resultados de negociaciones con Irán y sus implicaciones para el precio del combustible.
CBS News señaló que la guerra con Irán ha expuesto fricciones entre el presidente y Pete Hegseth, su secretario de Guerra. El magnate ha expresado frustración con el progreso de la llamada Operación Furia Épica, cuya intransigencia reaccionaria ha desechado oportunidades para resolver el conflicto más rápidamente.
Con Información de elsiglo.cl
