Miércoles, 9 de Septiembre de 2026
Nacional

Crisis de magnitud considerable afecta al país

El ítem que se supone era en el que el actual gobierno iba a destacar -a lo menos eso decía la derecha durante la campaña- ha sido un completo fiasco. El crecimiento económico es solamente una vaga promesa que se diluye entre el alza de la inflación y el desempleo. Los números indican, más bien, que la economía se hunde en la recesión y las únicas cosas que se le ocurren al ministro de hacienda y sus asesores, sólo la profundizan. Es más, casi todos los economistas consultados, excepto sus amigos, coinciden en señalar su responsabilidad en este resultado.

El problema no es técnico, sino político. Se trata de una serie de decisiones que en el summum de su ideologismo suponen que, beneficiando a los ricos, el chorreo se va a hacer cargo del resto. Pasa por alto todas las mediaciones, intercambios y articulaciones que la mueven hasta dejarlo preso de sus resultados sin saber qué hacer excepto repetir el manual. La posibilidad de que el Banco Central baje la tasa de interés para incentivar la actividad es prácticamente una quimera con la inflación que él mismo provocó con su fundamentalista decisión de no intervenir el mercado, específicamente con el bencinazo de marzo, profundizado por las pésimas perspectivas de la aventura guerrerista y especuladora de su “socio estratégico”, Donald Trump, en el Golfo Pérsico.

Imposible para Quiroz y compañía concebir otras soluciones que no sean privatizar, eliminar regulaciones y controles estatales. Dejando a un lado que reducir el gasto fiscal significa paralizar obras públicas, investigación, capacitación y prospección de futuras industrias y negocios -lo que conlleva además despidos y eliminación de fuentes de trabajo- solamente le quedan las viejas recetas de los subsidios a la contratación y los planes de empleo de emergencia, del tipo PEM y POHJ. Un desempleo que se empina al 9,5%, al que se suma el desempleo de larga duración, que pasó de un 10 a un 20% este año, ya son un problema político; como dijo el presidente de la Cámara de Diputados Jorge Alessandri “es una crisis grande”.

La popularidad de Kast se hunde irremediablemente y la confianza en el gobierno, así como su respaldo, se desploman, mientras los chascarros que protagoniza profundizan la tendencia, cambios de gabinete de por medio, descoordinaciones en temas tan delicados como las relaciones internacionales y la improvisación en materia de seguridad. Lo más curioso en todo caso es que ante un gobierno que por su clasismo y chapucería, sólo mete las patas con un alto costo para el pueblo, el malestar social no se exprese más que en las encuestas y la oposición registre niveles de respaldo casi tan ridículos como los del gobierno.

El malestar y la protesta social no son solamente, nunca lo han sido, el resultado de la pura insatisfacción. Esta de hecho ha podido ser resuelta de las más diversas maneras que, aunque la profundizan -por ejemplo, el endeudamiento- le permiten soportarlo momentáneamente. Lo mismo la manipulación emocional e ideológica a través de los medios y hoy por hoy, las redes sociales.

La sociedad parece paralizada ante la ausencia de alternativas y de planes por los cuales valga la pena movilizarse. Así las cosas, el malestar -lo más probable- va a terminar siendo el instrumento de algún tipo de populismo que, en los hechos, no va a modificar gran cosa las condiciones materiales que lo explican. Hasta algunos parlamentarios de derecha hacen propuestas de este tipo. No va a haber manifestaciones políticas de descontento ni movilización de la opinión pública y las organizaciones sociales mientras no haya contrapartes dispuestas a disputar con el gobierno y la derecha, un proyecto de sociedad distinto.

Solamente, oponiendo un concepto distinto de sociedad y de la economía es posible superar este estado de marasmo; la izquierda tiene un capital acumulado de propuestas que se expresaron en el debate constitucional; y antes, en las propuestas de las organizaciones sociales, sindicales, ambientalistas, de género y pueblos originarios que son la base para reconstruirlo. Quienes hoy en día abjuran de ellas solamente demuestran no sólo oportunismo político sino deshonestidad intelectual e incapacidad política. Precisamente la que le permite a la derecha gobernar contra los intereses del pueblo y posiblemente, seguir haciéndolo en el futuro.

Con Información de elsiglo.cl

gerente

Redacción.

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