Jueves, 15 de Octubre de 2026
Nacional

Análisis de Álvaro García Linera sobre si China constituye el nuevo centro del mundo

Álvaro García Linera, tres veces vicepresidente de Bolivia entre 2006 y 2019, docente, investigador y autor de numerosos libros y ensayos de sociología y teoría social, firma el texto con fecha 14/10/2026.

En 1858, Karl Marx expresó su preocupación de que una eventual revolución europea quedara reducida geográficamente a un “pequeño rincón” del mundo, debido al avance de la sociedad burguesa en amplias zonas del planeta como China, Japón, Australia y California (Collected Works, vol. 40).

Han transcurrido 168 años y la historia confirmó las previsiones de Marx. Hoy China es la economía más grande del planeta. Si se mide el PIB por la paridad del poder adquisitivo (PPA), que elimina las distorsiones del tipo de cambio de mercado y las diferencias del costo de vida, el FMI calcula que China representa el 19,9 % de la economía mundial; Estados Unidos, el 14,5 %, y la Unión Europea (UE), el 14 %. En 1990, China llegaba apenas al 3 % del total mundial, Estados Unidos al 19 % y Europa al 23 % (FMI DataMapper, 2026). Si se considera toda Asia, el PIB continental alcanza el 49 % del planeta.

Pero China no solo lidera por el tamaño de su PIB, sino también por los fundamentos materiales que sostienen el poder de las naciones.

En valor manufacturero añadido, China genera el 29 % del total mundial, mientras que Estados Unidos y la UE aportan el 17 % cada uno (Statista Research, 2025). Se estima que para 2030 ese poderío llegará al 45 % (ONUDI, 2024). Su liderazgo no se limita a la fabricación masiva de juguetes o electrodomésticos: también abarca áreas de tecnología avanzada y el control de toda la cadena de valor de los productos. China ya es líder en 7 de las 10 industrias más avanzadas del mundo: sistemas de informática y electrónica, químicos, maquinarias y equipos, metales básicos, automotores, metales manufacturados y equipos electrónicos. A su vez, Estados Unidos encabeza la producción de tecnología y servicios de la información —en particular, el diseño de chips para IA—, fármacos y otros sectores del transporte (ITIF, 2026).

En 2024, China fabricó el 86 % de los paneles solares del planeta, el 80 % de las baterías eléctricas, el 72 % de los autos eléctricos, el 64 % de los smartphones, el 54 % de los robots industriales y el 49 % de los drones (El País, 25, IX, 2026).

En consumo de electricidad, el ascenso chino ha sido espectacular. En 1990, el país consumía menos de 1000 teravatios-hora (TWh), mientras que Estados Unidos consumía 3000 TWh. Para 2025, China llegó a los 10 300 TWh, y Estados Unidos se ha estancado desde hace 20 años en torno a los 4200 TWh (EIA, 2026).

Además, China es el primer electroestado del mundo, al ser el mayor inversor mundial y el mayor productor de energías alternativas. China no produce petróleo y, en el último siglo, fue uno de los mayores extractores de carbón para generar energía. Sin embargo, en la última década ha sido el país que más ha aportado a la transición energética global. Su capacidad de generación de energía solar es hoy de 1175 TWh, mientras que el resto del mundo en conjunto genera solo 1600 TWh (Statista, IV, 2026). Actualmente, China tiene un complejo productivo con una capacidad anual de fabricación de paneles solares de 1200 TWh, por lo que, si supera problemas de almacenaje, en menos de 10 años podría fabricar la cantidad de paneles suficiente para detener el cambio climático (Tooze, 19. IX, 2025). Ninguna nación del mundo posee hoy esa capacidad de reparación ecológica global.

En general, el crecimiento de la economía china representa entre el 25 % y el 30 % del aumento de la economía mundial. Desde 1990 hasta 2025, el promedio de crecimiento del PIB fue del 8,5 %, con algunos años en 14 %, aunque en los últimos años se ha estabilizado en torno al 5 %. Este desarrollo incomparable le permitió multiplicar por 54 veces el tamaño de su economía desde 1990, mientras que Estados Unidos lo hizo 5,1 veces y la UE, 2,9 veces, en el mismo lapso (World Bank, open data, 2026).

Mediante una combinación planificada de apertura a la inversión extranjera, transferencia tecnológica, apoyo a la inversión privada nacional y creación de empresas estatales en áreas estratégicas de la economía, China alcanzó este liderazgo manteniendo una tasa de inversión anual que, durante más de dos décadas, se ha movido entre el 35 % y el 45 % respecto al PIB. En comparación, Estados Unidos y la UE lo han hecho en torno al 17 % y al 22 %.

En intercambio comercial, entre 1990 y 2025 China acumuló un superávit comercial de 9,7 billones de dólares. Solo en 2025, con una guerra comercial declarada por Estados Unidos, el superávit llegó a 1,1 billones de dólares (BBC, enero, 2026).

Estos flujos de ingresos le permitieron a China convertirse en el mayor acreedor bilateral del mundo, por encima del Banco Mundial o el FMI. Desde 1990 hasta 2025, China otorgó préstamos comerciales por 2,2 billones de dólares, incluidos a Estados Unidos (AidData, XI, 2025). Esa cifra ya supera los 1,3 billones que, en el mismo periodo, Estados Unidos dispuso como asistencia militar y económica a países aliados (USAFacts, IX, 2026). Así, mientras China ha creado una infraestructura global de provisión de materias primas y distribución de mercancías (“Ruta de la seda”), Estados Unidos ha mantenido ejércitos y líderes serviles a sus designios políticos.

Pese a todo este poderío económico, China, a diferencia de lo que hizo Estados Unidos en el siglo XX y, antes, el Reino Unido, no ha establecido aún la hegemonía global de su moneda, no ha desplegado bases militares para garantizar su supremacía política ni tampoco exporta su cultura ni su sistema político como modelo a imitar por el resto de los países.

Hoy, el dólar sigue cumpliendo la función de moneda de reserva global para el 85 % de las operaciones cambiarias del mundo, cubre el 58 % de las reservas internacionales de los bancos de los Estados y es el operador monetario del SWIFT para la mayoría de los pagos globales (BIS, 25, II, 2026). Pero China, en el ámbito doméstico, ya creó el segundo mercado de bonos de renta fija más grande del planeta, valorado en 28 billones de dólares, detrás del de Estados Unidos, que mueve 61 billones de dólares (Deutsche Bank, VII, 2026). Asimismo, posee 3 de los 10 centros financieros más importantes del mundo: Shanghái, Hong Kong y Shenzhen.

En cuanto a bases militares en el extranjero, China tiene 3, frente a las 750 de Estados Unidos, y por ahora no se la ve interesada en exportar su forma de organización política llamada “socialismo con características chinas”. Respecto de la expansión cultural, esta recién comienza —videojuegos, estética asiática, plataformas digitales de compra rápida— a medida que el mercado interno cobra importancia para el crecimiento económico. En Estados Unidos, el consumo interno de los hogares representa el 69 % del PIB; en China, el 40 % (Banco Mundial, 2026). Comparativamente, hace veinte años el ingreso per cápita de China respecto al de Estados Unidos era de 1 a 20. Hoy es de 1 a 3,5. En menos de 50 años será de 1 a 1 (Milanovic, 2026). Todo apunta a que el “Gran Rejuvenecimiento de la Nación China”, con el que sus gobernantes miran la restauración de la grandeza global de su país, no se mide con el apuro de las décadas, sino con la obstinada paciencia de los siglos.

El texto concluye que no cabe duda de que China es ya hoy el centro del mundo. Frente a ello, califica de patético que las élites reaccionarias latinoamericanas se desesperen por conseguir una visa a Estados Unidos o comprar un departamento en Madrid para elevar su estatus de “modernidad”. A su juicio, corren enajenadas detrás de espejuelos de países que ya solo son “pequeños rincones” del mundo.

Con Información de elsiglo.cl

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Redacción.

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