Martes, 20 de Octubre de 2026
Nacional

Amenaza fantasma

“Así como el mundo progresista intenta impedir la destrucción del planeta y el fin de la humanidad, en nuestro país, los verdaderos demócratas son los que defienden a las grandes mayorías pauperizadas y vulnerables ante el actual modelo político, social, económico y cultural”.

Alfonso Valenzuela. Periodista. Santiago. 20/10/2026. La reciente Conferencia Nacional del Partido Comunista acertó al poner el acento en recuperar los vínculos con la organización social, en los barrios, sindicatos y centros estudiantiles. No se trata solo de la indispensable movilización popular ni de los procesos electorales, sino de compartir realmente las demandas y necesidades y luchar por satisfacerlas.

Frente al actual gobierno, el rol opositor exige una atención permanente a las medidas antipopulares, los recortes de financiamiento a derechos sociales, y libera a la ciudadanía progresista de respaldar iniciativas que fortalezcan el modelo neoliberal.

No se trata de considerar el cumplimiento o no de lo ofrecido por la ultraderecha en campaña, sino de buscar caminos propios de la oposición para superar el estancamiento económico, el desempleo y la carestía de la vida. Tampoco se trata de que al Presidente Kast “le vaya bien o mal” durante su mandato, sino de proteger los avances logrados por la lucha de los trabajadores e impedir retrocesos sociales y económicos.

El Parlamento es solo una de las herramientas con que cuenta el pueblo para imponer medidas que beneficien a las grandes mayorías y que necesariamente se complementa con la lucha social y las manifestaciones. Si bien hoy se intenta levantar una cortina de humo ante los sucesos del 18 de octubre de 2019, todas las reivindicaciones reclamadas entonces multitudinariamente en las calles siguen pendientes.

Respecto a la cantilena de la ultraderecha contra la protesta social, la violencia institucionalizada, las acusaciones y tergiversaciones sobre las consecuencias del estallido y las medidas represivas programadas por el aparato del Estado se enfrentan a la evidencia del permanente y creciente malestar de la ciudadanía.

Mientras —por ejemplo, entre otros— se exime de responsabilidades a un carabinero por dejar ciega a una manifestante, hoy elegida democráticamente como senadora de la República, se pide la liberación de los presos en Punta Peuco condenados por crímenes de lesa humanidad y los más terribles atropellos a los derechos humanos en la historia del país.

El fantasma de la repetición de un estallido social semejante debería orientar a sus detractores a buscar y tratar de solucionar las causas que lo provocaron y podrían volver a argüirse para nuevas manifestaciones ciudadanas de descontento.

Probablemente nunca se sabrá quiénes y por qué se incendiaron estaciones del Metro y varios templos, tampoco quién ordenó apagar las cámaras de seguridad en esos entornos neurálgicos, pero para evitar costos como esos es indispensable una política social que favorezca claramente a los sectores más desposeídos y que personeros y empresas que sacan provecho del poder económico y político tributen más, cedan espacios y permitan el desarrollo democrático de la sociedad chilena.

A estas alturas, los “pliegos de peticiones” del pasado reciente han dado paso a procesos de convergencia social, política y económica que llevan a la unidad de las grandes mayorías para hacer frente al gran empresariado, las transnacionales monopólicas, el nefasto gobierno de Trump en los Estados Unidos y sus seguidores en Chile.

Así como el mundo progresista intenta impedir la destrucción del planeta y el fin de la humanidad, en nuestro país los verdaderos demócratas son los que defienden a las grandes mayorías pauperizadas y vulnerables ante el actual modelo político, social, económico y cultural. Este es el verdadero fantasma que nos amenaza.

Con Información de elsiglo.cl

gerente

Redacción.

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