Con la llegada del verano y el inicio de las vacaciones para muchas personas, las rutinas diarias suelen volverse más flexibles, especialmente en relación a la alimentación y el ejercicio. Los cambios en los horarios, un aumento en la vida social y el deseo de descansar pueden impactar nuestros hábitos. Por ello, es esencial encontrar un equilibrio que permita disfrutar de la temporada estival sin que esto afecte el regreso a la rutina posterior.
“Generalmente, nos levantamos y acostamos más tarde, lo que alarga el día, especialmente durante la noche, y eso muchas veces conduce a un aumento en el consumo de alimentos, en particular de picoteos”, destacó Mauricio Orellana, académico de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Talca.
En este contexto, el especialista ofrece varias recomendaciones para disfrutar del descanso sin abandonar del todo los hábitos saludables. La primera es la hidratación: “Ante las altas temperaturas, es clave mantenerse bien hidratado. A mayores temperaturas, mayor debe ser el consumo de agua”, señala.
Otro aspecto esencial es preferir alimentos de temporada. “Las frutas y verduras de la época son ideales: son más frescas, asequibles y ricas en nutrientes”, argumenta Orellana. Para quienes tienden a picotear por la noche, sugiere elegir opciones menos calóricas, como frutas o bastones de verduras, como apio o zanahoria.
En cuanto a las comidas principales, el académico aconseja no eliminar ciertos alimentos, sino buscar un balance. “Podemos disfrutar de un asado, pero en vez de acompañarlo con papas, arroz u otros alimentos más calóricos, es preferible optar por verduras y proteínas de alta calidad”, indicó el nutricionista.
Actividad física
La actividad física también juega un papel crucial en verano. Si bien el experto reconoce que las rutinas pueden alterarse, sugiere no abandonarlas del todo. “Lo ideal es mantener al menos dos o tres sesiones de ejercicio por semana, eligiendo horarios adecuados para evitar el sol intenso, como entrenar a primera hora de la mañana o al caer la tarde”, afirmó.
Además, destacó que las vacaciones son una oportunidad para incorporar más movimiento en nuestra cotidianidad. “Caminar más, usar menos el auto cuando se pueda o retomar la bicicleta son maneras sencillas de mantenerse activo”, agregó.
Finalmente, el nutricionista enfatizó la importancia de evitar los extremos. “Culturalmente, tendemos a pensar que en vacaciones todo es permisible y que en marzo volveremos a la normalidad. Sin embargo, esto puede llevar a que el cuerpo se acostumbre a comer en exceso, lo cual hace más difícil regular el apetito luego”, explicó.
En este sentido, mantener horarios y porciones similares a los del resto del año puede facilitar la transición de vuelta a la rutina. “No se trata de restringirse, sino de no abandonar completamente la estructura alimentaria. Aunque puede ser complicado, es posible lograrlo, y los beneficios se notan cuando llega marzo”, concluyó Orellana.
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