Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH).
El envejecimiento en Chile avanza rápidamente. Actualmente, más del 20% de la población es mayor de 60 años, y según el Censo 2024, esta cifra seguirán aumentando de manera continua en las próximas décadas. En la Región del Maule, esta realidad es aún más pronunciada: más de una de cada cinco personas supera los 60 años, posicionando a la región entre las más envejecidas del país. Este cambio demográfico tiene implicaciones que trascienden las cifras; transforma la economía regional, el mercado laboral y las condiciones para una vejez digna.
Para las personas mayores, el bienestar económico es un pilar fundamental de su calidad de vida. Pensiones insuficientes, empleo precario y altos costes de atención sanitaria generan una combinación que obliga a muchos mayores a vivir en constante incertidumbre, incluso después de largas trayectorias laborales.
Frente a esta situación, Chile ha introducido reformas previsionales recientes. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) ha valorado positivamente el incremento de la tasa de cotización obligatoria y los elementos redistributivos implementados, como el fortalecimiento de la Pensión Garantizada Universal (PGU) y el bono compensatorio para mujeres. Se estima que estas medidas podrían resultar en pensiones futuras entre un 3,2% y un 5,2% más elevadas en comparación con un escenario sin reformas.
A pesar de ello, el impacto de estas mejoras sigue siendo insuficiente para una parte significativa de la población mayor, especialmente en regiones como el Maule, donde los ingresos son históricamente más bajos y la informalidad laboral predomina. Más de un millón de personas mayores en Chile aún trabaja para complementar sus ingresos y enfrentar el costo de la vida.
El problema no radica en que los mayores trabajen, sino en las condiciones en que lo hacen. Más de la mitad de las personas mayores empleadas se encuentra en el sector informal: alrededor del 53% en el grupo de 60 a 64 años y hasta un 63% en quienes tienen 70 años o más. En regiones con alta ruralidad y empleo estacional, como el Maule, esta situación se agrava, perpetuando la precariedad económica en la adultez avanzada.
Por tanto, el desafío no se resuelve únicamente con reformas previsionales. Es urgente implementar políticas integrales en economía y empleo para personas mayores, coordinadas entre el Estado, el sector privado y las comunidades. Al menos cinco líneas de acción deben ocupar un lugar central en la agenda política:
a) Fomentar el empleo formal para personas mayores mediante subsidios o créditos para empresas que contraten a trabajadores senior, así como programas efectivos de recualificación laboral para quienes deseen seguir activos.
b) Erradicar el edadismo laboral. Valorar el talento de las personas mayores no solo es una cuestión de justicia social, sino también de productividad y transferencia de experiencia, fortaleciendo la economía regional.
c) Consolidar las reformas previsionales ya implementadas y avanzar hacia una pensión mínima que realmente cubra las necesidades básicas, manteniendo el aumento gradual de las cotizaciones patronales hacia 2034 con una perspectiva a largo plazo.
d) Facilitar el reingreso laboral en condiciones más favorables para las personas mayores, promoviendo la flexibilidad horaria, adaptando los puestos de trabajo y eliminando sesgos etarios en los procesos de contratación.
e) Fomentar el concepto de “empleo digno senior”, que incluya mentorías intergeneracionales, transmisión de conocimientos y entornos laborales inclusivos.
Este asunto es de vital importancia. En regiones envejecidas como el Maule, se trata de una cuestión estructural en el desarrollo presente y futuro. La clase política debe avanzar con propuestas claras y medibles en relación a pensiones, empleo para mayores y la economía del envejecimiento, prestando especial atención a las distintas realidades territoriales.
Las personas mayores ya no son un grupo marginal en Chile. Son actores sociales, económicos y políticos clave. Avanzar hacia una vejez digna requiere decisiones inmediatas. El envejecimiento no espera, y la política tampoco debería hacerlo.
Con Información de www.diarioelcentro.cl
