Un notebook no lo soluciona todo, pero tiene el poder de transformarlo todo.

Por Emerson Marín, CEO y Cofundador de Lirmi

Hace más de 25 años, solo un 5% de las familias contaba con acceso a internet en casa, y para muchos era un lujo.

La mayoría de nosotros teníamos que visitar cibercafés de forma ocasional, pagando por cada hora y aprovechando al máximo cada clic.

Así fue como aprendimos.

Con Osvaldo compartíamos el teclado, turnándonos entre tareas escolares y foros como Maestros del Web o Cristalab, donde aprendíamos a crear una página en HTML o a hacer animaciones en Flash.

Debías aprender por tu cuenta, o no aprender. Pero en cada intento, adquirías algo: curiosidad, autonomía y una nueva perspectiva.

De esta escasez nacieron grandes programadores, emprendedores y profesionales que transformaron sus vidas y las de sus familias.

Hoy me sorprende que más de 100.000 estudiantes de 7° básico en escuelas públicas estén recibiendo un notebook con un año de internet, gracias a la Beca TIC de JUNAEB. Para muchos, es la primera vez que tienen una herramienta propia, nueva y que no necesitan compartir. Es un acceso al conocimiento, al trabajo y a la movilidad económica.

Un computador con internet no es un premio; es poder.

Los datos son claros

¿Y qué implica esto en la práctica?

Significa que ese notebook puede ser la diferencia entre perpetuar la historia de pobreza de una familia o romperla. El acceso digital transforma el punto de partida. Permite aprender de forma independiente, desarrollar habilidades técnicas, preparar exámenes, iniciar un negocio, trabajar de forma remota o simplemente comprender el mundo.

Un joven conectado aprende a programar en YouTube, explora carreras universitarias, mejora su inglés en Duolingo y sigue tutoriales de matemáticas. Un joven desconectado no tiene esas oportunidades, no por falta de talento, sino por falta de acceso.

Entonces, ¿cómo activamos ese potencial?

  1. Herramientas concretas, sin idealismos

    Scratch, Code.org, Khan Academy, ChatGPT. Son gratuitas y útiles, pero requieren acompañamiento.

  2. Proyectos significativos, no tareas repetitivas

    Utilizar la tecnología para crear algo relevante para su comunidad, escuela o familia.

  3. Espacios para la exploración

    Clubes de programación, recreos tecnológicos, hackatones escolares. Debemos abrir caminos.

  4. Inclusión de las familias, no exclusión

    Enseñar a padres y madres a utilizar las plataformas. De lo contrario, la brecha digital se trasladará al hogar.

  5. Tecnología como herramienta ciudadana

    Aprender a buscar, contrastar información, expresarse con respeto y cuidar la privacidad. Fomentar el pensamiento crítico digital.

En Lirmi hemos visto repetidamente:

Estudiantes que no destacaban, brillan.

Profesores que estaban agotados, se revitalizan.

Comunidades que se sentían resignadas, se organizan.

Ya se ha dado el primer paso: se ha proporcionado el hardware.

Ahora debemos convertir eso en una oportunidad.

Que esta generación no solo utilice tecnología.

Que la genere, la desafíe y la ponga al servicio de su entorno.

Con Información de osornoenlared.cl

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