
La captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas gringas abre un nuevo capítulo en Latinoamérica. Más allá de la bomba mediática que esto significa, hay preguntas que no podemos dejar pasar: ¿qué va a pasar de aquí en adelante y qué implica para nuestra región?
La historia nos da varias lecciones. En Panamá, con la caída de Noriega en 1989, se logró una transición democrática, pero fue con tutela externa y a costa de muchas vidas. Irak y Afganistán, tras intervenciones similares, terminaron en conflictos que se arrastran hasta hoy. Libia, tras Gadafi, se convirtió en un territorio dividido. Estos ejemplos muestran que sacar al líder o dictador no garantiza que todo se acomode ni que se instauren instituciones sólidas.
Ahora, Venezuela enfrenta un dilema similar. La salida de Maduro no significa que se desmantelen las redes militares y económicas que sostienen al chavismo. Sin acuerdos mínimos, estamos en riesgo de cambiar un régimen por otro o abrir las puertas a la violencia. La urgencia de querer soluciones rápidas a menudo termina en fracasos que se arrastran por años.
Para Latinoamérica, el impacto será regional, relacionado a temas de migración, tensiones diplomáticas y nuevos alineamientos geopolíticos. Además, la acción unilateral de los gringos marca un precedente que debilita normas internacionales y podría justificar futuras intervenciones selectivas.
Hay una oportunidad, pero no va a llegar sola. Una transición democrática necesita reglas claras, supervisión externa y garantías para la ciudadanía. Confundir la caída de un caudillo con la llegada de la democracia podría costarnos repetir errores del pasado y sus consecuencias.
Felipe Vergara Maldonado
Analista Internacional
Universidad Andrés Bello
Con Información de portalmetropolitano.cl





