Carmen Gloria Zambrano Bravo, Kinesióloga, Departamento de Ciencias del Movimiento Humano y Escuela de Kinesiología, Facultad de Ciencias de la Salud. Miembro del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca.
El envejecimiento es un proceso natural, pero no todos lo experimentan de la misma manera. La ciencia ha identificado un fenómeno silencioso que afecta a muchos ancianos y tiene un impacto notable en su calidad de vida: la inflamación sistémica de bajo grado.
Aunque el término puede parecer complicado, se puede entender fácilmente: es como tener una pequeña “fogata” encendida de manera constante dentro del cuerpo. No provoca fiebre ni dolor inmediato, pero con el tiempo, esa “fogata” puede dañar nuestros tejidos, acelerar el envejecimiento y aumentar el riesgo de enfermedades como diabetes, hipertensión, deterioro cognitivo e incluso algunos tipos de cáncer.
Este tipo de inflamación es, en parte, resultado del envejecimiento natural, pero también está influenciada por factores del estilo de vida, como la inactividad física, una alimentación poco saludable, el estrés crónico y la falta de sueño, entre otros.
Sin embargo, existen maneras de extinguir esa “fogata”. Una de las acciones más efectivas y accesibles para todos es el ejercicio físico regular. Movilizar nuestro cuerpo no solo fortalece los músculos y mejora la salud cardiovascular, sino que también actúa como un potente antiinflamatorio natural. Cuando una persona mayor comienza a practicar actividades como caminar, bailar, andar en bicicleta o realizar ejercicios de fuerza adaptados a sus capacidades, su organismo reacciona: disminuye la inflamación, se mejora el estado de ánimo, el sueño y el apetito, y se reduce el riesgo de caídas y hospitalizaciones.
En la Universidad de Talca, hemos estado trabajando durante años con personas mayores en programas de rehabilitación cardiorrespiratoria, y somos testigos de estos cambios positivos. Aquellas personas que llegaron con fatiga, dolores y miedo a moverse, logran recuperar la confianza, la energía y, sobre todo, el deseo de vivir de manera plena.
El envejecimiento no tiene por qué implicar enfermedad o dependencia. Con el apoyo adecuado, conocimiento y decisiones cotidianas como mantenerse activo, podemos envejecer con dignidad, autonomía y felicidad. Así que, si tiene más de 60 años —o cuida a alguien que sí— recuerde esto: nunca es tarde para comenzar. Moverse es salud. Y el mejor momento para iniciar es hoy.
Con Información de www.diarioelcentro.cl
