No lo anticipamos: institucionalidad, justicia y corrupción.

Diego Palomo. Universidad de Talca.

Estimado Director:

Los eventos que comenzaron el 18 de octubre de 2019, conocidos como “estallido social”, se manifestaron a través de protestas masivas que exigían un cambio en el modelo político y económico y resaltaron numerosas demandas relacionadas con la institucionalidad, incluida la Justicia. Algunos se sorprendieron y aseguraron que no lo vieron venir. Los procesos constituyentes que siguieron a estas manifestaciones no lograron abordar adecuadamente los problemas más graves y resultaron en un fracaso.

Ahora, en noviembre de 2025, a seis años de distancia y en vísperas de una elección presidencial, seguimos atrapados en la crisis institucional de la Justicia, coincidiendo con escandalosos incidentes surgidos a raíz del caso llamado «audios» o caso Hermosilla. Parece que los candidatos a la presidencia se centran principalmente en la construcción de más cárceles, sin ofrecer propuestas claras y sistémicas para reformar el sistema judicial. Por ejemplo, no he visto ninguna propuesta que contemple la eliminación de la intervención del Senado en el nombramiento de ministros de la Corte Suprema.

La situación es grave y no puede ser minimizada. Si consideramos las células cancerígenas que amenazan la salud de la Justicia, situaciones que han llevado la confianza de la ciudadanía a niveles alarmantemente bajos, destacan 1) la corrupción: jueces, fiscales o policías que actúan por intereses propios, sobornos o favores políticos; 2) la impunidad: en la que los poderosos no enfrentan consecuencias, mientras que los que no tienen poder sí lo hacen; y 3) la falta de independencia: cuando el sistema judicial está controlado o presionado por el poder político o económico.

La integridad de la institución judicial está en peligro, y esto es un asunto serio. La prosperidad y democracia de un país dependen de una institucionalidad sólida y competente. Espero que quien asuma la presidencia sea capaz de implementar los cambios necesarios para restaurar la confianza en la Justicia, sin empeorar el panorama. Recomiendo encarecidamente el libro “Por qué fracasan los países” (2012) de Acemoglu y Robinson, que profundiza en cómo la solidez de las instituciones determina la prosperidad de las naciones. Debería ser lectura obligatoria para quienes aspiran a la presidencia.

Con Información de www.diarioelcentro.cl

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