Bernardita Daniels, nutricionista y directora de la Fundación Punto Seguido
Francisco Daniels, odontólogo y sobreviviente de un ACV
En Chile, cada quince minutos, una persona sufre un ataque cerebrovascular. Cada minuto que transcurre sin recibir atención puede resultar en la pérdida irreversible de millones de neuronas, lo que puede llevar a una discapacidad severa o incluso a la muerte.
Lo sabemos bien. Hace una década, mi padre sufrió un ACV mientras desayunaba en un hotel en Valdivia. Afortunadamente, gracias a la rápida reacción del personal que llamó a una ambulancia y a la suerte de estar en una ciudad con trombólisis —un tratamiento que puede mitigar las secuelas si se aplica a tiempo—, logró sobrevivir.
Desde ese momento, entendimos que un ACV no solo afecta a la persona que lo sufre, sino también a su entorno. Decidí dejar mi hogar y mi trabajo para apoyar a mis padres durante un extenso proceso de rehabilitación. Durante ese tiempo, descubrimos algo alarmante: no había ningún lugar donde los pacientes y sus familias pudieran obtener orientación o apoyo emocional. Esta falta dio origen, años después, a la Fundación Punto Seguido ACV Chile.
Es fundamental detectar los síntomas a tiempo: dificultad para hablar, pérdida de fuerza en un brazo, asimetría facial o desbalance. Esto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, así como entre una recuperación exitosa y una discapacidad permanente. Por eso, nos hemos comprometido a difundir esta información y a fomentar la prevención a través de charlas en empresas.
El ACV no es un problema exclusivo de los ancianos; cada vez afecta más a personas jóvenes y activas, muchas veces en plena jornada laboral. Creemos que las empresas juegan un papel crucial en la prevención y en la educación. En estas, se reúnen cientos de individuos que pueden aprender a reconocer y actuar ante este tipo de emergencias. Hemos visto cómo discutir estos temas en el trabajo puede salvar vidas.
En nuestras charlas, padre e hija compartimos el escenario, y cada vez vemos cómo los asistentes absorben la información y sienten el impulso de actuar. Lo más gratificante es recibir, después del evento, mensajes de quienes nos cuentan que lograron identificar los síntomas a tiempo en un familiar o compañero de trabajo, gracias a lo que aprendieron.
El dolor y la confusión provocados por un ACV no distinguen clases sociales. Aunque el acceso a la rehabilitación está garantizado, puede haber discrepancias en la cantidad y continuidad de las sesiones. Es por ello que necesitamos crear una red donde el Estado, la sociedad civil y el sector privado colaboren para construir una comunidad más consciente y capaz de cuidarse mutuamente.
El ataque cerebrovascular es la segunda causa de muerte en Chile y la principal causa de discapacidad adquirida. Uno de cada tres sobrevivientes no puede reingresar al mercado laboral. Además de las secuelas físicas y cognitivas, muchos enfrentan retos emocionales, espirituales, sociales, laborales y económicos.
Cada minuto cuenta. Cada gesto, cada conversación y cada acción informada pueden salvar una vida y ofrecer un futuro diferente a las familias. En el mes dedicado al ACV, hacemos un llamado a tomar conciencia y a cuidarnos mutuamente.
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Con Información de osornoenlared.cl





