Nassib Segovia
Vicedecano de la Facultad de Economía, U. Central
La Ley 21.719 ha desencadenado un debate que trasciende lo jurídico y repercute en el uso cotidiano de los datos personales con fines comerciales. Chile ha dado un paso hacia un estándar moderno de privacidad, alineado con tratados internacionales, pero aún existe una brecha considerabla entre la normativa y la práctica, sobre todo en el ámbito del marketing digital, donde ha predominado la idea de que «los datos disponibles son utilizables».
Esta legislación demanda una transformación basada en el consentimiento explícito, propósitos claros, trazabilidad y verificación del origen de los datos, lo que implica abandonar bases de datos heredadas y segmentaciones poco transparentes. Un claro ejemplo es el envío de promociones sin contar con registros válidos, un desafío que se intensifica debido a la dependencia de plataformas externas; el verdadero problema radica en que el marketing debería dejar de tratar a las personas como meros perfiles.
Muchos sistemas de marketing, como CRMs y automatizaciones, fueron concebidos para activar datos, no para registrar consentimientos ni gestionar su eliminación. La ley regula no solo la captura de datos, sino también su registro, perfilamiento y los límites de uso, lo que obliga a revisar procesos y garantizar que cada usuario esté plenamente informado sobre cómo y por qué se utiliza su información.
El rol del Estado es fundamental, no solo para la fiscalización futura, sino también para promover una cultura que valore la privacidad como parte de un trato digno. Esto requiere acciones concretas, como campañas de educación digital y una mayor transparencia en la publicidad automatizada.
Lo que está en juego no es simplemente un protocolo administrativo, sino la confianza, que es esencial para el desarrollo. El Estado, las empresas y la ciudadanía deben entender que un marketing responsable no frena el crecimiento, sino que ofrece la oportunidad de construir relaciones más transparentes y sostenibles. La ley ya ha marcado el camino, y ahora es momento de pasar de la teoría a la práctica, asegurando el control efectivo a través de evidencia, trazabilidad y cumplimiento real.
Con Información de osornoenlared.cl





