Estrés postraumático: estrategias para su prevención y apoyo a quienes lo padecen en situaciones de emergencia.

En el contexto de la emergencia provocada por los incendios forestales, especialistas en salud mental advierten que el estrés postraumático puede manifestarse semanas o incluso meses después del evento. Por ello, sugieren activar de inmediato canales de comunicación y apoyo psicosocial para ayudar a las personas afectadas y prevenir consecuencias a largo plazo.

Nadia Ramos, directora del Centro de Psicología Aplicada de la Universidad de Talca, indicó que las reacciones de las personas ante una experiencia traumática son diversas. “El trastorno por estrés postraumático (TEPT) puede presentarse de manera similar en diferentes individuos, aunque el evento traumático varíe. Los síntomas más comunes incluyen pesadillas, flashbacks (revivir el incidente), comportamientos de evitación y una sensación constante de amenaza, como hipervigilancia o sobresaltos”, explicó.

La psicóloga precisó que el trastorno puede ser diagnosticado aproximadamente un mes después del acontecimiento, y añadió que una dificultad particular en incendios como los ocurridos en Biobío es la incertidumbre sobre su finalización.

“Existen consecuencias adversas que perduran y reactivan la experiencia traumática, como la pérdida del hogar, la necesidad de hospedarse en otro lugar o la falta de pertenencias. Este es un periodo de inestabilidad y malestar, además del impacto del evento en sí”, enfatizó.

Señales de alerta

La especialista advirtió que, en los días o semanas posteriores a la emergencia, es habitual que las personas estén más alteradas, con episodios de llanto, mayor retraimiento, dificultad para hablar sobre lo ocurrido, y problemas de concentración o retención de información. “Estas respuestas son normales”, explicó.

“Sin embargo, si este malestar persiste durante aproximadamente 3 semanas a un mes y sigue siendo intenso, es importante evaluar la salud mental del individuo, ya que es probable que el malestar se haya convertido en un trastorno serio”, advirtió la académica.

Ramos también subrayó que los efectos pueden diferir según la edad. En los niños, es común que surjan miedos, un mayor apego a los padres y retrocesos en conductas previamente adquiridas, como mojarse la cama o querer dormir con los padres.

Agregó que, tras la emergencia, los niños suelen captar la tensión de los adultos, especialmente si están al cuidado de familiares mientras sus padres se organizan para la reconstrucción. “Por eso es fundamental acompañarlos, validar sus emociones y conversar con ellos, asegurándoles que tienen miedo, pero que ahora están a salvo”, siempre con honestidad, ya que “los niños son muy sensibles a las señales no verbales”.

En cuanto a los adultos mayores, la psicóloga enfatizó que la compañía es esencial. “Si están sufriendo por las pérdidas, es vital acompañarlos y no dejarlos solos, sobre todo si viven solos o con su pareja y han perdido mascotas o pertenencias”.

Para la especialista, es crucial hacer un seguimiento a las personas y sus familias que han vivido la emergencia, ya que es normal que en esta fase inicial surjan reacciones emocionales intensas. “Se recomienda un seguimiento de al menos 3 a 6 meses, idealmente hasta un año, para asegurar que su salud mental no se haya visto afectada”.

En el corto plazo, Ramos aconsejó priorizar el autocuidado básico y la seguridad: “es necesario buscar espacios seguros para mantener la calma”. También destacó la importancia de la alimentación, la hidratación y el descanso como elementos clave. En cuanto a la expresión emocional, la especialista remarcó la relevancia de permitir el desahogo emocional y contar con apoyo durante este proceso.

Además, recordó que es fundamental evitar el consumo de medicamentos sin prescripción médica, así como el alcohol y las drogas, ya que estas conductas pueden obstaculizar el proceso emocional.

Con Información de osornoenlared.cl

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