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Entre las afecciones mencionadas se encuentran la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, enfermedades renales, depresión y muerte prematura por diversas causas.
El profesor Carlos Monteiro, de la Universidad de Sao Paulo (Brasil) y creador del sistema de clasificación Nova para categorizar alimentos, indicó que el aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados «está cambiando las dietas en todo el mundo, desplazando los alimentos frescos y mínimamente procesados«.
El autor añadió que este cambio en la alimentación es impulsado por grandes corporaciones globales que obtienen enormes beneficios al priorizar los productos ultraprocesados, respaldadas por extensas campañas publicitarias y presiones políticas que limitan las políticas de salud pública que fomentan una alimentación saludable.
Phillip Baker, coautor del estudio y miembro de la Universidad de Sídney (Australia), enfatizó la necesidad de «una respuesta contundente en salud pública a nivel global, similar a los esfuerzos coordinados para desafiar a la industria tabacalera».
La revisión enfatiza la escasez de ensayos clínicos que evidencien cómo los alimentos ultraprocesados afectan la salud, aunque sostiene que esto no debería posponer las acciones destinadas a proteger a la población global de posibles riesgos para la salud.
Algunos científicos han señalado la dificultad de aislar el impacto de estos alimentos en la dieta de otros factores como el estilo de vida, comportamiento y nivel socioeconómico.
Críticos del sistema de clasificación Nova argumentan que se centra demasiado en el nivel de procesamiento en lugar de su valor nutricional.
Por ejemplo, productos como el pan integral, los cereales para el desayuno, yogures desnatados, leche de fórmula para bebés y palitos de pescado son considerados ultraprocesados, pero poseen numerosos beneficios nutricionales.
El profesor Kevin McConway, exprofesor de estadística aplicada en la Open University, comentó: «Este tipo de estudio puede encontrar correlaciones, pero no puede establecer con seguridad la relación de causa y efecto».
McConway remarcó que aún «hay espacio para la duda y para aclaraciones mediante más investigaciones».
«Es probable que algunos alimentos ultraprocesados incrementen el riesgo de ciertas enfermedades crónicas, pero esto no implica que todos los ultraprocesados aumenten dicho riesgo«, concluyó.
Aún no se comprende profundamente qué componentes de estos alimentos pueden causar o exacerbar enfermedades.
El profesor Jules Griffin, de la Universidad de Aberdeen (Escocia), indicó que el procesamiento de alimentos tiene aspectos positivos y que «se requiere urgentemente» más investigación para evaluar su impacto en la salud.
La Federación de Alimentos y Bebidas (FDF), que representa a la industria, sostiene que los ultraprocesados pueden formar parte de una dieta equilibrada, como los guisantes congelados y el pan integral.
Kate Halliwell, directora científica de la FDF, afirmó que las empresas han realizado cambios a lo largo de los años para hacer que los alimentos y bebidas sean más saludables y alineados con las directrices gubernamentales.
Se ha reportado que la cantidad de azúcar y sal en los productos disponibles en tiendas ha disminuido en un tercio desde 2015.
En el Reino Unido, el Comité Asesor Científico sobre Nutrición indicó a principios de este año que la relación entre un mayor consumo de alimentos ultraprocesados y efectos adversos para la salud es «alarmante».
Sin embargo, añadió que «no está claro» si estos alimentos son perjudiciales debido a su procesamiento o por el alto contenido calórico, de grasas saturadas, sal y azúcares libres que muchos de ellos presentan.
Las recomendaciones alimentarias sugieren aumentar el consumo de frutas, verduras y fibra, mientras que se debe reducir la ingesta de azúcares, grasas y sal.
(Imágenes: Getty Images)
PURANOTICIA // BBC MUNDO
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